El mandatario recurre al poder de su cargo sobre el presupuesto para ayudar a los más pobres, a los emprendedores y transportistas
Veinte millones de familias acuciadas por la pobreza empiezan a recibir a partir de esta semana, la última antes de las elecciones presidenciales, un dinero extra. El aumento del 15% en la cuantía de Bolsa Familia que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunció en septiembre, poco antes de la primera vuelta, llega al bolsillo de los más necesitados justo antes de los comicios del domingo. El incremento de la paga que garantiza lo más básico a los brasileños más vulnerables es la principal medida del amplio paquete de ayudas, subsidios y aumentos que el líder de la izquierda brasileña promete a un electorado partido en dos mitades casi exactas con una cantidad ínfima de indecisos. Lula y el senador Flávio Bolsonaro llegan al sprint final en empate técnico.
Lula está embarcado en su séptima campaña presidencial tras perder las tres primeras y ganar tres más. “Esta es mi última campaña para [ser] presidente y quiero que este mandato sea histórico”, proclamó este martes en un mitin en São Luis, en el estado de Maranhão.
El paquete de medidas anunciado por Lula en el último año, con una notable aceleración en la campaña electoral, suma casi 300.000 millones de reales (57.000 millones de dólares) en lo que queda de 2026 y 2027, según las cuentas del diario Folha de S.Paulo. Son partidas extras que engordarán una deuda pública del 82% del PIB con la que tendrá que lidiar el hombre elegido para gobernar durante los próximos cuatro años.
Flávio Bolsonaro anticipa un gran tijeretazo de gastos, asegura que mantendrá Bolsa Familia y otros programas sociales, pero no ha revelado cuál es la fórmula con la que pretende alcanzar ambos objetivos y, además, cuadrar las cuentas públicas. Suena a magia.

El presidente Lula sigue los pasos de sus predecesores. Jair Bolsonaro también se embarcó en un festival de anuncios para lograr ser reelecto en 2022. Al ultraderechista no le funcionó. Perdió las elecciones.
Lula lanzó un órdago a Bolsonaro hijo. Levantará el secreto sobre el patrimonio y conversaciones telefónicas de sí mismo, de su esposa y de sus cinco hijos si su rival revela la misma información sobre sí mismo, su esposa, sus padres, sus tres hermanos adultos, según el compromiso oficializado por el presidente ante el tribunal electoral.
En las últimas semanas, el mandatario y líder del Partido de los Trabajadores (PT) anunció medidas dirigidas a aliviarle la vida y el bolsillo a muy distintos colectivos. Prometió inyecciones gratuitas contra la obesidad en la sanidad pública y prohibió todas las apuestas online con efecto inmediato, una medida con el respaldo mayoritario de la ciudadanía visto el corrosivo efecto que tiene en los bolsillos y la salud mental de miles de compatriotas. Supuso cortar en seco una importante fuente de recaudación de impuestos.
El Gobierno alumbró también un nuevo programa de alivio de deudas personales después de que los dos o tres lanzados durante el mandato no lograran sanear la economía de las familias, entrampadas a causa de las altas tasas de interés. Ocho de cada diez familias tienen deudas.
Contados los votos de la primera vuelta y tras quedar dos puntos por detrás de Bolsonaro (47%-45%), Lula retomó los anuncios. Prometió a los microemprendedores un pix (un pago instantáneo) de mil dólares para invertir en sus negocios además de perdonarles deudas. Es un guiño a las clases populares, que en los últimos años dan progresivamente la espalda al Partido de los Trabajadores y abrazan a los Bolsonaro como sinónimo de cambio. También eliminó distintos impuestos a los combustibles —medida de gran impacto en un país enorme donde la mercancía se mueve por carretera— y se comprometió a que los fines de semana el transporte público será gratis, una demanda que incendió las calles hace una década y poco a poco abrazan políticos de izquierdas y derechas.
Las mayores partidas entre este chorro de dinero público anunciado por Lula subsidian a los conductores de taxis, coches de Uber, camiones y autocares, que quieran renovar sus vehículos e incrementan la ayuda de Bolsa Familia (5.600 millones de dólares hasta el final de 2027), que es el gran símbolo de la lucha del PT contra la pobreza.
Los candidatos apuran las horas mientras recorren miles de kilómetros por el país de mitin en mitin y una tropa de internautas hacen campaña en redes sociales, el gran ágora en 2026. El viernes por la noche, Bolsonaro y Lula tienen previsto protagonizar un segundo y último debate electoral en esta campaña tras el del domingo, que acabó en tablas.
Si piensan en los indecisos y en los que se abstuvieron, que tienen la llave de esta elección, los candidatos se esforzarán en contraponer en directo sus programas. Pero cabe la posibilidad de que se enzarcen en otro estéril duelo con ataques, acusaciones y cruce de preguntas sin respuesta. Será la última oportunidad para los candidatos del PT y del Partido Liberal de deshacer el empate que arrastran hace meses en las encuestas. El senador de extrema derecha disfruta de una pequeña ventaja dentro del margen de error.
La batería de medidas anunciadas por Lula, que causa pesadillas a analistas económicos y a los mercados financieros, han tenido menos efecto en el humor del electorado de lo que el candidato y su equipo esperaban porque prácticamente no han movido la foto de los sondeos.
Bolsonaro perdió en 2022 a causa de su irresponsable gestión de la pandemia —tan negligente que su hijo hizo un mea culpa— aunque se tragó todas sus anteriores críticas a Bolsa Familia y triplicó su cuantía, una medida que Lula mantuvo. Por si acaso, su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, que acaricia el sueño de llevar de vuelta a la familia al poder, depura ahora sus redes sociales para eliminar mensajes antiguos en los que decía que ese programa social perpetúa la pobreza y otros en los que comparaba a los millones que lo reciben con animales.
Fuente: EL PAIS

