El negocio de las encuestas

0
5
Comparte esto:

La rigurosa herramienta para evaluar con sentido profesional y científico las simpatías y el respaldo en lo concerniente a la popularidad política ha sido transformada en fuente de inducción y manipulación.

Escrito Por: Guido Gómez Mazara

La rigurosa herramienta para evaluar con sentido profesional y científico las simpatías y el respaldo en lo concerniente a la popularidad política ha sido transformada en fuente de inducción y manipulación.

La estrategia diabólica consiste en fabricar tendencias de popularidad impulsadas financieramente en interés de posicionar al pre-seleccionado en la psiquis del ciudadano.

Recientemente, en Bolivia, el hoy presidente Paz aparecía con un 4% de popularidad en los “sondeos”.

En ese mismo tenor, Abelardo de la Espriella nunca marcó como favorito entre los votantes colombianos, e inclusive la candidata del Centro Democrático Paloma Valencia proyectaba 22% y terminó con 6% en la primera vuelta.

Esas inexactitudes y fallas en las proyecciones no constituyen acciones aisladas, sino que obedecen a esquemas fraudulentos interesados en trastornar la objetividad y darle riendas sueltas a la imposición de criterios, en muchas ocasiones, lejanos de la voluntad del elector.

El componente pernicioso de la manipulación alcanza niveles demenciales cuando los medios de comunicación actúan de rebote reproduciendo líneas de simpatías estructuradas en los laboratorios de popularidad, los mismos que se resisten y reaccionan con virulencia ante los intentos de los órganos electorales bien intencionados y con capacidad regulatoria, que actúan deseosos de impedir el régimen de distorsiones con el nombre de firmas encuestadoras.

El negocio de las compañías de sondeos resulta atractivo y seductor. Los niveles de rentabilidad radican en el ejército de clientes/políticos siempre dispuestos a invertir en el filibustero de turno con uniforme de encuestador, para darle inspiración al ego del potencial aspirante.

Nos queda la esperanza de educar, generando la toma de conciencia ciudadana, para que los votos representen la mejor respuesta al rufianismo con categoría de firma encuestadora.

Creer que los procesos electorales retratan fielmente la voluntad democrática el día de las elecciones no es correcto.

De ahí la necesaria apelación a cerrar, por vías institucionales, las fórmulas distorsionadoras de la voluntad popular, esquilmada por una modalidad comercial tristemente aplaudida por el bestiario partidario.

Fuente: Hoy