Escrito Por: Leonel Fernández
Nos encontramos inmersos en uno de esos momentos en que la historia pone a prueba los cimientos mismos de la definición del orden internacional. Otros momentos similares incluyen el Tratado de Versalles de 1919 que puso fin a la Primera Guerra Mundial, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, tras la firma de la carta de San Francisco en 1945 y la desintegración de la Unión Soviética en 1991.
Bajo ese imperativo se celebra la octava edición del Foro Global sobre América Latina y el Caribe, auspiciada por la Global Foundation for Democracy and Development (GFDD) y la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) en la Universidad de Columbia.
Vivimos una etapa de fragmentación geopolítica y polarización que no habíamos experimentado desde la Guerra Fría. Las tensiones en distintas latitudes dejan de ser episodios locales. Se convierten en fallas sistémicas que repercuten directamente sobre el comercio marítimo, el suministro energético o la seguridad alimentaria.
En otras palabras, ningún conflicto es ajeno o lejano.
El punto de inflexión registrado en Oriente Medio a partir de octubre de 2023 ilustra claramente esta dinámica. La eventual escalada militar y la adopción de esquemas de confrontación asimétrica inciden de forma crítica sobre vías fundamentales como el Estrecho de Ormuz, un pequeño enclave por donde fluye la quinta parte del petróleo del planeta.
Este complejo tablero internacional constituye el punto de partida de nuestro Foro Global en Nueva York, analizado junto a reconocidos académicos y diplomáticos de prestigio mundial.
A este escenario geopolítico se añade una economía global con tendencia hacia la desglobalización. El crecimiento se desacelera, los déficits fiscales se ensanchan y los bancos centrales maniobran en un margen estrecho para domeñar la inflación sin estrangular la actividad económica.
Al mismo tiempo, el multilateralismo comercial retrocede frente a un proteccionismo, caracterizado por el retorno de aranceles. En medio de estas perturbaciones irrumpe la inteligencia artificial, una fuerza transformadora equiparable a la Revolución Industrial, llamada a reconfigurar la competitividad y a trazar la frontera entre la prosperidad y el rezago tecnológico.
Nuevo equilibrio global
Frente a esta profunda reconfiguración de la geopolítica, la economía y la tecnología, cabe formular una interrogante ineludible: ¿cuál es el papel que le corresponde desempeñar a nuestra región?
América Latina y el Caribe acuden a este instante provistas de activos formidables. Poseen reservas decisivas de minerales críticos para la transición energética, un vasto potencial en fuentes renovables y una dotación de recursos naturales envidiable.
A estos dones se añaden una contrastada capacidad para sustentar la seguridad alimentaria global y un bono demográfico juvenil indispensable frente al envejecimiento que experimentan otras geografías.
No obstante, las lecciones de la historia económica latinoamericana advierten con crudeza que la abundancia de riquezas en productos primarios no genera desarrollo de manera automática. Esta dotación natural representa una ventaja comparativa, mas no un destino manifiesto de progreso social y bienestar compartido.
Transformar ese potencial latente en un crecimiento sostenible, incluyente y equitativo exige edificar instituciones robustas, salvaguardar el Estado de Derecho, elevar los niveles de productividad y articular una integración regional sustantiva.
En otros términos, demanda una genuina visión de Estado orientada al porvenir, capaz de trascender las urgencias y los horizontes cortoplacistas del calendario electoral.
Por estas razones, nuestro foro en Nueva York congrega a destacadas figuras con la meta de examinar los desafíos del financiamiento para el desarrollo, las reformas estructurales indispensables y las políticas públicas requeridas ante las turbulencias globales.
Comprender la gravedad de las transformaciones mundiales y su impacto en nuestras sociedades constituye una obligación primordial. Es el requisito indispensable para diseñar estrategias que nos protejan de choques externos desfavorables y nos permitan capitalizar las oportunidades de una economía mundial en plena transformación.
Examen democrático y peso estratégico
El año 2026 plantea un desafío político de primer orden para América Latina. Casi la mitad de su población está convocada a las urnas en un contexto marcado por la desafección ciudadana, la polarización ideológica y la propagación incesante de desinformación.
Este intenso ciclo electoral constituye una rigurosa prueba de madurez cívica y un examen decisivo sobre la capacidad institucional de nuestros países para canalizar las diferencias de forma pacífica, transparente y apegada al Estado de derecho. De la preservación de estas garantías dependerá la estabilidad institucional y la confianza indispensable para atraer inversiones.
De igual modo, el ámbito regional se encuentra estrechamente ligado a las elecciones legislativas intermedias de Estados Unidos de noviembre de 2026. Este acontecimiento coloca a la comunidad latina en el centro gravitacional del panorama político norteamericano.
Con más de treinta y seis millones de votantes habilitados, el sufragio latino se erige en un factor determinante no solo para dirimir la composición del Congreso estadounidense, sino para orientar la calidad de su propia democracia. Las repercusiones de este certamen electoral se harán sentir en toda nuestra región.
Asuntos capitales como el comercio recíproco, la política exterior, los flujos migratorios y los programas de cooperación quedarán profundamente condicionados por la correlación de fuerzas resultante en Washington. Analizar este proceso no responde a una mera curiosidad política, sino a un imperativo estratégico de primer orden.
En la medida en que el análisis certero y el debate fundamentado oportuno guíe la adopción de las políticas públicas de la región, América Latina y el Caribe podrá explotar
Es por eso que Funglode y su institución hermana, GFDD, a través de nuestro foro anual en Nueva York, asumen el compromiso de propiciar este intercambio plural y riguroso para actuar como protagonista del orden internacional emergente.
Fuente: Listín Diario

