El año que México ‘conoció’ a su presidenta

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Claudia Sheinbaum afronta su tercer año de mandato después de 12 meses en los que ha dado buena cuenta de su carácter, sus vulnerabilidades y sus fortalezas

Si entre octubre de 2024 y 2025, México recibió a su primera presidenta, en el segundo ha conocido a la mandataria con todas sus vulnerabilidades, su carácter y sus fortalezas. Este jueves, Claudia Sheinbaum arrancará su tercer año de mandato con una aprobación del 69%; la presión de Estados Unidos por los carteles de la droga y con acusaciones sobre gobernadores de su partido por supuestos vínculos con el narcotráfico; la negociación de un tratado comercial con el vecino del norte trascendental para la economía mexicana; jaloneos dentro de Morena, el partido oficialista, de cara a la crucial elección intermedia del próximo año… Y también, con la muestra de una forma de gobernar más humana y empática que, en estos últimos 12 meses, ha marcado la diferencia -que no rompimiento- con su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, la sombra que aún permea la política mexicana.

Un año cargado de escenas que dibujan el mandato de Sheinbaum, que también se perfilan en cuatro momentos.

La presidenta es mujer … y ciudadana

El mediodía del 4 de noviembre de 2025, la presidenta caminaba con su equipo de Palacio de Gobierno hacia la Secretaría de Educación, un recorrido de medio kilómetro entre transeúntes, turistas y puestos de comercio ambulante. La gente se acercaba a Sheinbaum para tomarse una foto, hacerle peticiones, aplaudirle. No todos los días se cruza uno en la calle con la mujer que dirige el país. Ella tenía prisa, pero los atendía. De pronto, un hombre aparentemente alcoholizado se acerca por atrás, le toca el torso, sus labios llegan demasiado cerca del cuello de la presidenta. Ella reacciona, se quita, lo esquiva. Su equipo tarda unos segundos en responder. Alejan al hombre.

En el país de los feminicidios, de las desaparecidas, de las violaciones, donde las mujeres temen salir a la calle, ni la presidenta se salva. ¿Dónde estaba su equipo de seguridad? La presidenta actúa como ciudadana, presenta una denuncia ante la fiscalía de la Ciudad de México; en la capital del país, el acoso es un delito. El acosador es detenido, después de que Sheinbaum había seguido molestando mujeres por la calle.

En su conferencia de la mañana siguiente, Sheinbaum habló del tema: “Si no presento yo denuncia, ¿en qué condición se quedan todas las mujeres mexicanas, si esto le hacen a la presidenta?”. Fue más lejos. Habló como mujer, contó que vivió el acoso cuando era estudiante, cuando era joven. Ya no es joven ni es estudiante, es la primera mujer presidenta de México. Y como mujer la vio el país.

La presidenta tiene partido… y el partido tiene presidenta

Decía un viejo priísta que cuando el presidente era de su partido, el partido tenía presidente.

En septiembre de 2024, nueve días antes de que Sheinbaum tomara posesión, el Congreso de Morena eligió a su nueva dirigencia: al frente, Luisa María Alcalde; como segundo al mando, Andrés Manuel López Beltrán. Ninguno llegaba a los 40 años. Ella venía de ser secretaria de Gobernación; él, hijo del todavía presidente Andrés Manuel López Obrador, ocupaba su primer cargo dentro de la estructura de Morena. En su discurso, Sheinbaum agradeció a López Obrador, pidió licencia a la militancia para dedicarse a gobernar para todos los mexicanos y fue enfática en una cosa: Morena no debía convertirse en un partido de Estado.

Más allá de una carta llamando a la sobriedad y la austeridad de los morenistas, al menos públicamente, Sheinbaum pasó su primer año de gobierno sin que se percibiera una clara injerencia en el partido. Sin embargo, a tenor de que la dupla Alcalde-López Beltrán no funcionaba y la tensión entre ellos iba más; crecía el desencuentro con sus socios de Gobierno, el Partido del Trabajo y el Verde, la presidenta tomó las riendas y anunció desde Palacio Nacional unos cambios en el Gabinete que modificaron por completo la dirigencia de Morena. La secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, tomaba el mando del partido; la de las Mujeres, Citlali Hernández, quedaba a cargo de las alianzas y las candidaturas. A Alcalde la mantenía cerca, como consejera jurídica, y López Beltrán, que presentó su renuncia, quedaba libre para buscar una candidatura en Tabasco.

Dos años antes, Sheinbaum había pedido licencia a su militancia y advertido que Morena no debía convertirse en un partido de Estado. Ahora, ante la elección de 2027, parecía haber llegado a otra conclusión: podía mantener la distancia con el partido, pero no podía permitirse perder su control.

Sheinbaum quiere llegar a 2027 con Morena bajo su mando. La mandataria tiene partido.

Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional; Claudia Sheinbaum, y Raymundo Pedro Morales, secretario de Marina, durante el 178 Aniversario de la Gesta Heróica de los Niños Héroes.Graciela López Herrera

La presidenta defensora de la soberanía

“¡México no es piñata de nadie!”, exclamaba la presidenta ante una explanada del monumento a la Revolución llena.

Era el evento para conmemorar el segundo aniversario de la elección que la llevó a la silla presidencial. Ese 31 de mayo habló de injerencia extranjera, de defender la soberanía, de defender a la patria.

– ¿Quién decide en México? ¿Las agencias extranjeras o el pueblo?, preguntó.

– El pueblo, respondió la multitud.

Un mes antes, el 19 de abril, dos agentes de la CIA habían muerto en un accidente automovilístico en el estado fronterizo de Chihuahua cuando regresaban de un operativo con autoridades estatales para desmantelar un laboratorio de droga. Ninguno contaba con autorización o registro de su presencia en el país que solo puede otorgar el Gobierno federal. El caso provocó un enfrentamiento con la gobernadora de oposición, Maru Campos. Diez días después, el Gobierno estadounidense soltaba una bomba: hacía pública una acusación por el delito de narcotráfico contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios y exfuncionarios de ese estado, entre ellos un alcalde y un senador en funciones . Todo en medio de una ola de cancelaciones de visados del país del norte a políticos y funcionarios mexicanos -50, según la agencia Reuters-, entre ellos la mandataria de Baja California, Marina del Pilar Ávila. La presidenta cerró filas con la gobernadora de su partido y pidió explicaciones -que no llegaron- al gobierno vecino.

Pero fue después de la acusación contra los funcionarios sinaloenses y de la confrontación por la presencia de agentes estadounidenses en Chihuahua que elevó el tono de su discurso contra la injerencia extranjera y la defensa de la soberanía. Aunque nunca directamente hacia el presidente Donald Trump, atrás quedaba el carácter conciliador en la relación bilateral. Desde entonces no hay discurso público sin mención a la soberanía. En medio de las negociaciones del TMEC, la presidenta reclama cooperación sin subordinación e insiste en que la patria no se vende.

No sin su conocimiento y su consentimiento

El gobernador Rocha Moya tenía 122 días separado del cargo después de las acusaciones del Gobierno de Estados Unidos en su contra. La mañana del viernes 21 de agosto, reapareció sin anuncio previo en el Palacio de Gobierno de Sinaloa. Su regreso a gobernar el estado agarró a la presidenta en cama con un resfriado que la había hecho suspender las actividades de ese viernes. El lunes, con un gesto adusto, dijo que se había enterado por la publicación en redes sociales. “La verdad no me parecía pertinente, por decir lo menos”, dijo. No ocultaba su molestia.

El mensaje de su voz llegaba después de un convulso fin de semana. El viernes, después de la reaparición del sinaloense, los gobernadores del partido cerraron filas con la presidencia que a través de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, había emitido un comunicado recalcando que la decisión de Rocha Moya había sido “de carácter personal” y que la Fiscalía General de la República mantenía abierta la investigación. Lo mismo hizo la dirigencia del partido.

El sábado por la mañana la presidenta tuiteó sin mencionar al gobernador con cargos en Estados Unidos: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”. El mensaje estaba claro y así fue recibido. Ocho horas después, Rocha Moya volvía a pedir licencia con carácter de indefinida.

En julio, cuando el Gobierno de Estados Unidos hizo pública la acusación contra Rocha Moya y otros nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por nexos con la facción del Cartel de Sinaloa Los Chapitos, que permitían la operación de la organización criminal a cambio de sobornos y apoyo en la elección de 2021, la presidenta pidió pruebas. Sin defender al gobernador morenista, advirtió que la Fiscalía General de la República debía investigar, pero dejó claro que su gobierno no entregaría a la justicia extranjera al gobernador -ni a nadie- sin que hubiera pruebas. Más tarde exigió esas pruebas. “Nosotros no protegemos a nadie, absolutamente a nadie. Si hay pruebas, adelante. Pero tiene que haber pruebas”, dijo.

Pero una cosa era que su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, incluso declarara que el gabinete de seguridad no había encontrado rastros de conductas ilícitas del gobernador Rocha Moya y otra que el sinaloense retomara el puesto por cuenta propia declarando que volvía “con la frente limpia y en alto”. 33 horas duró Rocha Moya en el cargo. A la presidenta no se le brincaba.

Fuente: EL PAIS