EE.UU. debería dosificar sus afrentas

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Escrito Por: Pablo McKinney

Tal que, cuando andaba uno rogando al Altísimo o a Buda conceder a los dominicanos una buena noticia, un masaje a su ego muerto, una caricia a su autoestima herida; el martes, al chequear el portal del Listín Diario Digital, pegaditas una a la otra, encontré tres noticias como puñales en las que se contaba que, por mandato imperial y despiadado, nuestro país se había sumado a las fechorías y violaciones de los derechos humanos de los místeres anaranjados en el Caribe, y tendrá que recibir en su territorio a deportados de terceros países provenientes de EE. UU. 

Otra anunciaba que, además de cómplices de secuestros e ilegales invasiones del Departamento de Estado, el Gobierno dominicano había decidido tomar partido en una guerra que no es nuestra, al designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y al grupo Hezbolá, como organizaciones terroristas. Y todo por mandato de los mismos. Do you know?

Si algo faltaba, y para matar cualquier atisbo de optimismo, la misma tarde, la Cancillería informó que el Gobierno, ¡pobrecito!, tuvo que otorgarle una extensión a Estados Unidos para el acceso, estacionamiento y sobrevuelo de sus aeronaves y su personal en los aeropuertos de Las Américas y la base aérea de San Isidro.

¡Joder! Ni los místeres de Washington, ni la procónsul local sin frenos, entienden que cuando falla la ética del decoro, no debería faltar la estética del disimulo. Una vil colonia somos, hemos sido.

“Socios asociados en la sociedad de los mandados”, ay, pero eso sí, guardando las formas a través de eufemismos diplomáticos, bajaderos legales y lubricaciones jurídico-legislativas. Para eso, los friends tenían aquí su Soft Powers, una sociedad civil que para eso había sido creada, promovida, financiada, o todo a la vez. Para entonces, todo era menos humillante.

Las órdenes se daban entre líneas en despachos palaciegos o suits ministeriales, y no en notas de prensa, y menos en unas redes sociales que ni existían…

Por todo esto, piensa uno que los místeres deberían dosificar sus afrentas contra el país, y que ellas vayan llegando de semana en semana. Hablo de mostrar por entregas la cruel escena de tener que ver la dignidad nacional rodando por las cloacas de la historia y el laberinto gris de la desesperanza ante la nube negra que el olvido y la traición “trujeron”. ¡Ay, país, país, país!

Fuente: Listin Diario