En la cultura dominicana, las Sagradas Escrituras ocupan un lugar privilegiado en la mesa, la sala o la mesa de noche
Cada 27 de septiembre, la República Dominicana se convierte en una nación singular al conmemorar oficialmente el Día Nacional de la Biblia, instituido mediante la Ley 204-84. Más allá de los actos solemnes y las caravanas de creyentes que recorren las calles, esta fecha invita a mirar hacia adentro: al calor de los hogares dominicanos, donde la fe se vive como lenguaje, consuelo y crianza.
En la cultura dominicana, las Sagradas Escrituras ocupan un lugar privilegiado en la mesa, la sala o la mesa de noche. Sus versículos funcionan como consejos de abuelos, paños de lágrimas ante la incertidumbre económica o expresiones de gratitud en tiempos de bonanza.
Versículos que marcan la vida cotidiana
El escudo ante la incertidumbre (Filipenses 4:6-7): “Por nada estéis afanosos…” es el pasaje más invocado por padres y madres cuando la preocupación por el sustento toca la puerta. Se traduce en frases como “Pon eso en oración y deja que Dios se encargue”.

El mandato de la crianza (Proverbios 22:6): “Instruye al niño en su camino…” es el estandarte de abuelas y madres al hablar de disciplina con amor y valores morales, considerado la herencia más valiosa para un hijo.
La divisa del optimismo diario (Romanos 8:28): “Todas las cosas les ayudan a bien…” se escucha frente a una pérdida o tropiezo, como bálsamo de resiliencia cultural.
La bendición de salida y llegada (Salmos 121:8): “Jehová guardará tu salida y tu entrada…” acompaña a estudiantes, trabajadores y viajeros, convertido en ritual diario de protección.
Un legado arraigado en la identidad
El fervor por la Biblia en la República Dominicana trasciende los templos y se instala en el ADN cultural del país. Refranes, actitudes y prácticas familiares se nutren de sus páginas, reafirmando que la celebración no ocurre solo cada 27 de septiembre, sino los 365 días del año.
Fuente: Hoy

