Desfiles de moda: el lenguaje invisible y poderoso de la pasarela

0
85
Comparte esto:

Vida cotidiana

  • Hace mucho tiempo que un desfile de moda dejó de ser simplemente la presentación de una colección; en la actualidad es una ceremonia donde el arte, los negocios y la cultura convergen bajo reglas invisibles de protocolo y etiqueta.

Hace mucho tiempo que un desfile de moda dejó de ser simplemente la presentación de una colección; en la actualidad es una ceremonia donde el arte, los negocios y la cultura convergen bajo reglas invisibles de protocolo y etiqueta. Desde los salones parisinos del siglo XIX hasta los espectáculos tecnológicos del siglo XXI, la moda ha transformado sus pasarelas en escenarios de impacto global. En República Dominicana, la evolución de estos eventos refleja también el crecimiento de una industria que busca consolidar su identidad y proyectarse al mundo.

El origen de los desfiles modernos se remonta a Charles Frederick Worth, uno de los pioneros de la alta costura, quien a mediados del siglo XIX presentó sus creaciones mediante ‘mannequin parades’ para un selecto círculo de clientas. Décadas después, Chanel, Lanvin o Poiret refinaron la idea y convirtieron la pasarela en cita obligada del calendario social.

Ya en el siglo XX, figuras como Yves Saint Laurent transformaron el desfile en espectáculo cultural, uniendo moda, arte y política. Aquello abrió la puerta para que, en el siglo XXI, las pasarelas rompieran con la solemnidad clásica para convertirse en performances globales, transmitidas en streaming y comentadas en tiempo real en redes sociales.

La pasarela como espectáculo

Avavav en Milán provocó al público con modelos que se caían intencionalmente y prendas que se desintegran, como sátira al consumo efímero. Vogue World 2024 en París recreó una crónica entre moda y deporte, con atletas olímpicos y diseños icónicos de distintas décadas. Collina Strada en Nueva York convirtió la pasarela en un campo de césped donde los modelos bailaban y hacían acrobacias, invitando a “volver a lo humano”. Paris Fashion Week 2025 puso a Beyoncé y Jay-Z en el centro, confirmando que las celebridades son parte del espectáculo tanto como la moda misma. Y como explica la agencia Bureau Betak, responsable de algunos de los shows más memorables de Dior y Valentino: “Nuestra moneda es la emoción y la memoria”.

República Dominicana: moda con identidad

En el Caribe, la moda también ha encontrado en la pasarela un espacio para narrar identidad. Dominicana Moda, fundado en 2006, se convirtió en el evento insignia que abrió al país al circuito internacional. Allí desfilaron diseñadores locales como Jorge Diep, Jenny Polanco, Giannina Azar y Leonel Lirio, junto a nombres internacionales invitados. Esta plataforma marcó el camino para otras iniciativas de valor, no solo en Santo Domingo, también en otros puntos del país.

Eventos como el RD Fashion Week y The Wedding Event continúan esta tradición, apostando por visibilizar a los jóvenes talentos y proyectar la moda dominicana como industria.

Estos desfiles se han convertido en vitrinas no solo de tendencias, sino también de cultura, al incorporar elementos caribeños en la escenografía, la música y hasta la selección de locaciones históricas.

En palabras del experto en eventos de moda, Sócrates McKinney: “Cada desfile es un capítulo de la historia; la pasarela dominicana es una plataforma de afirmación cultural”.

En la pasarela: reglas invisibles del buen gusto

La moda no solo se observa, también se interpreta a través del comportamiento. El protocolo define la armonía del evento:

La primera fila, un lugar de poder. Reservada a editores, compradores, inversionistas y celebridades. Quien se sienta allí sabe que está siendo observado tanto como observa. No cruzar las piernas hacia la pasarela, no obstruir la vista ni exagerar los gestos es clave para mantener la elegancia.

Vestirse para la ocasión: un desfile no es una fiesta de disfraces. La etiqueta aconseja optar por un estilo elegante y sobrio, preferiblemente con alguna pieza del diseñador que presenta. Es un gesto de cortesía y respaldo al creador. Como recordaba Giorgio Armani: “La elegancia no consiste en hacerse notar, sino en ser recordado”.

Lenguaje no verbal: la postura erguida, la mirada atenta y la discreción en los movimientos transmiten respeto. El público también comunica con su silencio y con los aplausos medidos al final.

Conversaciones con valor: después del show, el networking se nutre de comentarios sobre la técnica, el uso de textiles, la narrativa de la colección y la dirección artística. Opinar con criterio eleva la conversación más allá del simple “me gustó” o “no me gustó”.

La moda, entendida como lenguaje universal, necesita de esas normas invisibles para mantener su poder de seducción y su capacidad de contar historias.
La moda, entendida como lenguaje universal, necesita de esas normas invisibles para mantener su poder de seducción y su capacidad de contar historias.Pexels

Del protocolo clásico a la experiencia inmersiva

En el contexto actual, donde los desfiles integran realidad aumentada, proyecciones digitales y transmisiones globales, el protocolo se adapta para convivir con lo performativo.

La puntualidad, la sobriedad y la cortesía siguen siendo pilares, pero ahora se añade la conciencia del espectáculo: saber disfrutarlo sin protagonismos innecesarios.

El desfile de moda es un acto cultural que refleja el tiempo que vivimos. En París, Milán o República Dominicana, la etiqueta garantiza que la creatividad del diseñador sea el centro de atención. La moda, entendida como lenguaje universal, necesita de esas normas invisibles para mantener su poder de seducción y su capacidad de contar historias.

Como bien dijo Flora Davis en la comunicación no verbal: “La forma en que nos movemos y comportamos habla con más fuerza que cualquier palabra”. Y en la pasarela, donde cada detalle se magnifica, el buen gusto siempre se mide en lo invisible.

Fuente: Listin Diario