De polvos, lodos y patrias mancilladas

0
8
Comparte esto:

Escrito Por: Pablo McKinney

Lo ocurrido el sábado en el Hotel Hilton de Washington, en la fiesta de los corresponsales de la Casa Blanca, expresa el nivel de polarización y odio que divide hoy a la sociedad estadounidense. Allí, como ocurrió en marzo de 1981, cuando en la salida del mismo hotel fue tiroteado el presidente Reagan, el Cisne Negro de lo inesperado anduvo merodeando por Wahington, intentando saludar el fantasma de la muerte, en el momento en que un profesor de 31 años, graduado del Instituto Tecnológico de California, Cole Allen, intentó llegar al gran salón del Hilton para atentar contra el presidente de Estados Unidos y sus principales funcionarios.

Este condenable intento de atentado, viene a expresar el nivel de indignación en que vive gran parte de la población estadunidense; todo agravado por los atropellos, insultos y humillaciones del presidente y algunos de sus funcionarios, con mención especial a los gendarmes del ICE que, como ha podido observar el mundo, no respetan a niñas morenas ni a estadounidenses blancos. 

El rencor acumulado por tanto desprecio al “otro”, y hasta al mismo compatriota de igual raza, ha comenzado a producir reacciones CONDENABLES E INACEPTABLES en la vida democrática, que si bien NO TIENEN JUSTIFICACIÓN, sí tiene explicación. Los malos polvos traen los peores lodos. 

El autor del intento de atentado, Allen, envió a familia y relacionados un documento que en la parte de mayor indignación, dice: .“Yo no soy la persona violada en un centro de detención. No soy el pescador ejecutado sin juicio previo. No soy el escolar que muere en una explosión, ni el niño que perece de hambre, ni la adolescente abusada por los numerosos criminales que integran este Gobierno. Poner la otra mejilla cuando es otro quien sufre la opresión no es un comportamiento cristiano; es complicidad en los crímenes del opresor”

Son los efectos de la polarización y el odio, ya dije, de la humillación y las burlas de un presidente, su gabinete y algún embajador despistado que perdió el camino del mínimo respeto a la soberanía de los pueblos. ¡Ay! Benditos pueblos que, como aquel que un día como hoy, 28 de abril, al anochecer de hace ahora mil años, le enseñó al mundo cómo se escribe la palabra dignidad. ¡Tócala otra vez, Cuco Valoy, tócala otra vez! “Las páginas gloriosas se escriben… ”