El mandatario propuso a Joaquín Gutiérrez, socio y aliado, como presidente de la petrolera estatal, e incluyó a Carlos Suárez, su estratega y amigo, como miembro de la junta directiva que elegirá el 15 de septiembre
Abelardo de la Espriella quiere poner a dos hombres de su entera confianza, dos de sus mejores amigos, al mando de la empresa más grande de Colombia. El presidente ha impulsado el nombre de Joaquín Gutiérrez, su socio y jefe de su campaña, para presidir la codiciada Ecopetrol. Su nombre circula hace semanas en reuniones privadas de la compañía como “uno de los candidatos más opcionados” y el propio De la Espriella se lo confirmó a la Unión Sindical Obrera (USO), el sindicato de la petrolera. A su lado, en el primer lugar de la lista que el Ejecutivo propuso para renovar la junta directiva, aparece Carlos Suárez, su estratega electoral. Ninguno de los dos tiene trayectoria en la industria petrolera.
Sentar a un amigo en la junta de Ecopetrol no es nuevo. Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Iván Duque y Gustavo Petro lo hicieron, cada uno con los suyos, con diferentes resultados. Pero la presidencia es un cargo operativo para liderar una empresa multimillonaria que supone casi el 2% del PIB nacional. Y la apuesta del presidente por Gutiérrez está generando una polémica cada vez menos silenciosa.
Gutiérrez fue socio del bufete de abogados de De la Espriella y los dos han hecho negocios juntos durante años. Pero el amigo de De la Espriella no solo no tiene ninguna experiencia en el sector de hidrocarburos —sus negocios van de la construcción a la salud—, sino que reabre una herida reciente. El presidente reiteró en campaña su promesa de dar un giro total a la forma de administrar de Petro, y llevar a su gerente de campaña a la presidencia de la petrolera es, por el contrario, repetir el guion de su antecesor.
El caso de Ricardo Roa está demasiado reciente como para no encontrar en él paralelismos. Roa, gerente de campaña de Gustavo Petro, terminó presidiendo Ecopetrol pese a no haber quedado en el primer lugar de la evaluación de la firma cazatalentos contratada para el proceso. Y, aunque la evaluación no es un veredicto vinculante, la junta, que tiene la potestad de decidir tras entrevistas y análisis internos, lo eligió de todas formas. Roa terminó enredado en varios procesos judiciales por corrupción, que lo tienen a las puertas de un juicio penal, mientras Ecopetrol vio caer sus utilidades de 33 billones de pesos en 2022 (10.508 millones de dólares) a tan solo nueve billones en 2025.
El caso Gutiérrez ha generado roces de puertas para adentro. Voces cercanas a la Vicepresidencia de José Manuel Restrepo, el alma más tecnócrata de este Gobierno, insistieron en que con una operación de ese tamaño —el grupo Ecopetrol, sumado a sus contratistas, emplea a más de 80.000 personas— convenía alguien con trayectoria técnica e industrial. “Esa postura no ha logrado imponerse frente al criterio presidencial de designar a alguien de total confianza”, mantiene un exdirectivo de la compañía bajo condición de anonimato.
Abelardo de la Espriella ha llevado a Ecopetrol su estilo de gobernar, el de rodearse de un grupo muy cerrado de amigos de confianza. Es un hombre que delega, pero quiere ojos de su máxima confianza en los asuntos más importantes. Y rentables. La petrolera es la joya de la corona, la compañía más valiosa de la bolsa colombiana y ocupa el sexto renglón entre las más grandes de América Latina, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El Estado es dueño del 88,5 % de sus acciones y sus impuestos y dividendos representan una tajada enorme del presupuesto nacional, que puede superar el 10% en años buenos. “Recuperar Ecopetrol será una prioridad definitiva y absoluta de mi gobierno, queridos compatriotas”, anunció el presidente en su toma de posesión.
Elegir al presidente de Ecopetrol no es decisión del presidente de la República: desde que la empresa se convirtió en sociedad de economía mixta, en 2003, esa potestad es de la junta directiva. Pero la junta que va a decidir será una junta nueva y afín al Gobierno, que gracias a su peso accionario define seis de los nueve puestos. Por eso pocos dudan de que el voto termine siendo a favor de quien De la Espriella ya escogió.
Tampoco hay muchas dudas de que Suárez será elegido como miembro de la junta por la asamblea de la empresa, aunque no está claro que la presida. Esa decisión la toma el propio cuerpo colegiado en su primera reunión, pero las fuentes consultadas le dan “una altísima probabilidad” de lograrlo. La otra opción sobre la mesa es que se quede Luis Felipe Henao, el actual presidente de la junta, una voz crítica durante buena parte del gobierno anterior y delegado de los fondos privados de pensiones. En cualquiera de los dos escenarios, las fuentes son enfáticas: “Carlos Suárez va a ser la voz del presidente en la junta”.
El desenlace de este proceso se conocerá en etapas. El 15 de septiembre, la Asamblea vota la nueva junta directiva que el Gobierno quiere renovar en bloque. Después, la junta tendrá 15 días para reunirse por primera vez y decidir cómo elegir al presidente: puede tardar apenas unas semanas, o hasta dos o tres meses si recurre a una firma cazatalentos que, por experiencias anteriores, trabaja con la decisión ya tomada.
Fuente: EL PAIS

