Cuatro razones por las que el mundo acepta la limpieza étnica de Israel en Cisjordania

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La comunidad internacional acepta la campaña de limpieza étnica perpetrada por Israel en Cisjordania, porque ya ha permitido el genocidio en Gaza, así como el continuo desplazamiento forzoso de palestinos desde 1948

Escrito por: Qassam Muaddi 

A principios de la semana pasada, mientras los aviones de combate israelíes reanudaban su campaña de bombardeos masivos en Gaza, Israel también ampliaba su ofensiva en Cisjordania, llegando esta vez al campo de refugiados de al-Ain, al oeste de Nablus. Las fuerzas israelíes entraron en el campo en la madrugada del miércoles 19 de marzo, cuando una fuerza israelí encubierta abrió fuego contra un vehículo, matando a su conductor, Odai Qatouni, y confiscando su cuerpo.

Las fuerzas israelíes asaltaron varias casas y las utilizaron como posiciones militares durante catorce horas, obligando a aproximadamente diez familias palestinas a abandonar sus hogares. Ameer Said, de 32 años, residente en el campamento de al-Ain, declaró al diario palestino al-Ayyam, que los soldados israelíes entraron en el edificio de tres plantas donde vive y obligaron a los veinte residentes a marcharse. Según Said, los soldados israelíes no les dieron tiempo ni y a su familia ni a sus vecinos para recoger sus pertenencias.

El director de la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina en Nablus, Ameed Ahmad, dijo que los equipos de su organización evacuaron a varios palestinos enfermos, entre ellos varios pacientes en diálisis y un bebé recién nacido, que se habían refugiado en la mezquita del campamento durante la incursión. Finalmente, las fuerzas israelíes se retiraron de al-Ain tras arrestar a treinta palestinos y lanzar panfletos amenazando a los residentes con el mismo destino que los campos de refugiados de Yenín y Tulkarem, si «permiten» que los militantes palestinos operen en el campo. Según testimonios locales reportados por los medios palestinos, las familias desplazadas regresaron a sus hogares tras la retirada del ejército israelí. A diferencia de Yenín y Tulkarem, no se conoce que exista un grupo de resistencia palestino en el campo de refugiados de al-Ain como la Brigada Yenín o la Brigada Tulkarem.

Mientras tanto, en Yenín el ejército israelí publicó un mapa en el que se señalaban hasta cien casas que iban a ser demolidas en este campo de refugiados. Los palestinos desplazados comenzaron a presentar solicitudes al ejército israelí a través del Comité de Servicios Populares del campamento de Yenín para que se les permitiera regresar a sus hogares por última vez y recuperar lo que pudieran de sus pertenencias. Alrededor del 95 por 100 de los residentes se han visto obligados a abandonar el campamento, y en torno a 18.000 palestinos del mismo han sido alojados en varios refugios y apartamentos privados en la ciudad de Yenín, según la gobernación de Yenín.

Mientras Israel negociaba los últimos detalles del acuerdo de alto el fuego en Gaza, nadie preveía que pronto 40.000 palestinos serían desplazados de sus hogares sin perspectivas de retorno. Aún más inesperado fue que Israel continuara ampliando su campaña a nuevas partes de Cisjordania

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Hace solo tres meses, mientras Israel negociaba los últimos detalles del acuerdo de alto el fuego en Gaza, nadie preveía que pronto 40.000 palestinos serían desplazados de sus hogares sin perspectivas de retorno. Aún más inesperado fue que Israel continuara ampliando su campaña a nuevas partes de Cisjordania, con amenazas de engullir todo el territorio. Pero lo más inconcebible era que ello sucediera sin apenas reacción alguna en contra a escala local, regional e internacional.

Cuando el presidente de Estados Unidos Donald Trump dijo que Estados Unidos planeaba «apropiarse» de Gaza, expulsar a su población y construir la riviera de Oriente Próximo sobre sus casas destruidas, la indignación fue unánime. Los Estados árabes a los que Trump sugirió que se enviaría a los habitantes de Gaza se opusieron de manera tajante al plan. Los Estados europeos, incluida Alemania, que durante los quince meses de genocidio han respaldado las acciones de Israel en todo momento, rechazaron de plano la propuesta de Trump.

Sin embargo, cuando Israel empezó a hacer exactamente lo mismo en Cisjordania, la reacción fue y sigue siendo aterradoramente modesta. El efecto es que la violencia israelí contra la población palestina en Cisjordania se ha normalizado hasta el punto de que ahora se acepta como algo banal. Pero la normalización de esta operación de limpieza étnica es perfectamente explicable y ello por las siguientes cuatro razones:

I. El mundo ya ha aceptado la Nakba en curso

El mundo ha normalizado el permanente estado de desplazamiento que el pueblo palestino ha experimentado desde 1948, permanente porque a la población palestina expulsada de sus hogares hace setenta y seis años se le sigue prohibiendo regresar a ellos por el banal motivo de que ello no encaja en el modelo de supremacismo étnico impuesto por Israel. Sin embargo, el mundo decidió reconciliarse con este hecho y admitirlo como una excepción al orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, que se basaba supuestamente en los derechos humanos y en el derecho internacional. No debería haberse esperado que este mismo mundo se hubiera opuesto o se oponga ahora a la limpieza étnica perpetrada por Israel en la tercera década del siglo XXI.

II. El mundo ya ha aceptado la limpieza étnica a cámara lenta

No se trata de una nueva ola de limpieza étnica perpetrada ahora en Cisjordania, sino únicamente de la intensificación del mismo proceso que ha estado en curso desde 1967. Lo primero que hizo Israel en Jerusalén Este después de ocuparla ese año fue otorgar el estatus de «residentes permanentes» a todos los palestinos de la parte oriental de la ciudad y antes de que llegara el primer colono israelí. Con un simple trazo de pluma, Israel, bajo un gobierno laborista «izquierdista», convirtió a miles de familias que habían vivido en Jerusalén durante siglos en extranjeros a tenor de la ley israelí. Durante cincuenta y siete años de ocupación, Israel revocó los derechos de residencia de aproximadamente 14.000 habitantes de Jerusalén, cortando su existencia y la de sus descendientes del presente y futuro de Jerusalén.

En 1979, el entonces ministro de Agricultura de Israel, Ariel Sharon, se reunió con el comité de asentamientos de la World Zionist Organization. De acuerdo con las actas clasificadas de la reunión, publicadas por la revista +972 Magazine en 2022, Sharon dijo a los representantes del comité de asentamientos que el propósito de crear «zonas de tiro» en Cisjordania era crear «tierras de reserva» para la expansión de los asentamientos. Al año siguiente, Israel declaró las colinas del sur de Hebrón, incluida la comunidad palestina de Masafer Yatta, «zona de tiro».

Masafer Yatta fue una de las muchas zonas de tiro creadas por Israel en Cisjordania en las últimas cinco décadas, junto con «reservas naturales». Todas estas zonas se incluyeron en la Zona C en virtud de los Acuerdos de Oslo, que comprenden el 62 por 100 de Cisjordania. Los palestinos no pueden construir en estas zonas, recibir servicios ni disfrutar de ningún tipo de autonomía. También es en estas zonas donde se han expandido los asentamientos, dividiendo las tierras y zonas urbanas palestinas en guetos aislados.

Israel ha sido y es todavía celebrado como una democracia, una nación emergente, una estrella de Eurovisión y un milagro de la modernidad occidental en el corazón de un Oriente Próximo atrasado

Todo esto ha sucedido mientras la comunidad internacional permanecía de brazos cruzados observando impasible la situación. Israel ha sido y es todavía celebrado como una democracia, una nación emergente, una estrella de Eurovisión y un milagro de la modernidad occidental en el corazón de un Oriente Próximo atrasado. Durante todo ese tiempo, Israel ha procedido a implementar gradualmente su campaña de limpieza étnica.

III. El genocidio es la nueva normalidad

El desplazamiento de la población palestina ya se había normalizado en Gaza después del 7 de octubre. Cualquier cosa que ocurriera en Cisjordania palidecería en comparación. En diciembre de 2023, grupos de colonos israelíes organizaron una conferencia en Jerusalén para pedir el reasentamiento de la Franja de Gaza por parte de Israel. A la conferencia asistió Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel y aliado clave del primer ministro Benjamin Netanyahu. Una vez más, la reacción internacional fue anémica.

Durante los dos meses precedente a la declaración de alto el fuego en Gaza entre Hamas e Israel, el ejército israelí ha apostado incuestionablemente por el plan elaborado por un grupo de generales israelíes retirados para vaciar de población palestina el norte de la Franja de Gaza mediante el asedio, el hambre, la destrucción de la infraestructura civil y los bombardeos. Este plan se ha denominado «el Plan de los Generales». Al mismo tiempo, grupos de colonos se manifestaron en la valla fronteriza de Gaza exigiendo que se les permitiera entrar y reasentarse. No se ejerció ninguna presión real sobre Israel para detener el Plan de los Generales y el gobierno de Biden continuó apoyando a la entidad sionista durante todo el proceso. La única razón por la que el Plan ha fracaso ha sido porque, tras el alto el fuego, la población palestina expulsada del norte de Gaza ha regresado en una marcha histórica a sus hogares, insistiendo irrevocablemente en quedarse a vivir entre los escombros de sus casas destruidas. Enviaron un mensaje espontáneo y poderoso al mundo de que nada en la concepción israelí de la «emigración voluntaria» es, de hecho, voluntario.

El proyecto de limpieza étnica se convirtió oficialmente en un proyecto estadounidense y, por extensión, occidental

Cuando el presidente estadounidense respaldó el desplazamiento masivo de palestinos de Gaza, hizo imposible que pudiera afirmarse que el desplazamiento era resultado de «daños colaterales» o un subproducto de la guerra, como afirmó Israel con respecto a la limpieza étnica de 1948. El proyecto de limpieza étnica se convirtió oficialmente en un proyecto estadounidense y, por extensión, occidental. Los Estados árabes, especialmente Egipto y Jordania, no querían verse asociados con tal crimen y sabían muy bien que una nueva afluencia de refugiados palestinos a sus países los desestabilizaría de formas que no podrían controlar.

IV. La mitad de los líderes políticos palestinos se han atado a un mundo al que no le importa en absoluto la situación ni el destino de palestina

Los líderes palestinos de la OLP y de la Autoridad Palestina depositaron toda su confianza en la comunidad internacional, el sistema jurídico internacional y la buena voluntad de Occidente para implementar la solución de los dos Estados. Esperaban que, en algún momento, el mundo impondría un límite a las prácticas de Israel. Los líderes palestinos cedieron toda su influencia para ser aceptados por los patrocinadores internacionales de los que ahora depende toda su existencia política. La única vía que les queda para hacer frente a la realidad actual es emitir advertencias desesperadas, condenas y recordatorios de los acuerdos firmados, todo ello aderezado con llamamientos poco entusiastas a la universalidad de los principios de los derechos humanos.

El orden liberal posterior a la Segunda Guerra Mundial ha demostrado, que no está a la altura de la tarea de prevenir el genocidio ni la limpieza étnica, especialmente cuando ambos son implementados por Occidente o por sus Estados clientes. Pero a medida que la gente se ha dado cuenta de la indiferencia mostrada por este mundo ante el genocidio y la limpieza étnica, también está surgiendo uno nuevo. Durante mucho tiempo, este mundo occidental ignoró la naturaleza del proyecto colonial de asentamiento de Israel, ya que la opinión pública internacional estaba protegida de la realidad impuesta al pueblo palestino. Toda la generación que creció en el mundo occidental después de la Nakba, sabía muy poco de esta o de Palestina. A esta generación también se le vendieron los valores universales del orden mundial liberal. Pero el genocidio de Gaza lo ha cambiado todo, derribando el muro de ofuscación y exponiendo a Israel como un Estado paria.

La ignorancia global ha sido un componente clave de la impunidad de Israel y esa impunidad se está desmoronando en estos momentos. Por eso la reacción contra el activismo palestino ha sido tan draconiana y brutal

La mayoría de las realidades descritas anteriormente pueden parecer hoy familiares a los lectores y lectoras. No lo eran hace veinte años. Así como la expulsión masiva de Yenín, Tulkarem, Jabalia y Beit Hanoun era inimaginable antes de octubre de 2003, la reacción global de la gente común ha sido igualmente sin precedentes. La ignorancia global ha sido un componente clave de la impunidad de Israel y esa impunidad se está desmoronando en estos momentos. Por eso la reacción contra el activismo palestino ha sido tan draconiana y brutal. De la orden de deportación de Mahmoud Khalil al ataque federal a las instituciones de educación superior estadounidenses, que ahora están haciendo todo lo posible para apaciguar al gobierno de Trump.

Pero se trata de una causa perdida, porque cuando hay conocimiento, es imposible volver a la ignorancia. El mundo sabe demasiado a partir de ahora y ninguna política represiva puede revertir está percepción generalizada y esta toma de conciencia de la situación en Palestina. Ello no significa que estas perspectivas conduzcan a la victoria del nuevo mundo que está naciendo liderado por personas dotadas de conciencia, pero es en ellas en quienes debemos depositar nuestra esperanza. El futuro debe pertenecerles.

Fuente: Diario Red