Conversación en la catedral constitucional

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El pasado miércoles, el papa León XIV encabezó una misa solemne y una bendición ceremonial para celebrar la inauguración de la torre número 18 de la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, coincidiendo exactamente con el centenario de la muerte del visionario “arquitecto de Dios”, Antoni Gaudí.

Escrito Por: Eduardo Jorge Prats

El pasado miércoles, el papa León XIV encabezó una misa solemne y una bendición ceremonial para celebrar la inauguración de la torre número 18 de la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, coincidiendo exactamente con el centenario de la muerte del visionario “arquitecto de Dios”, Antoni Gaudí. Se espera que la magnífica edificación, que cumple este año 144 años de construcción, esté definitivamente terminada para la década de los 30 de este siglo.

El caso de la Sagrada Familia no es único. Notre-Dame en París tomó 182 años (1163-1345). La Catedral Metropolitana de México fue edificada en 240 años (1573–1813). La de Milán requirió 579 años (1386–1965) para completarse. La construcción de la Catedral Primada de América en Santo Domingo, la primera en el Nuevo Mundo, apenas tomó 29 años (1512-1541). Y el récord es el de la Catedral de Colonia en Alemania que llevó 632 años (1248–1880) construirse.

Este largo tiempo de construcción de las catedrales se debe a múltiples razones: el financiamiento intermitente, pues se basa en donaciones, la complejidad técnica que reta a la tecnología de la época, la falta de artesanos cualificados y las interrupciones causadas por epidemias o guerras. Eso explica la mezcla en ellas de estilos arquitectónicos (románico, gótico, renacentista o barroco), según variaban las modas, las autoridades eclesiásticas y los arquitectos.

Esta nota fundamental de la construcción de las catedrales inspiró a Carlos Santiago Nino su analogía de la “Constitución como catedral”, que se construye a lo largo de un extenso período de tiempo. Por eso, el juez constitucional debe evitar interpretaciones que amenacen la estabilidad del edificio constitucional y, como el arquitecto que tiene en su cabeza el estilo que quiere, deberá tener en cuenta lo construido y que otros, después de él, terminarán su obra.

El arquitecto constitucional de Nino actúa como los autores de una “novela en cadena” a que se refiere Ronald Dworkin en Law´s Empire: el novelista de turno debe tratar de combinar su visión de la novela, de sus personajes y del tema, de modo que descarte aquellas interpretaciones que no se compaginan con la estructura del texto. De ahí que los jueces, a la hora de interpretar la Constitución, deben escoger la interpretación que mejor se adapte al texto constitucional, a sus fines y a la concepción del derecho y la justicia.

La interpretación de la Constitución responde entonces a la “racionalidad de una obra colectiva”. Es algo así como la metáfora de “la conversación interminable” (“the unending conversation”), acuñada por el teórico literario Kenneth Burke: la búsqueda del conocimiento es un diálogo vívido y continuo en un salón atiborrado de interlocutores. Llegas tarde a la conversación, escuchas la discusión y aportas tus ideas, pero el debate sigue con otros participantes y mucho después de que uno se ha marchado.

En el debate intervienen los jueces constitucionales especializados y ordinarios, de la mayoría y de la disidencia, así como los entes estatales, asegurándose la jurisdicción constitucional de dar participación a la “comunidad de ciudadanos intérpretes constitucionales” (Peter Haberle), para que se de una “conversación entre iguales” (Roberto Gargarella), base de un “constitucionalismo dialógico” que facilite la deliberación institucional y ciudadana dentro de la gran “casa constitucional” (Lucas Verdú), es decir, la catedral constitucional.  

Fuente: Hoy