Escrito Por: Pablo McKinney
En gran medida, los triunfos electorales de Donald Trump son la expresión de una vieja crisis acunada en el alma estadounidense, originada por la decisión de sus élites —a las que hoy pertenece la nueva oligarquía tecnológica— de aprovechar las bondades de la globalización, en especial la mano de obra disciplinada, bien formada y barata de países como China o Vietnam; solo que, al hacerlo, enriquecieron a los propietarios de las empresas que trasladaron la producción al exterior y condenaron a la pobreza a parte de la ciudadanía, generalmente blanca y rural. Y el rencor se acunó, aumentó y se convirtió en votos.
Por aprovechar las facilidades chinas, Estados Unidos descuidó sus relaciones con África y América Latina, mientras los dirigentes chinos invertían recursos allí, dejando de lado la ideología para centrarse en el comercio, las finanzas, la construcción y su liderazgo tecnológico. Por eso, hoy el dragón asiático es el principal socio comercial de Brasil y Perú, un socio estratégico de Argentina (a pesar del gobierno trumpista) y un socio comercial clave de Venezuela; aunque, luego de la invasión/ocupación/secuestro de ese país para saquear sus recursos naturales —y no para salvarlo de la “democracia iliberal” de Maduro al estilo Putin— esto se irá desmontando.
En el caso dominicano, los místeres buscan recuperar el tiempo perdido. Por eso la decisión de asignar a su sede diplomática la tarea de tomar el control cotidiano del país, con la ayuda de grupos de influencers locales contactados para la tarea, que incluye divulgar como propios los mandatos imperiales; además de apoyar y promover una réplica local de Donald Trump, como ya se hizo en las elecciones de países como Honduras o Argentina donde Estados Unidos ha intervenido directamente en los procesos haciéndolos fraudulentos e ilegítimos aunque legales.
Si para encontrarle sentido a la vida nada hay como morirse, para valorar nuestra perfectible democracia nada hay como imaginarla en manos de quienes, en nuestros países, han hecho del insulto, la celebración de la ignorancia, el irrespeto y la arrogancia un estilo de vida.
Si, como dice el profesor Timothy Garton, “los estadounidenses tienen menos de cien días (las elecciones de noviembre) para recuperar su democracia”, los dominicanos disponemos de menos de dos años para evitar tener que rescatar la nuestra de quienes hoy la amenazan desde la injuria, el racismo, el patrioterismo populista y el fascismo. Estamos a tiempo.

