China: una presencia que crece a un ritmo inusual

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La pregunta no es si China está presente en la economía. La pregunta es hasta dónde llegará y qué efectos tendrá sobre los mercados en RD

La presencia económica de China en la República Dominicana ha crecido con tal rapidez en los últimos años que ha adquirido una dimensión cada vez más visible y profunda, hasta convertirse en un factor que comienza a generar perturbaciones en el comercio y la industria locales.

La dimensión del fenómeno queda retratada en el extraordinario crecimiento de las importaciones procedentes de ese país. Pasaron de US$1,564.3 millones en 2016, equivalentes al 8% del total, a unos US$5,500 millones en 2025, cerca del 20%.

La cifra de 2026 resulta todavía más significativa. En apenas seis meses, China había vendido a la República Dominicana US$2,889.2 millones, un 22.2% más que en igual período de 2025, convirtiéndose en el segundo proveedor del país, con el 18.2% del total importado.

La magnitud del cambio se aprecia mejor en términos acumulados. Entre 2016 y 2024, las importaciones procedentes de China aumentaron en US$3,835 millones, un incremento acumulado de 245%. Es decir, se multiplicaron por 3.45 veces, equivalente a un crecimiento anual compuesto de aproximadamente 16.7%.

Pero el fenómeno no se limita al aumento del valor importado. También está cambiando la composición de la oferta que llega al mercado dominicano.

Los llamados bienes de consumo procedentes de China —entre ellos electrodomésticos, televisores, herramientas y productos vinculados a la construcción y la ferretería— acumularon aproximadamente US$4,784.6 millones entre 2016 y 2025, de acuerdo con las cifras de Aduanas.

Entre los grupos analizados destaca el capítulo arancelario 76, correspondiente al aluminio y sus manufacturas, con numerosas aplicaciones en construcción, ferretería e industria. Las importaciones procedentes de China pasaron de US$86.7 millones en 2016 a US$243.7 millones en 2025, para un acumulado de US$1,611.4 millones durante el período.

El valor máximo se registró en 2024, con unos US$280 millones. En 2025 descendió a US$243.7 millones, pero entre enero y julio de 2026 las compras ya alcanzaban US$135.3 millones, más de la mitad de lo importado durante todo 2025.

Los acondicionadores de aire constituyen otro importante renglón. Las importaciones correspondientes a la partida 8415 pasaron de US$47 millones en 2016 a US$137 millones en 2025, con un acumulado de US$882 millones en los diez años.

El máximo se alcanzó en 2023, con US$163 millones, antes de descender a US$140 millones en 2024 y US$137 millones en 2025. Entre enero y julio de 2026 las importaciones sumaron US$62.6 millones, una reducción de 29.6% respecto del mismo período de 2025, según la variación suministrada.

En televisores, clasificados en la partida 8528, las importaciones desde China acumularon US$699.1 millones entre 2016 y 2025. Pasaron de US$56.2 millones en 2016 a US$76.4 millones en 2025, aunque el máximo de la serie se registró en 2023, con US$94.5 millones.

La transformación también puede observarse en la estructura de las principales mercancías importadas. En 2021 destacaban los teléfonos y equipos de telecomunicaciones, con 7.7% del valor importado; los productos de sangre y preparados para usos terapéuticos, con 7.2%; las computadoras y unidades de procesamiento, con 6.6%; los productos laminados de hierro y acero, con 3.3%; y las manufacturas de plástico y otros productos manufacturados, con 2.3%.

Para 2025, aunque algunos de esos productos continuaban entre los principales renglones, la composición mostraba una mayor diversificación: teléfonos móviles y otros aparatos de telecomunicación representaban 4.2%; productos laminados planos de hierro o acero, 3.5%; acondicionadores de aire, 2.6%; y automóviles, 2.4%.

La lectura es clara: la presencia china ya no puede analizarse únicamente como un fenómeno asociado al comercio minorista o a los productos de bajo costo. China está ganando espacio simultáneamente en tecnología, acero, equipos eléctricos, automóviles, maquinaria, bienes de consumo y suministros industriales.

El caso de los automóviles resulta particularmente ilustrativo. En 2025 ingresaron a la República Dominicana 19,522 vehículos procedentes de China, frente a 15,082 en 2024, para un aumento de 29.4%. China pasó a representar aproximadamente el 14.9% de las unidades importadas y se convirtió en el tercer principal origen.

En términos de valor, los vehículos procedentes de China alcanzaron US$244.2 millones en 2025. Y la tendencia continuó durante enero-mayo de 2026, cuando ingresaron 8,821 unidades, equivalentes al 15.5% del total importado, por un valor FOB de US$110.2 millones.

Pero China no solamente está vendiendo más en República Dominicana. También está aumentando su presencia empresarial.

La DGII registra 2,070 empresas de capital chino inscritas entre 2016 y 2026. De ellas, 1,300 permanecen activas y 770 figuran como inactivas. Solo en 2025 se registraron 265 nuevas empresas y en 2026 ya se habían incorporado otras 132.

El dato revela que la presencia empresarial china es considerablemente más amplia que la que puede apreciarse exclusivamente a través de las empresas instaladas en las zonas francas. En estas últimas, el CNZFE identifica siete empresas de capital chino.

En 2022, China representaba el 11.02% de las importaciones realizadas por las zonas francas, por un valor de US$557.15 millones, como segundo origen después de Estados Unidos.

La inversión china, sin embargo, presenta una dimensión mucho menor que el comercio. Las estadísticas disponibles registran US$24.1 millones en 2019, US$5.7 millones en 2020 y US$6.2 millones en 2021. Estas cifras no necesariamente capturan toda la inversión de capital chino, particularmente cuando la nacionalidad del capital no aparece segregada de manera consistente en las estadísticas.

Algunos proyectos permiten apreciar esa dimensión con mayor claridad. CORMIDOM registra una inversión de US$230 millones; Tabacalera de García, vinculada a Sun City Group Holdings, unos US$80.8 millones; y Maranatha Energy Investment registra aproximadamente US$11.4 millones de capital chino para un parque solar de 10 MW.

En las zonas francas, la inversión china acumulaba US$251 millones en 2023, equivalentes al 3.3% de la inversión acumulada en ese régimen.

Surge así una primera conclusión: la presencia comercial de China en República Dominicana es considerablemente mayor que su presencia como inversionista, al menos de acuerdo con las estadísticas disponibles.

Existe, además, un vacío estadístico importante: el empleo generado por el capital chino fuera de las zonas francas. El Estado no dispone de una estadística consolidada que permita determinar cuántos puestos de trabajo generan las megatiendas, importadoras y demás establecimientos comerciales de capital chino.

Sí existen, en cambio, registros oficiales sobre el empleo vinculado a empresas de capital chino instaladas en zonas francas, que ya supera los 10,000 puestos directos e indirectos.

La radiografía deja, por tanto, una realidad difícil de ignorar.

China está construyendo en República Dominicana una presencia económica diversificada: importa, comercializa, fabrica, invierte y genera empleo.

Ya no se trata solamente de la proliferación de comercios y mercancías de bajo precio. El país asiático está ganando espacio en segmentos cada vez más amplios de la economía dominicana, desde teléfonos y electrodomésticos hasta automóviles, acero, equipos industriales y tecnología.

Incluso las estimaciones que sitúan cerca del 50% la participación de productos chinos en determinados segmentos del mercado dominicano, encuentran en esta evolución un elemento que merece ser examinado con mayor detenimiento. Las cifras de importación, por sí solas, no permiten afirmar que China represente la mitad del mercado dominicano en su conjunto, porque para ello habría que incorporar la producción local y las importaciones procedentes de otros países. Pero sí muestran una penetración suficientemente amplia como para convertir esa hipótesis en una cuestión relevante de política económica y de competitividad.

La pregunta, por tanto, ya no es si China está presente en la economía dominicana. La pregunta es hasta dónde llegará esa presencia y qué efectos tendrá sobre la estructura productiva, el comercio, la inversión, el empleo y la competencia en el mercado dominicano.

La respuesta dominicana no debería ser cerrar las puertas a China, sino aprovechar el acceso a bienes, tecnología, capital y mercados que ofrece esa relación, al tiempo que se elevan la productividad, el financiamiento, la innovación y la capacidad competitiva de las empresas nacionales.

El desafío es doble: que la industria y el comercio dominicanos hagan su parte para elevar su competitividad y que el Estado fortalezca los mecanismos para identificar y enfrentar aquellas prácticas que puedan distorsionar la competencia.

No se trata de cerrar las puertas a China, sino de asegurarse de que estén abiertas a la competencia y no a las ventajas desleales.

Fuente: Hoy