China, el elefante blanco en las negociaciones entre EE UU y México sobre el TMEC

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A pesar de los esfuerzos de México por sustituir importaciones chinas, estas crecieron un 8% de enero a julio y rebasaron los 79.000 millones de dólares

La integración comercial entre México y Estados Unidos, bajo el amparo del TMEC, tendrá que sortear primero una compleja aduana: China. En vísperas de la cuarta ronda de negociaciones del acuerdo comercial de Norteamérica, prevista para octubre próximo, las reglas económicas que el Gobierno mexicano impondrá a las mercancías, inversiones y tecnología chinas resultan de especial interés para la Casa Blanca. El asunto no es menor, dados los vientos recientes que soplan en la relación entre Washington y Pekín tras el encuentro entre el presidente Xi Jinping y Donald Trump esta semana. En un tono cordial, los líderes se reunieron para abordar temas que iban desde el comercio hasta la inteligencia artificial. “Pekín y Washington no deben abstenerse de competir, pero esa competición debe ser amable y sana”, declaró el presidente chino al inicio de la cumbre.

El encuentro de las superpotencias mundiales obligó a Estados Unidos a posponer la cuarta ronda de negociaciones bilaterales con México sobre el TMEC. La cita se llevaría a cabo la próxima semana, sin embargo, Washington esgrimió “motivos logísticos” para postergar el encuentro debido a la visita de Xi Jinping y a la próxima reunión ministerial del G20. Aunque las autoridades mexicanas prevén una recalendarización para octubre, aún no hay fecha específica. El subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, Luis Rosendo Gutiérrez, aseguró que a pesar de este cambio de fechas, los trabajos técnicos bilaterales siguen en marcha. “Seguimos trabajando, prácticamente, de manera diaria con USTR, la Secretaría de Comercio de los Estados Unidos, defendiendo nuestra soberanía y viendo qué opciones de coordinación tenemos con los Estados Unidos para que a nuestra región le vaya mejor”, indicó el funcionario federal.

Mientras Estados Unidos y China mueven sus fichas y rediseñan su relación, el Gobierno de México debe calibrar cuál será su posición frente a las superpotencias y a los principales socios comerciales del país latinoamericano. El Gobierno de Claudia Sheinbaum camina sobre una delgada línea entre la posibilidad de convertirse en un aliado estratégico de EE UU en su guerra comercial con el resto del mundo y la de convertirse en objeto de sus ataques, a los que ya ha lanzado algunos dardos.

Desde que inició su mandato, Trump ha asegurado que México ha servido de trampolín para que las importaciones procedentes del gigante asiático aterricen en su mercado sin pagar aranceles. Aunque el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha rechazado los señalamientos, ha desplegado distintas medidas para frenar el déficit comercial con el país asiático, que abarcan desde una mayor vigilancia en las aduanas hasta el establecimiento de aranceles más altos y un programa de sustitución de importaciones a través del Plan México.

Pese a esos esfuerzos, los envíos de mercancías chinas a México siguen en ascenso: en los primeros siete meses del año, las importaciones chinas rebasaron los 79.600 millones de dólares, mientras que las exportaciones mexicanas a ese mismo país en ese mismo periodo sumaron poco más de 8.600 millones de dólares, de acuerdo con la información del Banco de México. La reducción del desbalance comercial se ha convertido en una prioridad para el Gobierno de Sheinbaum, sin embargo, la estrategia para reducir la dependencia a los insumos asiáticos aún no se visualiza en las estadísticas.

En este cruce de mercancías, aunque México ahora paga más tarifas a Washington por la guerra arancelaria de Trump, la relación entre EE UU y México se ha afianzado. De enero a julio de este año, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos rebasaron los 358.700 millones de dólares. De acuerdo con el Departamento de Comercio, el país latinoamericano es el principal socio de Washington con una participación del 17% de las compras internacionales de EE UU, rebasando a Canadá, Taiwán y China, que cayeron al cuarto sitio con envíos al mercado americano por unos 156.000 millones de dólares en los primeros siete meses de 2026.

La fortaleza de las exportaciones mexicanas, a pesar de los aranceles de Trump sobre autos, aluminio, cobre y mercancías fuera del TMEC, sigue teniendo fuelle, impulsada por los envíos de equipo de cómputo y otros componentes electrónicos. En la otra cara de la moneda, Estados Unidos es el principal importador de México con compras por 156.000 millones de dólares de enero a julio, equivalente al 33% del total de las compras que realizó el país latinoamericano, mientras que China, con envíos por 79.600 millones de dólares, tiene un 17% del pastel.

Con una frontera compartida de más de 3.000 kilómetros y un intercambio de mercancías de gran rédito para ambos países, México y Estados Unidos tendrán que sentarse a la mesa para definir una nueva integración comercial, ya sea o no con el TMEC. En estos momentos, el futuro del acuerdo está en entredicho luego de que Washington se negó en julio pasado a renovar el TMEC por otros 16 años y, con ello, activó las revisiones anuales en curso.

Para el Gobierno de Trump, las negociaciones se centran en reducir el déficit comercial con México, elevar el contenido estadounidense en las manufacturas de Norteamérica y cerrar el paso a las inversiones asiáticas, sobre todo en sectores clave como la tecnología y los minerales críticos. Del lado mexicano, la Administración mexicana busca un mejor trato arancelario por parte de Washington. La propuesta es que se reduzcan los actuales aranceles sectoriales, bajo la sección 232, que pesan sobre México y se pasen de una tarifa del 50% al 25% en el caso del acero y de un 25% a un 15% para los automóviles.

México y EE UU mantienen una relación inevitable debido a sus estrechas cadenas productivas e intereses económicos. Sin embargo, Trump ahora quiere modificar la estructura. “México debió tener un plan de desarrollo industrial que le permitiera negociar con ambos lados y asociarse a la industrialización de Estados Unidos sin romper el vínculo con China. No lo entendieron a tiempo y ahora quedan a expensas de los resultados de las negociaciones entre China y Estados Unidos”, refiere un industrial mexicano que ha pedido el anonimato.

Víctor Gómez Ayala, director de Análisis Económico de Casa de Bolsa Finamex, reconoce que en las siguientes mesas de negociación sobre el TMEC existe el riesgo de que Estados Unidos plantee a México temas de última hora, en específico en el ámbito de la seguridad. “Creo que la delegación mexicana está enfocada en hacer lo que sea necesario para alcanzar la meta de reducir los aranceles sectoriales”, zanjó.

México llegará a la cuarta ronda de negociaciones con Washington con cifras récord de exportaciones a Estados Unidos, pero también con un alza de las importaciones chinas en 2026, a pesar de que ha desplegado una batería de medidas para frenar comercialmente al gigante asiático. Dos caras de una moneda que evidencian el papel clave del país latinoamericano en la guerra comercial entre ambas superpotencias y elevan el pulso del Gobierno mexicano para obtener el mayor rédito de esta posición estratégica.

Fuente. EL PAIS