Casa de citas

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Escrito Por: PABLO MCKINNEY

Cuando ya cualquier colmadón, cuenta de red social, partido político o bar de gente “bien” es mucho más que un prostíbulo. Ahora. Cuando no existe ilusión ni se cantan boleros en unas cantinas (sin José Alfredo) que ni existen. Devenido todo –según me cuentan- en simple intercambio comercial de jeepeta, Cartier y Ferragamo, es de justicia rendir merecido homenaje a la Casa de Citas y sus muchachas, ¡Ay!

Cuando nadie le canta ya a la “Peregrina sin amor, avecilla trashumante”, del maestro Bienvenido Brens, ni quiere nadie salvar “la divina claridad de los ojos” de la “Pecadora” de Miltinho en la B-17 o de Monroig en la C-23. Hagan memoria.

Hoy, hace mil años, la “avecilla trashumante” en la Casa de Citas era la “personal training” de los adolescentes que acudían a sus brazos por encontrar alivio a los arranques de testosterona de su hombría en formación, algo así como una “coaching” para el buen fornicio; (agradezcan), como era también el paño de lágrimas de ese sufrido señor que, casado con inmaculada damisela para formar familia y “mejorar la raza”, sacrificaba el atractivo sexual, por lo que tenía que salir a buscarlo en otro lugar, en otra piel, en otras piernas, otras mieles de su vientre, amén.

Así, “Madame Ivonne”, a la que cantó Julio Sosa como nadie, (“alondra gris, tu dolor me conmueve”), dejó de ser la triste meretriz del desconsuelo para convertirse en una terapeuta psicológica y sexual, en una amiga de horizontalidades casi todas, la gran confidente del pobre señor y sus contradicciones existenciales. Esto es lo que explica, que de esas relaciones ilegales e indocumentadas -como haitianita lavandera a los pies del río Masacre- nacieran amores impertinentes; contrariados amores enfrentados a una sociedad y sus normas, al club social y sus simulaciones, la santa iglesia y su hipocresía.

Hoy, cuando el país a veces nos parece un gran prostíbulo pero sin boleros de Machín ni versos de J. A. Buesa, uno rinde homenaje a la Casa de Citas, responsable de amores más sentidos y sinceros que muchos de Te Deum, página social y otras mentiras.

Homenaje a “Esa”, la de León y Quiroga que cantaba la Piquer. “Dueña de un corazón tan cinco estrellas/ que hasta el hijo de un dios/ una vez que la vio se fue con ella… y nunca le cobró, La Magdalena”, según Sor Joaquín Cardenal Sabina. ¡Gracias!

Fuente: Listín Diario