La República Dominicana se adhirió al Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA) el 14 de agosto del 2004, durante los últimos días del gobierno de Hipólito Mejía, irónicamente el único presidente que hemos tenido que es un agrónomo profesional
Escrito Por: Bernardo Vega
La República Dominicana se adhirió al Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA) el 14 de agosto del 2004, durante los últimos días del gobierno de Hipólito Mejía, irónicamente el único presidente que hemos tenido que es un agrónomo profesional. Firmó un acuerdo que entró en vigencia en el 2007, hace ya 29 años. Este obliga actualmente a la libre importación del arroz, frijoles, carne de cerdo, quesos y papas.
Consecuentemente, ya estamos obligados a dejar entrar al país desde Estados Unidos y Centroamérica, libre de impuestos y de cuotas de importaciones nuestros principales productos agrícolas de consumo interno. Dicho tratado entró en vigor durante el segundo gobierno de Leonel Fernández y los congresistas del PLD lo ratificaron en el Congreso Nacional. Estados Unidos además de ser un productor eficiente, subsidia su arroz y como no es un subsidio exclusivo para la exportación, sino para la producción local, en el DR-CAFTA no hay nada que nos permita argumentar que no podemos cumplir con esa obligación, como no pudo México bajo el Acuerdo de Libre Comercio con Norteamérica (NAFTA), cuando, también vencidos los plazos, tuvo que dejar entrar, libre de toda traba, el maíz amarillo norteamericano, equivalente por su importancia en su dieta al arroz entre los dominicanos. Como resultado, las exportaciones de maíz amarillo norteamericano a México han aumentado más de un 300% desde NAFTA provocando una gran reducción en su producción local y un éxodo de campesinos minifundistas hacia las grandes ciudades con los consecuentes graves problemas sociales.
Cuando se comenzó a hablar de un Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos fui de los que dije que solo estaba de acuerdo con este si operaba bajo el esquema de integración económica europea, es decir, libre comercio bilateral recíproco, pero también con libre movimiento de mano de obra y con grandes aportes económicos para infraestructura física de parte de los grandes países ricos europeos. Pero la administración republicana de los Bush nunca compró ese modelo ofreciendo a cambio el neoliberal suyo y alegando que se trataba de un tren y que el que no se montaba allí rápido corría el riesgo de perderlo.
En un seminario auspiciado por ANJE en octubre del 2003 con el tema «TLC con los USA: Condiciones imprescindibles para la República Dominicana», los negociadores nombrados por Hipólito Mejía, entre ellos Osmar Benítez, del sector agropecuario, defendieron el modelo que estaban ofreciendo los norteamericanos. Insistí que en el área de la agropecuaria era imprescindible el mantenimiento de la rectificación técnica, mecanismo que entonces protegía a siete productos básicos de nuestro agro. El Listín Diario citó allí textualmente al embajador Osmar Benítez diciendo: «No nos vamos a joder como dice Bernardo Vega».
Algunos argumentaron que la libre importación de comida norteamericana conviene a todos los consumidores dominicanos al bajar su costo de la vida y que las tierras hoy dedicadas al arroz, incluyendo las de la Reforma Agraria que acapara el 25% de esta producción, podrían ser utilizadas para otros cultivos. Entendí ese argumento, pero no lo compré, sobre todo por sus serias implicaciones sociales.
Durante nuestras campañas electorales de los últimos 29 años el tema de cómo enfrentar la libre importación del arroz y otros productos nunca fue planteado y mucho menos las soluciones al mismo.
Tal vez lo primero que se debe de hacer es cuantificar el problema, comparando el costo de importar libre de impuestos el arroz blanco norteamericano de la calidad y grado de pulido a que estamos acostumbrados, con el precio de venta del arroz blanco dominicano desde nuestras factorías. Según un estudio norteamericano reciente, que bien podría estar prejuiciado, el arroz americano tiene tan solo un 9% de costo inferior al nuestro.
Se nos ocurre una medida proteccionista y que probablemente no viola el DR-CAFTA que sería solo permitir la importación de arroz norteamericano ya molido, es decir blanco, sin cáscaras, en sacos de 100 libras, para que el comprador dominicano, ya sea en colmados o supermercados, sepa que está consumiendo un producto cuyo sabor difiere del dominicano, prefiriendo el nuestro a pesar del mayor costo. También podrían establecerse ciertos subsidios, como podría ser la tasa de interés que cobraría el Banco Agrícola y el Banco de Reservas por la cosecha y molienda del arroz.
Sabemos que dominicanos y norteamericanos están negociando la posible reducción del arancel norteamericano de 12.5% a 10%, a cambio de los dominicanos enfrentar la práctica de mano de obra forzosa. Pero en cuanto al arroz, no sabemos si “arroz con leche se quiere casar”.
Fuente: Hoy

