Árganas y código

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La ley 74-25 consigna el milagro de la “modernización” del Código Penal y a días de vencer el plazo para la vigencia de su articulado en ocasiones abstruso y contradictorio, asoman inquietudes que no fueron atendidas en el momento adecuado.

Escrito Por: Carmen Imbert Brugal

La ley 74-25 consigna el milagro de la “modernización” del Código Penal y a días de vencer el plazo para la vigencia de su articulado en ocasiones abstruso y contradictorio, asoman inquietudes que no fueron atendidas en el momento adecuado. Aunque inútil, es conveniente recrear algo de lo expuesto durante más de una década sobre la esperada transformación.

“El texto prevé estrambóticas reformas. Inaplicables. El proyecto establece el cúmulo de penas, lo extiende hasta 60 años de encierro. Aumenta a 40 años la pena máxima. Insiste en la tipificación del sicariato, estipula un desliz pueril como la condena al uso del ácido del diablo. Mención que excluye otras sustancias con efectos similares. La especificidad ignora que la revisión de las sanciones a las personas que provocan con sus acciones, lesiones permanentes, sería más sensata y abarcadora. 7.07.2014 “Voluntad Política y Disparate”.

La distracción siempre estuvo en la atención a las patéticas tres causales, divertimento que se impuso en las discusiones para el lamentable saldo de claudicación ideológica cuando la conveniencia convirtió la despenalización del aborto en un adefesio para complacer y aupar la candidatura del actual presidente.

El mandatario finalmente titubeó, la religión se impuso y con campamento incluido, ignoró reclamos de sus militantes y simpatizantes.

Especialistas y opinadores, acataron designios presidenciales y repetían sandeces jurídicas que calaron en el imaginario colectivo, como afirmar que un código draconiano evitará el crimen y el delito, infracciones ahora clasificadas como: “muy graves” “graves” o “leves”, simplificación desafortunada que demuestra precariedad conceptual.

Las objeciones fueron frecuentes y contundentes. El primer poder del Estado, solo atento a Palacio, ignoró recomendaciones y persistió.

La apuesta del presidente inconmovible, ninguno de sus adláteres se atrevió a explicarle o a intentar que entendiera algunos desaciertos jurídicos y el peligro de consagrarlos en la ley. Difícil el empeño después del enredo del candado a la Constitución y de la redacción urgente de leyes para satisfacer promesas de campaña. El respeto a las leyes no ha sido marca del Cambio, legiferar sí, para aumentar los compendios adánicos. Las consecuencias del populismo que interfiere la ley, además de las decisiones judiciales, provocarán un caos institucional que los celebrantes del nuevo código no prevén o les importa poco valorar.

El código aplaudido es un batiburrillo de doctrinas y leyes ajenas, un mamotreto con residuos de derecho comparado sin criterio. Es producto del colonialismo jurídico que menciona Wenceslao Vega, autor de la imprescindible “Historia del Derecho Dominicano” cuyo resultado es una judicatura, una doctrina y una jurisprudencia a todas luces mediocre. “Incierto destino del Código Penal- CIB.HOY-9-08-2021-.

Redivivas ahora las jaculatorias y las advertencias, los desatinos jurídicos y las alharacas. Es fácil presentir otro récord. La expectativa augura una salida al mejor estilo del régimen, un acto de magia que complazca a todos los actores de la obra, sin excluir a tardíos protagonistas del sainete.

A la espera de la decisión para continuar zarandeando el texto o intentar su aplicación, lo más bochornoso es que los hacedores de la ley proclamen que la carga se arregla en el camino. Asunto de árganas la institucionalidad vernácula.

Fuente: Hoy