Conocí a Jorge Frías y Andrés Matos en el marco del entusiasmo y admiración por el doctor Peña Gómez. Ambos eran auténticos trabajadores políticos dedicados a sus respectivos barrios, que les sirvieron de trampolín al desarrollo de sus merecidos asientos municipales y congresionales
Escrito Por: Guido Gómez Mazara
En la tradición partidaria, la definición del cuadro político se caracterizaba por la entrega, dedicación y exclusivo interés de trabajar en procura de servir como articulador de la agenda organizativa en la comunidad, barrio, provincia y cualquier lugar asignado. Tarea sacrificada porque la prioridad de hacer crecer la organización implicaba dedicarse 24 horas y 7 días al trabajo político.
Nacidos en los sectores populares y sembrados de correa de transmisión en sus demarcaciones, el histórico PRD reprodujo los criterios de los partidos obreros y marxistas que creyeron ciegamente en la utilidad de ese activista a tiempo completo. Y los resultados están fuera de discusión: crecimiento, ascenso del cuadro político y consagración como aglutinador esencial en la construcción de la victoria.
Conocí a Jorge Frías y Andrés Matos en el marco del entusiasmo y admiración por el doctor Peña Gómez. Ambos eran auténticos trabajadores políticos dedicados a sus respectivos barrios, que les sirvieron de trampolín al desarrollo de sus merecidos asientos municipales y congresionales. Tanto Los Mina como Simón Bolívar representaron sus trincheras partidarias. Ahí crecieron, se desarrollaron y concluyeron sus días en la Tierra.
Recibí la noticia de sus partidas al más allá, plenamente convencido de la estirpe y modelo dirigencial que representaron, obstruidos por la emergente vocación clientelar, capaz de llegar a sus jurisdicciones en consonancia con el afán de sustituir el esfuerzo y dedicación por la capacidad económica. No obstante, su arraigo y respetabilidad retrataban el espíritu sublime y los deseos de demostrar en el terreno de los hechos la potencialidad de escalar en una arena profundamente transformada por las reglas del dinero.
Por eso, Jorge Frías y Andrés Matos expresaron en el diario activismo un modelo de actuación que concluyó, desgraciadamente, en la medida que la noción del cuadro y/o activista se desdibujó de la forma de hacer política en los territorios.
Sus vidas, dedicación y entrega resultan de un valor singular en la actual coyuntura, cuando los parámetros de la política pretenden colocar en el primer asiento del tren de éxito al que dispone de mayores recursos financieros. Innegablemente, sus esfuerzos deben servir de muro de contención frente al descalabro ético de la selva partidaria.
Y rescatando lo que ambos representaron, garantizaremos la vuelta al mérito y resistiremos los resortes del clientelismo como mecanismo de ascenso a posiciones en el orden organizativo y a espacios en el aparato estatal.
El mejor homenaje a Jorge y Andrés consiste en reproducir en los barrios, sectores populares o cualquier escalón del activismo que la dedicación y consistencia genera los frutos de respetabilidad y consideración que ambos conquistaron. Gracias, por tanto, queridos compañeros.
Fuente: Hoy

