¿Por qué no tenemos oro en las reservas del Banco Central?

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Escrito Por: Andrés Dauhajre Hijo

No lo sé. Al 14 de septiembre de 2026, las reservas internacionales netas (RIN) del Banco Central (BCRD) ascendían a US$15,074 millones. Dentro de ese monto, apenas teníamos 0.569 toneladas de oro, equivalente a 18,295 onzas troy, con un valor de US$79.6 millones. Países con una economía más pequeña que la nuestra como Guatemala, tenían dentro de las reservas de su Banco Central al 30 de junio de este año, 15.51 toneladas de oro, equivalente a 498,596 onzas troy, con un valor de mercado de US$2,007 millones, 25 veces más de lo que tenía el nuestro.

Cuando se observa la participación del oro dentro de las reservas internacionales de los bancos centrales latinoamericanos, encontramos en el rango medio a Paraguay con 9.25%, Guatemala 6.11%, México 6.08%, Brasil 6.05%, El Salvador 5.25%, Trinidad y Tobago 5.02% y Perú con 4.65%. República Dominicana aparece con 0.47%, flanqueada por Honduras con 0.72% y Costa Rica con 0%. El BCRD, quizás por aversión excesiva a la volatilidad que podría exhibir el precio del oro, ha optado por no considerarlo como activo elegible para la diversificación del portafolio de inversión de las RIN.

Si las autoridades del BCRD hubiesen releído “Portfolio Selection”, el trabajo seminal de Harry Markowitz publicado en el Journal of Finance en marzo de 1952, habrían recordado que la brillantez de la “Teoría de la Diversificación Eficiente de las Inversiones” del Premio Nobel de Economía de 1990, se resumía en el mandamiento que deshizo el paradigma de Wall Street: el riesgo de una inversión no debe medirse mirando ese activo solo (oro, en el caso que nos ocupa), sino viendo cómo se comporta en relación con los demás activos del portafolio (depósitos en el exterior y bonos soberanos en dólares). Antes de Markowitz, los inversores simplemente buscaban los activos con mayor rentabilidad esperada. Markowitz demostró matemáticamente que combinando activos cuyos precios no se mueven exactamente igual, es decir, con correlación baja, nula o negativa, se puede mantener la rentabilidad deseada reduciendo drásticamente el riesgo general. Los tres pilares básicos de la teoría de Markowitz son el retorno esperado, la volatilidad o riesgo y la correlación de los rendimientos de los diferentes activos. Este último, el de la correlación, fue el que activó las neuronas de los inversionistas. Tener una cartera de inversiones conformada únicamente por depósitos en dólares en instituciones bancarias extranjeras o títulos de deuda de gobiernos con calificación de riesgo AAA, garantiza mucha seguridad, pero posiblemente, muy poca rentabilidad. Frente a un entorno en el que la inflación se percibe como inevitable, sería conveniente colocar una parte de las inversiones en activos cuyo valor aumente a un ritmo similar o mayor a la inflación.

El BCRD sigue una política contraria a la que Markowitz recomendó hace 74 años. Una tercera parte de las reservas está colocada en depósitos en bancos internacionales; el resto en títulos de deuda de gobiernos de países desarrollados, en su mayoría, títulos del Tesoro de EE. UU. No hay que dar muchas vueltas para concluir que la rentabilidad de esa cartera o portafolio de inversiones de las reservas del BCRD ha sido y seguirá siendo extremadamente baja. En algunos años, ha sido inferior a la inflación registrada en EE. UU., lo que arrojaría una rentabilidad real negativa. El oro, aunque podría exhibir una volatilidad en su precio mayor a la de otros activos financieros, tiene la ventaja de tener una correlación negativa con el valor real de activos como los depósitos en dólares y los títulos del Tesoro de EE. UU.

Para nadie debería resultar un secreto que luego de los gigantescos déficits fiscales que siguieron a la pandemia del Covid-19 y las históricas emisiones de la FED comprando los títulos deuda del Tesoro de EE. UU., se detonarían fuertes presiones inflacionarias. Ante semejante perspectivas, Markowitz habría recomendado al BCRD comprar oro para diversificar la cartera de inversión de sus reservas internacionales y evitar que el valor real en dólares de las reservas fuese erosionado por la inflación de EE. UU. Mientras la mayoría de los bancos centrales del mundo comenzaron a aumentar la participación del oro dentro de sus reservas hasta el punto de que al 30 de junio de 2026 tenían US$4.76 trillones en oro y US$3.84 trillones en títulos del Tesoro de EE. UU., el nuestro, lamentablemente, no hizo nada.

La inacción del BCRD resultó más desconcertante si se tiene en cuenta que, entre septiembre de 2020 y enero de 2021, el Gobierno dominicano recibió US$6,300 millones producto de dos colocaciones de bonos en el mercado global de capitales. Prácticamente la totalidad de esa colocación de los recursos recibidos por esa excesiva emisión de deuda se mantuvo depositada en el BCRD. Si este hubiese tomado, por ejemplo, el 12% de los US$6,300 millones recibidos y hubiese comprado oro a razón de US$1,848/oz a final de enero de 2021 por US$750 millones (equivalente al 6% de las RIN a finales de enero de 2021), el pasado 14 de septiembre, en lugar de haber cerrado con reservas por US$15,074 millones, habríamos terminado con US$16,119 millones. La aversión del BCRD a diversificar la cartera de inversiones de las RIN, nos ha costado nada más y nada menos que US$1,045 millones. Lo más grave es que ese costo el BCRD lo traspasa al Gobierno cuando, en mayo de cada año, el primero le notifica al segundo que las cuentas por pagar del Gobierno al BCRD han aumentado. Dado que las RIN del BCRD constituyen un activo financiero del Estado dominicano, consideramos que, en el futuro cercano, el Ministerio de Hacienda y Economía debería tener un rol fundamental en la política de inversión de las RIN del BCRD.

Fuente: el Caribe