¿Cómo gestionar las emociones en la vida?

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En los diferentes espacios donde socializamos o convivimos, conocemos personas altamente desreguladas emocionalmente, explosivas, reactivas e impulsivas, que pierden el control fácilmente

Escrito Por: José Miguel Gómez

En los diferentes espacios donde socializamos o convivimos, conocemos personas altamente desreguladas emocionalmente, explosivas, reactivas e impulsivas, que pierden el control fácilmente. En la vida, a medida que un ser humano crece, se desarrolla, compite y busca oportunidades para supervivencias, suelen aparecer los conflictos, las adversidades, el estrés, las incertidumbres, las crisis y los momentos difíciles; sabemos que todas forman parte de la dinámica social, los intereses, los desacuerdos, la intolerancia y de la falta de habilidad, de destreza y de madurez emocional en aprender a vivir dentro de la diversidad que se origina en cualquier actividad grupal.

Ante todas estas problemáticas, se va afectando la convivencia, la armonía y la empatía cognitiva y social, teniendo como resultado en algunas personas, el aislamiento, el distanciarse o desconectarse de grupos, redes, amigos y de actividades socio culturales.

En cualquier actividad grupal: familia, iglesia, tertulia, deporte, recreación, etc. aparecen personas que no saben gestionar sus emociones, su asertividad y el buen manejo de la prudencia para poner en práctica los buenos tratos, la cultura de paz, el no dañar ni dejarse dañar que, al fin y al cabo, forman parte de la inteligencia emocional y social.

Es decir, saber manejar el estrés, los conflictos, las diferencias y desavenencias del día a día marca una gran diferencia de aquellas personas que suelen dañarse a sí misma, a los demás y al ambiente donde interactúan, siendo estigmatizadas como personas tóxicas, conflictivas, inmaduras, problemáticas o patologizadas.

¿Qué señales presenta una persona con mala gestión de sus emociones, de sus pensamientos o de sus impulsos? Se enoja fácilmente, pierde el control en cualquier situación, no mide ni valora consecuencias, ni riesgo en la toma de decisiones, no actúa de forma consciente y adaptativa, puede llegar a la violencia, agresiones y generar daños psicológicos, emocionales o físicos a las demás personas.

Jon Kabat Zinn, en sus trabajos e investigaciones sobre gestión emocional, explica la importancia de la atención plena, la que ayuda en la autorregulación emocional, el autocontrol, la estabilidad emocional y el bienestar social.

Las personas con buena gestión emocional conocen sus emociones y aprenden a lidiar con las emociones de las demás personas. Es decir, aprender hacer silencio, usar la prudencia, poner límite, establecer distancia, sobre todo, aprender a escuchar, medir consecuencias, y ponderan la toma de decisiones de forma asertiva.

En la gestión emocional se puede enojar, incomodar, vivir el desacuerdo, poner distancia o alejarse de una desavenencia o conflicto, pero se hace bajo el control, con firmeza, de forma consciente, se pone limite y se aprende a no dañar, ni llegarse a dañar por las otras personas.

La asertividad, los buenos tratos, la gestión emocional, la inteligencia emocional y el autocontrol se aprenden y se refuerza en los procesos psicoterapéuticos y conductuales.

La buena gestión emocional es una herramienta que funciona en la política, en la familia, pareja, grupos sociales y culturales. Es una sana habilidad para la vida, para crecer y madurar en cualquier circunstancia. Las personas que padecen de mala gestión de sus emociones deben romper el silencio, dejarse acompañar, buscar y asistir a la salud mental. Para cambiar la mirada y gestionar las emociones de forma adaptativa y lograr fluir en los diferentes espacios se debe aprender a crecer y madurar en las actitudes emocionales positivas.

Fuente: Listín Diario