Escrito Por: Pablo McKinney
La menor de mis Paola me introdujo al mundo de la tecnología, cuando una mañana de sábado me presentó a Mr. ChatGPT, y a seguidas inició con él una conversación que, para mi sorpresa, incluía uno que otro boche, insatisfecha por no haber entendido una pregunta que ella le había formulado.
La niña ha sacado el carácter duro no sé de quien, pero sí puedo asegurar que sus pleitos llegan ya hasta la amenaza de desvinculación (cancelando la subscripción). Y así, mientras me acostumbraba a las discusiones entre ellos, pensé en lo fantástico que sería, que todos nuestros estudiantes tuvieran acceso a la IA y sus dones. Posiblemente haya sido esa la razón por la cual EDUCA, con el patrocinio del Banco Popular, decidió dedicar su congreso Aprendo 2025, a repensar la educación dominicana frente al desafío que la tecnología representa.
Es cierto que altos nombres como Stephen Hawking, Yuval Noah Harari (autor de Next) o Shoshana Zuboff (autora de El capitalismo de la vigilancia) han expresado sus temores, los cuales abarcan desde los riesgos existenciales, hasta la posibilidad de que la IA pueda transformar radicalmente la sociedad y la economía, o el potencial peligro de que supere la inteligencia humana, y en especial la necesidad de regularla… y todos tienen razón en sus temores. Los riesgos son muchos a futuro, pero hoy, es imprescindible que nuestros estudiantes sean capaces de manejar y sacar el provecho que la IA ofrece para su formación y sus vidas. El futuro fue ayer.
Si recordamos que nuestra educación tiene el liderazgo negativo del continente en las principales materias, entonces, es urgente apurar el paso de la capacitación de los docentes para mejorar la calidad de nuestra educación en general.
Ante las múltiples bondades que ofrece la IA, uno se pregunta si estará dispuesto el Ministerio de Educación a iniciar la capacitación de los docentes en esta tecnología, a evaluar su desempeño y, finalmente, actuar en consecuencia, sin temer a un sindicato convencido de su derecho a mandar, dirigir y cogobernar al ministerio, incluido el suspender la docencia sin recibir sanción alguna.
Si el ministerio no es capaz de recuperar la autoridad en las escuelas, de poco servirá la IA, e incluso la inteligencia a secas. Sin autoridad, solo el caos prospera y, precisamente, ahí están los pésimos resultados de nuestra famélica y descangayada educación NO universitaria. Un caos.

