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Donald Trump y el manual de ‘la gran mentira’

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Por Elda Cantú

17 de junio de 2022 a las 08:00 ET

Los perdedores se han convertido en un grave dolor de cabeza para las democracias.

En todo proceso electoral —como en los deportes, la lotería y la bolsa de valores— hay vencedores y derrotados.

Si bien la incertidumbre suele ser un aliciente para hacer campaña, debatir o acudir a votar, últimamente hay otro tipo de incertidumbre que ensombrece las votaciones: ¿qué harán los perdedores? 

Tras las elecciones de noviembre de 2020, escribe la columnista Maureen Dowd, el entonces presidente Donald Trump “simplemente no podía soportar ser etiquetado como un perdedor”.

Así que emprendió una campaña para cuestionar la validez del proceso y alegar fraude que culminó en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

En la última semana, un comité del Congreso encargado de investigar los hechos que provocaron los disturbios ha revelado que Trump sabía que los números no le favorecían, y que repetidamente se le dijo que la elección no había sido amañada. 

“Trump ejecutó una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa”, escribe en su análisis de las audiencias el corresponsal de la Casa Blanca, Peter Baker.

El expresidente Donald Trump y sus partidarios han calificado el trabajo del comité como un intento de difamación partidista.

El expresidente Donald Trump y sus partidarios han calificado el trabajo del comité como un intento de difamación partidista. Credit…Samuel Corum para The New York Times

El expresidente Donald Trump y sus partidarios han calificado el trabajo del comité como un intento de difamación partidista.

“A Trump le parecía bien que sus seguidores violaran la ley, atacaran a la policía y fueran a la cárcel, mientras él les reconocía su ‘amor’ a la distancia”, apunta Dowd en su columna.

En lo que se refiere a estrategia electoral, Trump ha dejado una impronta. En Brasil, que celebrará votaciones presidenciales en octubre, el mandatario Jair Bolsonaro ha dicho, una y otra vez, que hay posibilidades de fraude. 

Bolsonaro, quien va a la zaga en las encuestas, no solo ha repetido incesantemente que podrían robarle la elección, sino que también ha conseguido que los líderes militares apoyen sus afirmaciones, que los analistas dicen son infundadas. 

Esto ha generado la preocupación de que, si el resultado no le favorece, Bolsonaro intente un golpe de Estado.

Una de las herramientas tanto de Trump como de Bolsonaro es la manipulación de la información. 

Sus liderazgos tuercen la realidad y las instituciones quedan en manos de la interpretación y la creencia, incluso cuando los hechos no respaldan sus denuncias.

“Cuando renunciamos a la verdad, concedemos el poder a aquellos con la riqueza y el carisma para crear un espectáculo en su lugar”, escribía el año pasado Timothy Snyder en un ensayo que vale la pena volver a leer. “Sin un acuerdo sobre algunos hechos básicos, los ciudadanos no pueden formar una sociedad civil que les permita defenderse”. 

Fuente: NYT

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Por Elda Cantú

17 de junio de 2022 a las 08:00 ET

Los perdedores se han convertido en un grave dolor de cabeza para las democracias.

En todo proceso electoral —como en los deportes, la lotería y la bolsa de valores— hay vencedores y derrotados.

Si bien la incertidumbre suele ser un aliciente para hacer campaña, debatir o acudir a votar, últimamente hay otro tipo de incertidumbre que ensombrece las votaciones: ¿qué harán los perdedores? 

Tras las elecciones de noviembre de 2020, escribe la columnista Maureen Dowd, el entonces presidente Donald Trump “simplemente no podía soportar ser etiquetado como un perdedor”.

Así que emprendió una campaña para cuestionar la validez del proceso y alegar fraude que culminó en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

En la última semana, un comité del Congreso encargado de investigar los hechos que provocaron los disturbios ha revelado que Trump sabía que los números no le favorecían, y que repetidamente se le dijo que la elección no había sido amañada. 

“Trump ejecutó una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa”, escribe en su análisis de las audiencias el corresponsal de la Casa Blanca, Peter Baker.

El expresidente Donald Trump y sus partidarios han calificado el trabajo del comité como un intento de difamación partidista.

El expresidente Donald Trump y sus partidarios han calificado el trabajo del comité como un intento de difamación partidista. Credit…Samuel Corum para The New York Times

El expresidente Donald Trump y sus partidarios han calificado el trabajo del comité como un intento de difamación partidista.

“A Trump le parecía bien que sus seguidores violaran la ley, atacaran a la policía y fueran a la cárcel, mientras él les reconocía su ‘amor’ a la distancia”, apunta Dowd en su columna.

En lo que se refiere a estrategia electoral, Trump ha dejado una impronta. En Brasil, que celebrará votaciones presidenciales en octubre, el mandatario Jair Bolsonaro ha dicho, una y otra vez, que hay posibilidades de fraude. 

Bolsonaro, quien va a la zaga en las encuestas, no solo ha repetido incesantemente que podrían robarle la elección, sino que también ha conseguido que los líderes militares apoyen sus afirmaciones, que los analistas dicen son infundadas. 

Esto ha generado la preocupación de que, si el resultado no le favorece, Bolsonaro intente un golpe de Estado.

Una de las herramientas tanto de Trump como de Bolsonaro es la manipulación de la información. 

Sus liderazgos tuercen la realidad y las instituciones quedan en manos de la interpretación y la creencia, incluso cuando los hechos no respaldan sus denuncias.

“Cuando renunciamos a la verdad, concedemos el poder a aquellos con la riqueza y el carisma para crear un espectáculo en su lugar”, escribía el año pasado Timothy Snyder en un ensayo que vale la pena volver a leer. “Sin un acuerdo sobre algunos hechos básicos, los ciudadanos no pueden formar una sociedad civil que les permita defenderse”. 

Fuente: NYT

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