Del banano a los golpes de Estado: Breve historia del imperialismo estadounidense en Centroamérica

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Estados Unidos sumió durante un siglo a Centroamérica en la dependencia y el monocultivo. ¿Los beneficiarios? Monopolios norteamericanos como la United Fruit Company

Escrito por: Eduardo García Granado 

as décadas finales del siglo XIX vieron un fenómeno que habría de definir el mundo hasta la actualidad: el acceso de Estados Unidos a su particular fase imperialista. Inicialmente, Washington se centró en su región inmediatamente más cercana: Centroamérica. Allí desplegó su andamiaje de fuerza político-militar y, por supuesto, los intereses económicos de sus grandes capitales, dando forma a los sistemas sociales y políticos de la región, cuyas características perduran hoy.

Junto al Caribe, Centroamérica fue el primer punto de interés supremo del imperialismo estadounidense. La productividad de las tierras y la fragilidad de sus incipientes Estados nacionales conferían a las naciones centroamericanas una debilidad estructural que Washington buscaba aprovechar. Hoy Estados Unidos es el actor central del sistema imperial, pero hace ciento cincuenta años empezó su penetración global en esta región.

La subyugación económica

La descomunal riqueza natural de Centroamérica, concentrada en no muchos kilómetros cuadrados, fue (y es) muy jugosa para las élites políticas y económicas norteamericanas. Oro, plata, bauxita, maíz, azúcar… Estos recursos naturales constituyeron la base de la paradójica debilidad centroamericana. Su riqueza facilitó la emergencia de las élites coloniales, en primera instancia, de los grandes poderes criollos, después, y de los grandes conglomerados norteamericanos, al final.

Washington lo tenía claro: necesitaba subyugar a los pequeños Estados centroamericanos para dirigir su política, definir su inserción internacional y, por encima de todo, controlar su economía. Las actividades contrarrevolucionarias en la Cuba socialista desde 1959 son apenas la punta del iceberg de lo que Washington ha hecho en Centroamérica y el Caribe durante un siglo y medio. El hegemón norteamericano también ha impulsado milicias reaccionarias en Nicaragua o El Salvador, además de facilitar golpes de Estado en la región. El Tratado de París de 1898 y la fundación de la República de Panamá en 1903 como enclave imperial estadounidense fueron los dos grandes hitos que consolidaron la dominación.

Estados Unidos buscaba el control del territorio por motivos geoestratégicos y geoeconómicos, sí. Pero, ante todo, los grandes beneficiados de la violencia norteamericana en la región fueron un puñado de grandes capitalistas estadounidenses, entre los que se destaca la United Fruit Company. Los monopolios de Estados Unidos controlaban no solo los recursos centroamericanos, sino también las cadenas de suministros y algunas infraestructuras estratégicas de los países de la zona.

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La presencia estadounidense en Centroamérica alteró definitivamente la estructura de clases en la región. El pequeño campesinado propietario desapareció, de igual forma que lo hizo cualquier pretensión en pos de economías diversificadas fundadas sobre la base del multicultivo. Monocultivo, dependencia y grandes propietarios: esa era la Centroamérica que necesitaba Estados Unidos. Para que pudiera ser efectiva, pasó por encima del campesinado regional y vulneró sistemáticamente la soberanía política de las naciones.

La United Fruit Company, el conglomerado hoy conocido como Chiquita Brands, se hizo con el control de los plátanos. “El Pulpo” se expandió por Nicaragua, Panamá, Colombia, Honduras… pero, sobre todo, se hizo literalmente con el control de Guatemala. A través del apoyo explícito del aparato estatal estadounidense, la UFCO llegó a controlar los terrenos de Puerto de Barrios, en el mar Caribe, lucrándose mediante el cobro de aranceles, así como el ferrocarril que unía esta región y la Ciudad de Guatemala.

Sobornos, extorsiones y amenazas a la clase política nacional fueron mecanismos habituales para lograr los objetivos económicos del monopolio, que llegó a conseguir una concesión pública que le otorgaba el control del 42% (sic!) del suelo cultivable guatemalteco, además de sendas exenciones fiscales. Al tiempo que se hacía con el control de Guatemala, subyugaba a sus trabajadores, a los que sistemáticamente pagaba en bonos que solo podían ser utilizados en tiendas subsidiarias de la propia United Fruit Company. Cuando el campesinado nacional osaba hacer valer sus condiciones de vida, “El Pulpo” empleaba la represión, las hambrunas planificadas y el desempleo forzoso vía ociosidad de la tierra para imponerse. El Estado guatemalteco ni podía ni quería defender a sus campesinos.

Violencia, represión e imperialismo

Como es ley en el capitalismo monopolista, los intereses económicos del imperialismo norteamericano y de sus grandes conglomerados fueron defendidos por la fuerza cuando fue necesario. Estados Unidos invadió Honduras siete veces entre 1903 y 1905, casi siempre con el objetivo declarado de hacer valer los intereses de la UFCO, la Standard Fruit Company y otros monopolios fruteros o mineros. A su vez, entre 1912 y 1933, Washington sostuvo su presencia militar en Nicaragua para reprimir las rebeliones internas y, de paso, impedir la entrada de capitales europeos en la región.

Bajo la premisa de la doctrina Monroe, Estados Unidos desplegó inmensas campañas de violencia sobre Centroamérica. Los Estados de la región no solo no debían ganar independencia política efectiva, sino que debían convertirse directamente en subsidiarias de los monopolios norteamericanos. Para ello, dominaba forzosa o espuriamente la política nacional de estos países y, cuando se le iba de las manos, se reservaba el “derecho” de intervenir de forma cruda.

Los golpes de Estado fueron recurrentes, aunque quizá el más ilustrativo fue el que impulsó en Guatemala. Allí logró gobernar un movimiento político desarrollista, soberanista y redistribucionista. Lo hizo primero con el presidente Juan José Arévalo (1945-1951), padre del actual mandatario Bernardo Arévalo, y después con Jacobo Árbenz (1951-1954). Ambos dirigentes impulsaron transformaciones estructurales en Guatemala, especialmente en lo referente a la posición de la United Fruit Company en el país. La alfabetización y la redistribución acompañaban a la medida “estrella” de sus gobiernos: la reforma agraria.

La premisa era simple: Lejos de servir al país, “El Pulpo” y Estados Unidos sumían a Guatemala en la dependencia, la desindustrialización y la pobreza. A su vez, era la causa de fondo por la que el Estado guatemalteco no había podido desarrollar unas instituciones sanas y una infraestructura integral. La reforma agraria dotaba de tierras a los campesinos y definía expropiaciones y estatizaciones que atacaban frontalmente a la UFCO. El conglomerado buscó el auxilio del Gobierno estadounidense, advirtiéndole del carácter “comunista” —falso, por cierto— del Ejecutivo de Arbenz.

En 1954, la experiencia desarrollista guatemalteca fue cortada de raíz. Al exitoso golpe de Estado le siguió la represión estatal, la violencia y los gobiernos títeres alineados con Washington y la United Fruit Company. Para más inri, Estados Unidos acuñó el término “República bananera” en referencia a países como Guatemala, obviando que su dependencia y el carácter de monocultivo de sus economías había sido impuesto durante décadas por la propia Norteamérica.

Fuente: Diario Red