Ocoa: ¿Cómo se puede hacer tanto con tan poco y para tantos?

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Pablo McKinney

El pasado martes les contaba que después de mi frustrante recorrido por lo que algún día será la avenida de circunvalación de Baní, asistí al 5º Festival Literario del Surorganizado por el Ateneo Ocoeño para hablar de periodismo, literatura, y de mis amores regionales, (Baní, off course).

¿Qué ocurrió allí exactamente? Ya les explico: Resultó que una “barsa” de locos por amor, con mucho corazón y dos centavos se montaron una feria literaria internacional de ensueño que vino a demostrarnos la razón por la que Borges imaginaba el paraíso en una biblioteca. 

Y así, hubo una “Noche poética en el colmadón”, conNeruda y Machado, entre cervezas, bachatas de El Gringo (más perdido de amor “que un conuco sin desyerbo”), y muchachas  que conocían a Borges y citaban a Benedetti, ¿Lo imaginan? 

Y hubo talleres sobre “la lectura como arma para ser libres”, sobre los “beneficios de adquirir el hábito de lectura”, y todo en Ocoa, en La Ciénaga, El Pinar, El Naranjal. ¡Como lo oyen!

Por haber, hubo hasta “Poesía en la Guagua”, una actividad en donde, con apoyo popular, los poetas sureños “tomaron” por asalto, como guerrilleros de la bendita palabra, el transporte público del pueblo para ofrecer breves recitales de poesía. No es fácil entender todo esto en un pueblo que tiene sus carencias, materiales pobrezas, necesidades, carreteras sin asfalto, pero tiene también la gran fortuna de vocación a la autogestión, su sentido israelí de pertenencia y defensa de la comunidad que es la gran casa de todos, sus históricas luchas sociales gracias a un poeta, León Felipe, que a través del padre Luis Quinn, (santo protector y patrón del pueblo), enseñó a los ocoeños lo que deberíamos saber todos los ciudadanos del país: que debe uno ir “con las riendas tensas y refrenando el vuelo, porque no es lo que importa llegar solo ni pronto, sino con todos y a tiempo”.

Pero vuelvo al Festival para preguntarles y preguntarme: ¿Por qué ocurren en Ocoa estas cosas, estas muestras de amor por las letras con gran participación popular? No tiene uno la respuesta completa, pero los ministerios de Cultura y de Educación deberían tratar de averiguarlo. Claro que en el evento estuvo la mano amiga del Banco Popular, del Banco de Reservas, Café Santo Domingo, Marmotech, pero sobre todo estuvo el pueblo de Ocoa, los cronopios sureños, ya digo, y hasta estuvo el recuerdo de una muchacha dueña de unos ojos “verdetristemar” que me obligaron a preguntarle con Huidobro: “¿Irías a ser muda, que Dios te dio esos ojos?”

¿Cómo se puede hacer tanto con tan poco y para tantos? Queda aquí la invitación al presidente Abinader para que, después de transitar por la avenida de circunvalación de Baní en construcción, convoque a Ocoa al gabinete cultural y educativo de su gobierno en pleno para que todos compartan con un pueblo excepcional, laborioso y responsable, que lee poesía en las guaguas y participa en noches poéticas en sus colmadones, justo en los tiempos del reinado mundial de Tokischa y Bad Buny.