Los latinos que se alejaron de Trump, pero desconfían de los demócratas: “Necesito ver hechos para volver a creer”

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Casi 4 de cada 10 votantes hispanos forman parte del “grupo de interés moderado”, que aún no sabe por quién votar en las ‘midterms’ de noviembre, de acuerdo a un estudio de UnidosUS

Los últimos dos años han sido, dice, “una montaña rusa de emociones”. Votó por Donald Trump para presidente, la migra se llevó a su esposo, se quedó a cargo del negocio de camiones de carga y de los tres hijos, y vio cómo los planes de su vida se le escurrían despacio entre las manos. Ahora faltan 20 días exactos para las elecciones de medio término en Estados Unidos y no hay promesa, ni de republicanos ni de demócratas, que a Jessica Ruiz aún la convenza para levantarse el 3 de noviembre, manejar por las calles de Miami y llegar al centro de votaciones del Distrito 28 de Florida.

En las papeletas para su escaño a la Cámara de Representantes aparecerán los nombres del republicano Carlos A. Giménez, que ofrece reducir impuestos e incentivar los empleos; el del demócrata Phil Ehr, que asegura que rebajará las primas de los seguros médicos y luchará por la vivienda; y el independiente Eddy Rojas, que pretende proteger Medicare o reducir el costo de vida. Pero ninguno de estos candidatos, ni sus intenciones, le dicen nada en particular a Ruiz.

“No siento que ninguno de los dos partidos me represente”, asegura la cubanoamericana. “Después de lo que hemos vivido, necesito ver hechos y compromisos que se cumplan para volver a creer”.

Fueron meses terribles para Ruiz mientras su esposo, Antonio Lopetegui, permaneció encerrado en las improvisadas carpas del centro de detención Alligator Alcatraz. Las ventas del negocio mermaron; los clientes apenas querían confiarle a ella, una mujer, los contenedores de vegetales que cada semana transportaban de California a Miami. Y los niños preguntaban por qué el padre no estuvo en su primer día de clases, o por qué ya no los llevaba a hacerse los cortes con el barbero. Hace poco más de un año que Lopetegui regresó a casa, retomó el negocio, volvió a hacer sus tareas de padre, pero la marca que dejó esa detención en la vida de Ruiz no tiene vuelta atrás. La transformó por completo.

Si hace dos años era una votante republicana, ahora no lo es. Si antes le preocupaba, más que todo, el rumbo de la economía del país, ahora no entiende de una vida próspera sin una vida tranquila. “Hoy siento decepción. Yo voté con una esperanza, pero lo que hemos vivido como familia ha cambiado cómo me siento respecto a esa decisión”, dice. Aún no tiene idea de qué va a hacer en noviembre, si va a votar y, en ese caso, por quién lo haría.

Se alejaron de Trump pero desconfían de los demócratas, los latinos a quienes nadie logra convencer
Jessica Ruíz (derecha) junto a su familia en una imagen sin datar.Cedida

Ruiz no es la única latina que, tras sentirse traicionada por Trump después de darle su voto hace dos años, ahora forma parte de un grupo que se alejó de él, pero al que nadie hasta hoy ha logrado captar. Un reciente estudio de UnidosUS, una organización de defensa y derechos civiles en Estados Unidos, develó que casi 4 de cada 10 votantes hispanos forman parte de lo que han nombrado el “grupo de interés moderado”, un bloque que representa el 38% del electorado hispano y que aún se encuentra indeciso con vistas a las elecciones de medio término. De ese mismo grupo de votantes, el 46% no apoyaría a Trump si él volviese a estar en la papeleta.

No son un grupo que ninguno de los dos partidos puede darse el lujo de perder. Son un bloque dentro de un electorado de unos 39 millones de personas que tendrá un peso contundente en la próxima contienda. “Los latinos son ahora mismo el nuevo Estado péndulo”, asegura Frankie Miranda, presidente y director ejecutivo de la Federación Hispana. “Los latinos están exigiendo respuestas a las preguntas que ellos tienen sobre sus problemas particulares y también sobre cómo van a resolver las promesas rotas. Se predice que, una vez más, son quienes van a tener el poder de decidir quién va a estar a cargo del Congreso en enero”.

La migración, un problema económico

De acuerdo con el análisis de UnidosUs, si algo preocupa hoy a este grupo de votantes hispanos indecisos es la economía, cuánto se les ha encarecido el costo de la vida. En segundo lugar, les desvelan cuestiones como los empleos y los salarios, seguido del costo de la atención médica, luego el de la vivienda y, en quinto lugar, la necesidad de una reforma migratoria.

Algunos se han preguntado cómo, en una comunidad particularmente asediada por los arrestos y las deportaciones que ha llevado a cabo el Departamento de Seguridad Nacional en todo este tiempo, los votantes latinos siguen anteponiendo la economía ante el miedo que ha desatado la cacería antiinmigrante. Según Delmarie Alicea, Abogada de LatinoJustice PRLDEF, esto evidencia que el tema migratorio es también un problema económico.

“Las políticas que afectan a trabajadores inmigrantes también pueden repercutir en la disponibilidad de mano de obra, los costos de transporte y, en última instancia, el bolsillo de muchas familias”, dice. “Los votantes quieren que el gobierno atienda tanto su seguridad económica como sus derechos, su dignidad y la estabilidad de sus familias”.

Niover Licea lo ha visto, y lo ha padecido, en los últimos dos años. Trajo a Estados Unidos a gran parte de su familia en 2024 con el programa de parole humanitario que la Administración de Joe Biden le extendió a los cubanos. Una vez que la presidencia de Trump desmanteló sus beneficios, no solo su padre se repatrió a la isla por la incertidumbre en que vivía, sino que a su cuñada y a su hermano no les han renovado sus permisos de trabajo. Ahora recae en él gran parte de la manutención de la familia.

“Yo tengo una gran responsabilidad con ellos”, cuenta por teléfono. “Desde que decidí traerlos con parole humanitario, yo soy su responsable económicamente”.

El periodista Niover Licea en las instalaciones de Univisión, en una imagen sin datar.
El periodista Niover Licea en las instalaciones de Univisión, en una imagen sin datar.

También es manager de una compañía de servicios en Carolina del Norte, donde lleva dos meses tratando de conseguir tres empleados que cubran horarios nocturnos. “Me cuesta mucho encontrar trabajadores, mucha gente se ha repatriado, se ha escondido, se ha mudado. Y los salarios en este instante no son suficientes”, asegura.

En noviembre de 2024, Licea, de 51 años, estaba convencido de que su voto a Donald Trump era una ganancia. Carolina del Norte, que para entonces era un Estado indeciso, terminó dándole el 51,0% de los votos al republicano frente al 47,7% de Kamala Harris. Pero casi dos años después, Licea no titubea para decir que todo ha sido “muy decepcionante”.

“No fue nada de lo que pensamos o lo que económicamente pudo haber sido”, sostiene. A veces su pareja, que es demócrata, le recuerda que todo lo que ha pasado en los últimos dos años no es nada que Trump no hubiese anticipado, cuando en sus campañas electorales prometía llevar a cabo la deportación más grande de la historia del país. “Pero no nos imaginamos que iba a ser de esa forma”, dice él. “Esto ha afectado muchísimo a la familia latina. La derecha conservadora ha pasado por alto que el votante hispano tiene poder”.

Licea ahora mismo “pone en duda” si todavía es o no un votante republicano, aunque esto “no quiere decir que sea demócrata”. “He visto que la gente ha sacado provecho de uno y otro partido; hay una corrupción total en el ecosistema de gobierno. Estoy sumamente decepcionado, no siento vergüenza de decir que me equivoqué”, dice.

El escepticismo de los votantes

La desconfianza o la falta de fe política mantiene a muchos votantes en el limbo del escepticismo. El estudio de UnidosUS precisa que solo el 64% de los hispanos indecisos dice estar seguro o casi seguro de votar en las próximas elecciones, una contienda que podría decidir el equilibrio del gobierno federal en los próximos dos años.

Sin embargo, ni en Ruiz ni en Licea este malestar ha sido más fuerte que sus deseos de ver algún tipo de cambio en la Administración actual.

“Entiendo que votar es una forma de hacer escuchar mi voz”, dice Ruiz. Por eso, de aquí a noviembre va a evaluar su decisión. “Quisiera tener confianza en que algo pueda cambiar. Me preocupa que otras personas sigan viviendo con esa incertidumbre y ese miedo que nosotros conocemos tan bien. Buscaría un partido que escuchara las preocupaciones de las familias y ofreciera soluciones reales”.

Licea es de los que piensan que las cosas aún “pueden resolverse”. Está seguro de que Trump va a perder las elecciones, porque su gobierno, dice, “se ha centrado en los ultrarricos, la inflación es galopante, los precios no bajan y él se ha peleado en nombre de todos los estadounidenses”. Y si un voto demócrata cambia la situación “para miles de personas afectadas por las políticas actuales”, dice que los votaría “por conciencia”. “Lo haría, aunque no me identifique con ellos”, sostiene.

Una parte de este electorado ha optado, de momento, por no salir a las urnas, porque piensan que nada va a resolver las situaciones que ahora mismo les apremia. Alicea, de LatinoJustice, está de acuerdo en que ninguna elección “resuelve todos los problemas de inmediato”, pero cada voto, dice, “contribuye a definir quién toma las decisiones y a quién escucha”.

“Estas elecciones importan porque quienes ocupan cargos públicos toman decisiones que afectan la economía, la vivienda, la educación, los derechos civiles y la capacidad de las comunidades para participar en nuestra democracia”, sostiene la abogada. “El voto permite que las personas expresen si están de acuerdo con esas decisiones y qué rumbo quieren para el futuro”.

Fuente: EL PAIS