La Navidad dominicana se configura como un fenómeno en el que convergen la cultura, las emociones y la economía
La llegada de la Navidad en la República Dominicana es mucho más que una fecha en el calendario. Se trata de un fenómeno cultural, social, económico y emocional que comienza a manifestarse desde octubre, cuando algunas familias empiezan a decorar sus hogares, las emisoras de radio incorporan a su programación los tradicionales merengues navideños y los comercios anuncian sus ofertas y exhiben artículos propios de la temporada.
Desde la sociología, este comportamiento invita a plantearse una interrogante interesante: ¿Por qué los dominicanos comenzamos a vivir la Navidad mucho antes de diciembre?
Más allá de su significado religioso, la Navidad constituye una expresión de la identidad cultural dominicana, en la que convergen la alegría colectiva, la música, el consumo, las tradiciones familiares y el deseo de reencontrarse con los seres queridos. Es también un espacio de interacción social en el que se fortalecen los vínculos afectivos, se transmiten valores y se reproducen costumbres que forman parte de la identidad nacional.
Desde esta perspectiva, la sociología permite analizar la Navidad como una práctica colectiva que refleja tanto la solidaridad, la convivencia y la unión familiar como las desigualdades económicas, las diferencias culturales y las presiones sociales asociadas a esta época del año.

La socióloga e investigadora dominicana Mary Cantisano explica que la Navidad es una manifestación de sincretismo cultural. Aunque tiene un origen cristiano, al conmemorar el nacimiento del niño Jesús, sus expresiones han evolucionado con el tiempo y adquieren distintos significados, según el contexto social.
“Pero a la vez la manifestación cultural en torno a esta fiesta recibe cambios culturales y expresiones diferentes y tiene diferentes connotaciones según las clases sociales y la ubicación geográfica”, explica la estudiosa.
En República Dominicana, esta celebración adquiere características particulares, entre ellas su prolongada duración. A diferencia de otras culturas en las que las festividades navideñas se concentran principalmente en diciembre, en el país el ambiente comienza a sentirse desde octubre, una época en la que la música, las decoraciones y las actividades comerciales anuncian anticipadamente la llegada de las fiestas.
Cantisano destaca que esta costumbre está profundamente vinculada con la cotidianidad de los dominicanos y con la necesidad de encontrar espacios de alegría en medio de las dificultades. “Empieza desde que comienzan los ‘bre’. Es una forma de sobrellevar nuestra cotidianidad, las preocupaciones y las inseguridades”, afirma.
Sin embargo, también advierte que la celebración navideña debe analizarse en el contexto de una sociedad marcada por la lógica neoliberal y la cultura del consumo.
“En ese escenario, el entusiasmo por la Navidad se relaciona no solo con las tradiciones y los encuentros familiares, sino también con las expectativas económicas que genera la llegada del salario número 13, conocido popularmente como regalía pascual”.
Fuente: Hoy

