Escrito Por: Pablo McKinney
Casi vencido, somos un país atrapado entre los fantasmas de sus monstruos totalitarios: el trujillismo que nunca se fue y el Trump que viene llegando, porque nuestros partidos, seducidos por las preferencias de un electorado alienado por algoritmos y la economía de la atención, se alinean con las políticas neofascistas del presidente de Estados Unidos y sus amigos tecno-oligarcas y feudales.
Así andaban las cosas cuando los místeres, después de desmontar en todo el mundo la vieja USAID con todo y su poder blando, se pusieron a crear la suya, ahora apoyados en populosos influencers estrechamente conectados con segmentos importantes del electorado.
En el caso dominicano, ahí están estos muchachos coronados y terribles, haciendo pan con su trigo, bendecidos por la Embajada y, como consecuencia lógica, siendo recibidos formalmente por nuestras viejas élites o por las nuevas oligarquías post-Balaguer (1978), creadas por el PRD y el PLD, quienes han leído la señal de la casona de la avenida Colombia, y se han colocado donde la capitana procónsul los vea. Por eso, vistos los hechos, los “americanos escudos”, digamos que el país marcha hacia un trumpismo desquiciado, basado en estrategias de redes sociales, cámaras de eco, granjas de bots —ya denunciadas y confirmadas en el continente—, y mucha, mucha, demasiada postverdad.
Lo anterior explica que nuestros grandes partidos compitan por las caricias del Nerón anaranjado. Ya Leonel dijo que, como la MAGA trumpiana, él quiere volver a hacer grande a la República Dominicana again y again.
Hace unos días Trump dijo que el presidente Abinader “es un buen tipo” (nada más que un buen tipo), y aquello fue la locura. Las declaraciones de ministros y voceros sugerían que, cual Neruda, Trump le había dedicado “El testamento de otoño”, como si fuera Matilde Urrutia:
“Mi amor es un niño que llora: no quiere salir de tus brazos;
yo te lo dejo para siempre: eres para mí la más bella”.
O aquella pregunta de todas las pasiones que guarda el Canto II de Altazor:
“¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío.” ¡No te jode!
Por primera vez desde 1978, Dominicana irá a unas elecciones como quien va al martirio. Somos el país de los lúgubres cuarteles del odio y el racismo: pobres mulatos y negros odiando y discriminando a otros un poquito más negros y muchísimo más pobres.

