La hora maldita de los hornos fascistas

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Escrito Por: Pablo McKinney 


Lo dijo Rafael Narbona, autor de Maestros de la felicidad: «Ante el avance del racismo, la xenofobia, la discriminación y la desigualdad, la moderación ya no es posible». ¡Y tiene razón! Se acercan tiempos definitorios y definitivos para la humanidad. El fascismo nos orina encima, pero europeos y americanos creemos que llueve.

Viendo lo que ocurre ahora mismo en Gaza, en el Caribe o en cualquier calle de Minnesota, de alguna manera estamos ya en una guerra terrorista, tercera y mundial. Solo que, hasta ahora, los asesinatos y los abusos los padecen unos, mientras los otros, megalómanos y crueles, pacientes de Hybris, cuando cae un rayo aseguran que es Dios intentando tomarles una foto.

En Alemania, el partido Alternativa para Alemania (AfD), de ultraderecha y con simpatías confesamente nazis, obtuvo el primer lugar en las elecciones al Parlamento estatal de Sajonia-Anhalt, con el 43,8 % de los votos. Con prisa y sin pausa, la ultraderecha avanza en Europa y en Estados Unidos, que ahora, con su corolario Trump, busca imponer su modelo fascistoide en los países de la América mestiza y del Caribe mulato, mediante artimañas tecnológicas —a lo Cambridge Analytica— y chantajes económicos, como el que condicionaba la entrega de un paquete de apoyo financiero de 20.000 millones de dólares a que la gente votara por el actual partido gobernante en Argentina, lo que restó toda validez democrática a los resultados.

En esa nueva sociedad, con monstruos venerados, bendecidos y promovidos, la verdad y el respeto a los derechos humanos importan poco, digamos que casi nada. Entonces, ¿qué queda de una democracia en la que la verdad no es importante y tampoco importan los derechos de los adversarios, aun siendo eslavos, anglos o arios, caminando por una acera o conduciendo un coche en Minnesota?

El ICE estadounidense y el genocida ejército de Israel —que va camino de superar con creces y sangre las matanzas nazis contra los judíos— son el mejor ejemplo del mundo que va llegando y de los monstruos que van naciendo, anunciados por Gramsci. En Gaza, Palestina; en las calles de Minnesota; en las aguas del Caribe; en algún lugar de Caracas o en cualquier esquina de la América de los americanos —no solo de los estadounidenses—, están renaciendo el horror nazi, el genocidio estalinista y el infierno camboyano de Pol Pot. Todo junto. El infierno. La hora maldita de los hornos fascistas.