Los informes de las misiones de observación electoral luego de las elecciones celebradas en el 2024-febrero y mayo- fueron coincidentes cuando señalaron la abstención.
Escrito Por: Carmen Imbert Brugal
Los informes de las misiones de observación electoral luego de las elecciones celebradas en el 2024-febrero y mayo- fueron coincidentes cuando señalaron la abstención.
La participación de la ciudadanía en el proceso fue un mentís al entusiasmo del partido oficial y al porcentaje establecido como determinante para el triunfo. La validación en las urnas fue escasa, democracia de y para minorías.
El órgano electoral dominicano -JCE- evaluó como advertencia el resultado y aceptó recomendaciones para indagar los motivos de la displicencia de la ciudadanía, renuente a participar en las elecciones. Acrecentó su prestigio institucional aceptando la propuesta del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) para investigar las causas de la abstención y el trabajo fue encomendado al emblemático Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL).
Encomiable la propuesta y el convenio que permitió realizar el “Estudio sobre la abstención electoral en la República Dominicana: voto nacional y en el exterior, elecciones 2024” investigación pionera en la región.
Los hallazgos sirven para el análisis, para la ponderación sesuda, lejos de sospecha o animadversión. Diferente hubiera sido la actitud si la investigación “multidimensional” obedeciera al encargo de algún partido político o de alguno de los grupos cívicos “apartidistas” que siempre han pretendido controlar el órgano y pautar el rumbo de los procesos electorales.
La validación internacional de la JCE es indudable. El empeño de administraciones anteriores ha favorecido la inclusión en organismos electorales, participación continúa en encuentros, suscripción de acuerdos, adecuación técnica.
Es costumbre la colaboración con los pares, las asesorías, la capacitación. Hay constancia de facilitación de equipos y personal para celebrar elecciones en otros países. El descrédito es local, episódico y obedece a los intereses partidistas y de organizaciones de la sociedad civil cuya dirigencia está convencida de que para garantizar privilegios y vigilancia necesitan ocupar espacio en el Pleno por encima de la deshonra ajena.
Por eso es presumible que el IIDH no se sorprendiera con el convenio que permitió la investigación y gustoso aceptó la ejecución para continuar validando la autoridad del órgano y auscultar el devenir electoral.
Los hallazgos de la investigación son preocupantes. La displicencia de un electorado cada vez más exiguo es una alarmante alerta que debe ser atendida con urgencia por la sociedad dominicana, no solo por las organizaciones políticas.
¿Qué ha pasado, por qué el desgano? El trabajo contiene hipótesis atendibles. Ya ni el clientelismo seduce, esa oferta de decretos, impunidad, de alcohol y onzas de coca, parece insuficiente.
¿Influirá la ausencia de liderazgos nacionales, la sustitución del político, aunque sea fanfarrón, por el narco aspirante? ¿Será por el oprobioso “más de lo mismo” con judicialización política incluida?
Lo acontecido con el voto fuera del país obligaría revisiones para abocar en decisiones contundentes, lejos de populismo.
La prevención está hecha. Es importante ponderar la reflexión contenida en la página 236 del Estudio: “El camino propositivo para fortalecer la participación no consiste en exhortaciones morales al deber cívico sino en reconstruir la utilidad real del voto, garantizando que el sistema sea percibido como un espacio de representación auténtica libre de presiones y orientado a resultados de bienestar colectivo”.
Fuente: Hoy

