Auditoría visual

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La capacidad de observación ciudadana posee una poderosa carga sancionadora, esencialmente por el afán de algunos compatriotas de exhibir ascensos y éxitos. En un país de profundas desigualdades, el acceso a la movilidad genera competencias de toda índole, dándole un carácter de selva a los participantes en la feria de triunfos.

Escrito Por: Guido Gómez Mazara

La capacidad de observación ciudadana posee una poderosa carga sancionadora, esencialmente por el afán de algunos compatriotas de exhibir ascensos y éxitos. En un país de profundas desigualdades, el acceso a la movilidad genera competencias de toda índole, dándole un carácter de selva a los participantes en la feria de triunfos.

Desgraciadamente, una sociedad sobreexpuesta a estímulos aspiracionales construye parámetros de exhibición como trofeo identitario. Y el lujo representa la meta a conseguir, creando un ejército de soñadores dispuestos a allanar todas las vías para, una vez logrado su objetivo, sentirse amos del universo.

Existen múltiples reacciones ante la opulencia. Ahora bien, cuando los patrimonios estructurados alrededor del poder se hacen tangibles, los comportamientos estridentes sirven de activador rabioso en capacidad de constituirse en pieza de escándalo. Por eso, la sanción social de los desbordamientos necesita de una inmediata toma de conciencia política que bloquee la posibilidad de que prácticas invertidas terminen asumiéndose como modelo de conducta.

Los ejercitantes del mundo político poseen una sustancial cuota de responsabilidad en el establecimiento de comportamientos y estilos, siempre emulados en segmentos deseosos de parecerse a los que consideran sus referentes. En ese sentido, el deseo de lucro y su fatal asociación con la corrupción tienen en el presupuesto nacional la fuente de atracción por excelencia. Tanto la noción de movilidad social como económica han servido de resortes históricos de legitimación de grandes fortunas, esquivando el sentido de servicio y entrega a las mejores causas nacionales. De ahí, el triste escenario de que los jóvenes de los barrios, las franjas marginales y diversos sectores de la sociedad tengan una idea de las tareas públicas estrictamente asociada al lucro y la acumulación.

Pero esa asociación entre función pública y enriquecimiento también distorsiona la manera en que observamos el fenómeno. La auditoría visual suele centrarse en el servidor público, pero frecuentemente olvida que detrás de cada práctica corrupta en el ámbito de lo público existe una trama de complicidades privadas. Y es apelando al espíritu de preservación del modelo democrático que debemos promover una toma de conciencia para evitar que los fenómenos de acumulación indecorosa representen el molde a seguir y la aspiración por excelencia de altísimas franjas ciudadanas. La tarea es de todos.

Fuente: Hoy