El sabio consejo de un banilejo de Gurabo

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Escrito Por: Pablo McKinney

Todo se reduce a la sabia expresión del expresidente Hipólito Mejía, quien, apelando a la inteligencia de sus ancestros banilejos de Cañafistol, dijo, más o menos: «La macro debe alimentar a la micro para que ésta pueda boronear a los de abajo». ¡Toma ya! Ni el dúo dinámico Dauhajre–Aristy podría haberlo dicho mejor.

Esta semana, las autoridades correspondientes, con Valdez Albizu a la cabeza, junto a los responsables del sistema financiero nacional, saludaron la marcha de nuestra economía: crecimiento por encima de la media regional, buen flujo de divisas, inflación controlada y reducción de la pobreza. El peso, más que estable, luce fuerte frente al dólar. Además, con la inauguración de túneles, elevados y la circunvalación de Baní, el querido Sur está ahora treinta minutos más cerca del resto del país. Sin embargo, en la cotidianidad de los sectores más pobres parecería que esos datos macro no se han traducido en beneficios palpables en la micro, en el colmadón o el supermercado. Esa es la percepción dominante, tal como revelan las encuestas. (Ser declarado por la FAO/ONU “País de Hambre Cero” es, sin duda, la mejor noticia de 2026).

Algo habrá hecho muy bien el gobierno para mostrar estadísticas macroeconómicas tan favorables y mantener la estabilidad política y económica pese a las crisis internacionales: Ucrania, Gaza, Irán, el constante genocidio israelí contra el pueblo palestino, las amenazas imperiales contra Canadá, Groenlandia, México o Brasil; todo, pese a una Europa despistada y a un señor convicto y abusador  que, —cual Atila—, arrasa todo a su paso como un elefante borracho en una cristalería. Pero no basta. 

El presidente Abinader sabe adónde quiere llegar y conoce el camino. Ahora se trata de recorrerlo. Un monstruo gramsciano amenaza nuestra democracia. Como aquel el sargento francotirador estadounidense que, en aquel abril de héroes (1965), apostado en los silos de Molinos Dominicanos cazaba patriotas en Ciudad Nueva, así a esta patria nuestra la acosa el cara pálida. La acosa, la abochorna, la insulta, le vomita, la humilla y le dispara a matar. 

Analizados los hechos, es hora de empoderar a “los humildes, del montón salidos”, antes de que la demagogia populista los convenza de que todo está perdido y los arrastre hacia la barbarie, el caos. Y todo ello, porque no fuimos capaces de trasladar las bondades de la macro a las necesidades de la micro, como bien dijera un banilejo de Gurabo.