Escrito Por: Pablo McKinney
Es la frase más utilizada por las víctimas de campañas de difamación: “El tiempo pone todo en su lugar”, quienes de ahí pasan a citar el libro del Eclesiastés: “Todas las cosas debajo del sol tienen su momento (…) Hay tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo”.
Sin embargo, lo que ha venido a poner en su lugar, después de 20 años de maledicencia contra Guido, no ha sido exactamente el libro del Eclesiastés, sino otro texto publicado en 2025: Los lingotes de oro de Bob. La caída del más corrupto senador de Estados Unidos. Sus autores, los periodistas de investigación Isabel Vincent y Thomas J. Anderson, al relatar con el mayor rigor periodístico posible la caída del senador Menéndez, reivindican al dirigente político dominicano al desmentir la versión de sus adversarios políticos dentro y fuera de su partido de entonces (PRD), quienes lo vinculaban al mundo del narcotráfico, y demostrar cuáles fueron las verdaderas razones por las que le fue retirado el visado estadounidense. (Gold Bar Bob narra las acciones del senador para obtener ganancias y enriquecer a una red que incluía a la mafia de Nueva Jersey y a empresarios del Caribe, América Latina y Oriente Medio).
Para Gómez Mazara, la publicación de este libro reafirma la verdad que él ha sostenido durante todos estos años y en la que pocos creyeron, tratándose de una fuente con tanta credibilidad en el tema como la mismísima embajada de los Estados Unidos. Posiblemente, por mediación del bíblico Eclesiastés y sus dones, recientemente la actual embajadora de EE. UU. en el país, Leah Campos, denunció que en la sede diplomática se presionaba e incluso se llegó a cancelar visados como forma de ejercer presión por motivos políticos. Al escuchar tal declaración, uno recordó aquel encontronazo en el despacho presidencial entre el mandatario Mejía y Guido Gómez frente al embajador estadounidense de entonces, Hans Hertell, defensor del emisario que transmitía desde Miami con el favor del senador de los lingotes de oro.
Nueve páginas del libro (117–126) han bastado para confirmar que el Eclesiastés tiene razón. Dios se encarga de colocar las cosas en su lugar y, de paso, sepultar la maledicencia del sicariato mediático, las mezquindades politiqueras, el donjuanismo vencido y el proxenetismo celestino de champán, mujeres “buenonas” y millones de dólares frente al mar.

