Escrito Por: Rosario Espinal
En una región y un mundo lleno de sorpresas, inestabilidad y polarizaciones políticas, la República Dominicana sobresale por su persistente estabilidad y el bajo nivel de polarización, aunque a veces los procesos electorales confundan y den la impresión de que se libra una batalla feroz.
En una región y un mundo lleno de sorpresas, inestabilidad y polarizaciones políticas, la República Dominicana sobresale por su persistente estabilidad y el bajo nivel de polarización, aunque a veces los procesos electorales confundan y den la impresión de que se libra una batalla feroz.
Durante los últimos 60 años han gobernado cuatro partidos, y dos de ellos han emanado de divisiones del PRD: el PLD y el PRM.
La matriz partidaria original se fracturó: el Partido Reformista se consumió en divisiones y el PRD colapsó después que parió al PRM. Pero, aunque el sistema de partidos ha cambiado producto de las divisiones, se ha mantenido vigente y la clase política intacta. Hasta los vencidos encuentran cómo seguir usufructuando.
Por muchos años me han preguntado cuándo surgirá un outsider que dé al traste con la partidocracia; o sea, un candidato presidencial al margen de los principales partidos políticos.
Mi respuesta siempre ha sido (incluido este momento) que no veo condiciones propicias para el surgimiento de un outsider con posibilidades presidenciales.
Las razones para dar esta respuesta son las siguientes:
El sistema de partidos dominicano, aunque maltratado por las luchas caudillistas, las divisiones, y la incapacidad de los gobiernos para realizar reformas necesarias, no ha colapsado. Esto hay que resaltarlo porque la probabilidad de un outsider se potencia cuando colapsa el sistema de partidos.
Para el 2028, el PRM, la Fuerza del Pueblo y el PLD tienen candidatos disponibles, todos con arraigo en la sociedad dominicana, para impulsar una campaña exitosa. Así que, a pesar de que los partidos políticos tengan baja estima en la ciudadanía, y el porcentaje que dice no simpatizar por ninguno ha aumentado en los últimos años, por esos partidos se decantará muy probablemente la inmensa mayoría de los electores.
La economía dominicana experimenta problemas, agravados actualmente por el aumento del precio del petróleo, pero no crisis. Una crisis económica prolongada es uno de los factores claves que contribuye al colapso del sistema de partidos. Sin ella, los partidos del sistema tienden a sobrevivir.
El Estado clientelar-asistencial dominicano, ampliado en los últimos años, es un factor estabilizante de la política, a pesar de los riesgos económicos que acarrea cuando se conjuga con un gran déficit fiscal.
En el ámbito político, el Estado clientelar-asistencial permite incorporar como beneficiarios a un amplio segmento de la clase política (aun de la oposición), a empresarios, clase media y sectores populares. Es un factor esencial de protección e inclusión social.
Mientras ese Estado clientelar-asistencial pueda sostenerse sin crisis económica, difícilmente surja con éxito un outsider que en campaña prometa arrasar con todo al estilo Javier Milei, o con una campaña monotemática (criminalidad, por ejemplo) que reciba un cheque en blanco de la ciudadanía para erigirse en autócrata como Nayib Bukele.
La conjunción de los factores señalados ha permitido a la República Dominicana sortear los vaivenes de la política latinoamericana y mundial de las últimas décadas, manteniendo estabilidad política.
Por más odiados que sean los partidos políticos dominicanos, siguen generando las figuras que gobiernan el país y los votantes necesarios para elegirlos.
Fuente: Hoy

