El gobierno y los macarras de la difamación

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Escrito Por: Pablo McKinney

Tuvo razón el fallecido Papa Francisco cuando, ante el atentado de terroristas yihadistas contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, en enero de 2015, calificó como una atroz aberración el “matar en nombre de Dios”. Igual es de aberrante difamar/chantajear en nombre del periodismo. Y en eso estamos en este país.

Aunque debemos cuidarla con el celo de un padre frente al primer novio de su hija, en los actuales momentos el gran problema de la sociedad dominicana no es la ausencia o los límites a la libertad de prensa, empresa o expresión, sino la libertad que existe para difamar con fines mercuriales a través de conocidas (y reconocidas por gobierno y sector privado) empresas de sicariato mediático, que nada tienen que ver con ejercer el periodismo, ni les interesa hacerlo. ¡Chequéenlas! Hablo de bandas que no difaman para intentar dañar políticamente a sus víctimas (como fue el caso de las afirmaciones difamatorias vertidas por adversarios políticos contra Margarita Cedeño o Hipólito Mejía), sino para chantajear, cobrar, extorsionar. Celebrados y amorales, los señores son los macarras de la difamación.

En su Altazor, Vicente Huidobro pregunta: “¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?”, solo para responder: “Un cometa sin manto muriéndose de frío”. Uno, nada romántico en estos días difíciles que han retornado al mundo a la crisis de los misiles de Cuba, en 1962; el planeta al borde de un holocausto nuclear porque a un Nerón anaranjado le ha dado por humillar pueblos, secuestrar presidentes o difamar adversarios, y jugar a la guerra como si le diera por ver el partido España vs. Francia de esta tarde en el Mundial de fútbol… Ante tal escenario uno pregunta: ¿qué sería de la democracia si no existiera el periodismo? Sabido, como se sabe, que prensa y democracia son una redundancia.

El gran escritor británico G. K. Chesterton aseguraba que el periodismo “consiste esencialmente en decir que Lord Jones ha muerto, a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Dicho esto, piensa uno que el Gobierno debe convencerse de que, como Lord Jones, él también sigue vivo, que también sirven las sombras para distinguir la luz, que decía el Fierro; que este mal momento es un buen momento para comenzar de nuevo. Nos lo enseñaron los viejos y sabios japoneses: toda crisis es una oportunidad, la posibilidad de un relanzamiento.