Dauhjare califica de absurdo esquema impositivo en la ley de residuos sólidos

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Artículo: «Un dinosaurio impositivo»

Escrito Por: Andrés Dauhajre Hijo

Hace 150 millones de años, en el Jurásico Tardío, existió un dinosaurio con cabeza diminuta, de cuerpo pesado y grande, que se asemejaba a un lagarto con el vientre abultado. Estaba cubierto con placas que simulaban tejas. Estas, al aproximarse al lomo arqueado, formaban una especie de cordillera de picos triangulares que descendían, de mayor a menor, sobre el borde superior del lomo hasta desaparecer en la cola. De esta brotaban espinas que el “comedor de hierbas” utilizaba, según los expertos, para defenderse. Nos referimos al Estegosaurio. Ponga atención, por un momento, a la silueta que proyecta el espinazo de este dinosaurio en la foto.

Ahora pasemos a observar el gráfico que se desprende de la ley que aprobó, el pasado 29 de junio, el Congreso Nacional para “corregir” los disparates que previamente había aprobado el mismo Congreso y que luego fueron promulgados por el Poder Ejecutivo en las leyes 225-20 del 2 de octubre de 2020 y 98-25 del 15 de diciembre de 2025.

Los legisladores, asesorados posiblemente por “trucutuses” impositivos, evacuaron un tercer desatino que espera por la promulgación del Poder Ejecutivo. Lo primero que resalta del gráfico que resume la reforma de los dos dislates previos es que, al combinar un impuesto específico en pesos que varía con el rango de ingresos por ventas de las empresas, da lugar a un fenómeno que llevaría al zafacón todas las lecciones en materia de la teoría, principios y mejores prácticas de tributación que aprendimos de Khaldun, Mirabeau, Petty, Smith, Ricardo, Mill, Walras, Ely, Seligman, Einaudi, Pigou, Shoup, Kaldor, Vickrey, Buchanan, Harberger, Tanzi, Mirrlees, Diamond, Stiglitz, Atkinson, Jenkins, Conrad y Slemrod, entre otros. ¿A qué fenómeno nos estamos refiriendo? A la evacuación de un impuesto caracterizado por un número infinito de tasas efectivas de tributación. Para cada nivel de venta se genera una tasa diferente de tributación.

Pero peor aún, el esquema aprobado por el Congreso se distancia tanto de los sistemas de tasas uniformes como de los de tasas progresivas. El aprobado es un sistema de tasas arrítmicas, con la característica especial de que las arritmias son altamente regresivas: el que vende menos paga una tasa efectiva de tributación (TET) más elevada que el que vende más. Por ejemplo, una empresa que venda al año RD$1 millón, al pagar RD$5,000 de impuesto, tendría una TET de 0.50%; en cambio, si la empresa vende RD$1,000 millones, enfrentaría una TET de 0.175%, la tercera parte de la que pagaría la microempresa. Si la empresa vende RD$100,000 millones, la TET sería de 0.0022%. En otras palabras, a la empresa que vende RD$1 millón se le exigiría pagar una tasa efectiva de tributación 80 veces más elevada que la que pagaría una empresa que vende 100,000 veces más. ¿Algún legislador dominicano podría justificar el por qué ha votado a favor del establecimiento de una TET de 0.40% para un pequeño colmado formal que venda RD$100 millones, 182 veces más elevada que la TET de 0.0022% que ha fijado para un supermercado que venda RD$100,000 millones al año? Nos imaginamos a John Stuart Mill estremeciéndose en su tumba al ver como nuestro Poder Legislativo fija a un pequeño colmado formal un impuesto por peso vendido casi 200 veces más elevado que el fijado, por peso vendido, a un hipermercado.

Como se puede observar, el gráfico de la estructura impositiva aprobada por el Congreso replica la silueta del Estegosaurio. Eso, precisamente eso, es lo que han aprobado nuestros legisladores: un dinosaurio impositivo.
Eso es lo que sucede cuando un gobierno delega en legisladores sin formación en teoría y práctica de tributación y en empresarios con vasta experiencia en la defensa de sus intereses y ventajas comparativas en el traslado de la carga impositiva a decenas de miles de empresas pequeñas demasiado atomizadas para conformar un frente de oposición firme a aberraciones como la aprobada. Lo que se ha aprobado es un proyecto de ley absurdo que tenía como objetivo corregir las dos barbaridades previas evacuadas por nuestros legisladores.

Resulta verdaderamente alarmante, irracional e inconcebible que nuestros legisladores no comprendan el concepto de que el que más residuos sólidos genere por peso vendido, en cualquier planeta habitado por seres sensatos, debe enfrentar una tasa efectiva de tributación mayor que la asignada a los que menos residuos produzcan. Nuestros legisladores deben reconocer que hay empresas que generan más residuos sólidos que otras. Por ejemplo, una empresa generadora de electricidad renovable en un parque solar o eólico genera menos residuos sólidos que un supermercado o una supertienda. ¿Cómo se explica entonces que nuestros legisladores decidan que un parque solar y un supermercado con ingresos anuales de RD$1,000 millones paguen el mismo impuesto de residuos sólidos, es decir, RD$1,750,000 al año, cuando el primero prácticamente no genera residuos y el segundo sí? Una empresa que importa automóviles y un hipermercado podrían vender lo mismo. Sin embargo, el último, posiblemente, genera 100 veces más residuos sólidos que la primera. Ponerlas a pagar lo mismo es una  política que sólo podría proponer un profesor emérito de Late Jurassic University.

¿Acaso resultaba difícil clasificar las empresas del país dentro de cuatro grupos, por ejemplo, generador mínimo, pequeño, mediano y grande de residuos sólidos y, consciente de que la generación de residuos sólidos, dentro de cada grupo, está asociada al nivel de las operaciones o ventas de las empresas, establecer cuatro tasas ad-valorem, nunca específicas, sobre los ingresos brutos, por ejemplo, de 0.025% para las empresas de la categoría “mínimo”, 0.05% para la categoría “pequeño”, 0.10% para la categoría “mediano” y 0.15% para la categoría “grande”? ¿Que esa propuesta sería inaceptable por parte de las grandes empresas del país? Engavetemos la hipocresía. Todos sabemos que los impuestos directos e indirectos ingresan, de manera transparente u opaca, en la estructura de precios que paga el consumidor. En consecuencia, no creemos que aceleraremos la llegada del Día del Juicio Final si las grandes empresas del país decidiesen elevar en 0.15% el precio de venta de sus productos. ¿Dejarían los consumidores de comprar un producto cuyo precio suba de RD$100 a RD$100.15, debido al establecimiento de un impuesto de 0.15% para financiar la gestión eficiente de residuos sólidos en el país? Particularmente, pienso que no.

Lo que sí resulta importante es que el Gobierno garantice a la población que el servicio de recolección y transporte de residuos sólidos, el barrido, la limpieza y el aseo de las vías públicas urbanas y la disposición final en los vertederos que gestionarán el coprocesamiento, financiado en buena parte con los impuestos que pagaremos, será “el mejor y más moderno de toda la historia de la nación”. Si al final, el Gobierno cobra, paga a las empresas encargadas de la gestión de residuos sólidos y todo sigue igual, la población pensará que el objetivo era beneficiar a determinadas empresas extrayendo más dinero de los bolsillos de la gente.

Fuente: el Caribe