El Listín entra a la zona cero de La Guaira: Familias entre escombros, carpas y recuerdos

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Aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar (CCS), en Maiquetía, en el municipio Vargas, estado de La Guaira, Venezuela, te da una panorámica general de lo que hay tras las verjas que dividen el puerto de acceso internacional con la realidad local.

Paredes agrietadas, plafones apilados en el suelo, cristales rotos, escombros tirados y concreto al descubierto delatan los vestigios de lo peor. Una tragedia. Un doblete sísmico que sacudió el norte de la República Bolivariana de Venezuela y la vida de cientos de familias que quedaron a la deriva o sepultadas bajo los escombros.

Es sábado 4 de julio. 10 días después de ocurridos los terremotos de 7,2 y 7,5 que dejaron aproximadamente 50,000 desaparecidos y 2,954 fallecidos.

El intenso calor y cielo grisáceo contrastan con la tristeza de los venezolanos que lo perdieron todo. Su casa, su trabajo y, lo más desgarrador, su familia.

Desplazarse por La Guaira es como recorrer un campamento. Las aceras y las calles se extienden como un alojamiento de refugiados con carpas improvisadas que se han convertido en las casas de los residentes que vieron su vivienda derrumbarse o porque esta quedó inhabitable por los cientos de réplicas y desplomes de infraestructuras que se han continuado registrando desde ese miércoles.

Edificios reducidos a escombros, otros a punto de caer, paredes con inclinaciones notorias y grandes fisuras, escombros en cada esquina y solo carrocerías de lo que en algún momento fue un vehículo funcional; continúan en el recorrido. De izquierda a derecha y viceversa, no importa dónde mires.

En el estadio César Nieves de Catia la Mar, se ha convertido en una extensión el campamento de refugiados, donde familias enteras duermen, cocinan y se pasan los días y noches a la espera de qué decisión tomará el Gobierno venezolano al respecto.

“Esperando las decisiones de gobierno, qué piensan hacer con nosotros, si nos van a reubicar o si nos van a dejar aquí las casas que puedan estar estables, hay otras que nos van a poder reconstruir y así”, expresó Jesús Romero, 52 años, quien vive junto a 10 personas más en una de las carpas.

La vicepresidenta Raquel Peña y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Fernández Onofre, reciben a un grupo de los rescatistas dominicanos.
La vicepresidenta Raquel Peña y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Fernández Onofre, reciben a un grupo de los rescatistas dominicanos.RAÚL ASENCIO / LD

Ese feriado en Venezuela, Jesús contó que se encontraban él, su mamá, sus dos hijos y tres hermanos en la sala de su casa viendo el Mundial de Fútbol, cuando de pronto a las 6:04 de la tarde sintieron los movimientos del doble terremoto.

“Vimos que pudimos salir de la casa, vimos que se estaban derrumbando las otras casas y decidimos irnos por el otro lado, que vimos que no había peligro, y pudimos salir por la otra vereda y pudimos salir vivos, gracias a Dios”, añadió mientras rememoraba las casas de vecinos desplomarse por completo en cuestión de 35 segundos.

Jesús sobrevivía del doble turno. Uno en el puerto como seguridad y otro en el aeropuerto como maletero; ambos empleos se perdieron. Y a pesar de que hoy duerme en un par de colchones en el piso a expensas del clima, no deja de compartir lo poco que ha recibido estos días en ayuda.

“Siempre a su orden, cualquier cosa estamos aquí, cualquier otra información, ¿desea una agüita? ¿Quiere una galletica? Que Dios me la bendiga y le dé bastante vida y salud”, ofreció a esta reportera mientras le agradecía su presencia en el lugar.

El buen ánimo y la sonrisa en medio de la adversidad les hacen los días más ligeros, aunque la jornada no deja de ser difícil.

“Nosotros estamos en la lucha… Bueno, sobreviviendo, porque aquí llegaron ayudas de carpas y toldos, pero nosotros no estábamos en ese momento y no pudimos agarrar y tuvimos que bajar hasta el final de la Atlántida y vimos este toldo que estaba pegado al suelo y vimos una ferretería y encontré una mandarria y mi prima le dio con la mandarria como por una hora, sufrió quemaduras del sol, pero gracias a Dios nos trajimos el toldo; estas colchonetas nos las encontramos por allí. Lo único que nos regalaron fue esta de aquí, pero estamos durmiendo todos aquí y cuando llueve se nos mete el agua. Es bastante fuerte”, indicó Génesis Agüero, una joven que cumplió apenas 18 años el día antes de la tragedia.

Uno de los edificios que sufrió graves daños por los sismos en La Guaira.
Uno de los edificios que sufrió graves daños por los sismos en La Guaira.RAÚL ASENCIO / LD

De visita en la parroquia

Se encontraba de visita en la parroquia de Catia la Mar cuando ocurrieron los terremotos y desde ese día se quedó varada con su tía, una prima y dos bebés, con quienes duerme en una carpa improvisada y apenas dos colchonetas.

El movimiento telúrico la lanzó al suelo junto a otros objetos en la casa, mientras junto a los suyos procuraba la salida de la estructura.

“Fue bastante feo y cuando íbamos a salir nos quedamos encerrados en la casa, tuvieron que darle patadas a la puerta para poderla abrir, los tanques de la casa se cayeron y se nos inundó la casa por adentro. Cuando salimos fue horrible porque vimos la casa del frente que se derrumbó por completo; nuestra casa se agrietó bastante, pero no se cayó, gracias a Dios, y veíamos la gente con sangre”, relató los momentos de tensión que vivió durante los segundos eternos que duró el terremoto.

Al igual que Génesis, otras personas vivieron por primera vez un sismo de tal magnitud. Carmen Jaimes, de 73 años, es una de ellas. Reside en el sector que lleva el mismo nombre del estadio, César Nieves, junto a su hija y tres nietos, aunque las circunstancias la han reunido con otros familiares.

Son 19 personas en total que residen entre tres carpas, dos de ellas con colchonetas y una con una cocina improvisada.

“Yo tengo mis tres nietos, mi hija y yo, nosotros somos un grupo de cinco, lo perdimos todo, todo, todo, pero aquí estamos, teniendo fe en el de ahí arriba (Dios), que ese es el único que nos puede auxiliar”, dijo esperanzada la septuagenaria, quien estaba acompañada de varias primas y otros familiares.

A pesar de que perdieron bienes materiales, agradecen poder estar reunidos todos juntos, con el pesar de que otras familias no pueden decir lo mismo.

“La familia está totalmente completa, pero muchos aquí no pueden decir lo mismo; todos aquí perdimos algo: algunos perdieron una mascota, otros las casas, negocios, carros, emprendimientos. En nuestro sector fueron 12 vecinos fallecidos, entre esos cuatro niños pequeños, no llegaban ni a los 10 años”, añadió, cual fuera un lamento, Katherine Molero, una joven de 32 años, manicurista de profesión.

A pesar de que el espacio donde prestaba servicios fue afectado por los terremotos, se encuentra en la búsqueda de un nuevo lugar, porque, aunque pensó que no, algunas venezolanas están solicitando sus servicios.

“Estoy buscando en las zonas que no fueron tan afectadas; estoy buscando un pequeño espacio para colocar mi mesa y el aire acondicionado para poder trabajar y atender clientas, porque yo pensé que no me iban a pedir uñas, pero la venezolana es coqueta, entonces a trabajar”, manifestó con una sonrisa.

Numerosas familias permanecen refugiadas en carpas con colchonetas y colchones,
pero dando gracias a Dios de poder estar reunidos.
Numerosas familias permanecen refugiadas en carpas con colchonetas y colchones, pero dando gracias a Dios de poder estar reunidos.RAÚL ASENCIO / LD

El estadio que a partir de ayer alberga un hospital móvil instalado por República Dominicana, conformado por 40 profesionales de la salud y donde también se canalizan ayudas, es testigo de cómo, al pasar los días, los venezolanos mantienen las esperanzas de volver a trabajar, a sus casas y renacer de sus escombros.

Luego de nueve días de trabajo intenso en la República Bolivariana de Venezuela, tras los sismos registrados en ese país, el equipo de 19 especialistas en búsqueda y rescate de República Dominicana retornó al país al dar por concluida la fase de búsqueda.

Regreso de brigadistas a RD

Los brigadistas arribaron al país la noche del sábado por el Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA) desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, donde fueron recibidos con aplausos por la vicepresidenta de la República, Raquel Peña; el ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre; y el viceministro de Política Exterior Bilateral del MIREX, Francisco Caraballo, en representación del canciller Roberto Álvarez.

La misión dominicana, primera en llegar a Venezuela, logró recuperar tres personas de los escombros, así como cooperar en la recuperación de otras junto a brigadas de otros países.

Junto al equipo de rescatistas también arribó al país un segundo grupo de repatriados, conformado por 50 dominicanos y 12 venezolanos con vínculos con dominicanos que se encontraban en el país suramericano.

Margarita Reyes de 68 años, fue una de las dominicanas que retornó al país luego de ocho años. En Venezuela dejó hijos, nietos y una vida, pero decidió regresar aterrada por la tragedia.

“Dejé nietos, nietas, otros hijos más. Mientras hay vida y uno tiene familia en otro lugar de repente después se me pasa el miedo y puedo volver”, expresó.

El retorno humanitario fue coordinado por el Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex) en un vuelo operado por la aerolínea Arajet, que viajó por primera vez al país bolivariano en el vuelo humanitario.

Hasta el momento, suman 171 personas en total que han regresado mediante vuelos humanitarios dispuestos por el Gobierno Central en el desarrollo de la Operación Quisqueya Solidaria 2026.

Tras la salida del terreno de los brigadistas, República Dominicana envió una delegación de 40 profesionales de la salud miembros del Equipo Médico de Emergencia, (EMT) del Ministerio de Salud Pública, quienes se establecerán en La Guaria en el hospital móvil instalado por el país que brindará servicio en los próximos 15 días.

Esta edificación ha permanecido en pie como un reflejo
fiel de la magnitud de los terremotos.
Esta edificación ha permanecido en pie como un reflejo fiel de la magnitud de los terremotos.RAÚL ASENCIO / LD

El ministro de Salud Pública, Víctor Atallah, manifestó que este personal multidisciplinario en áreas de ginecología y obstetricia, pediatría, salud mental, emergencias, cirugía menor, laboratorio, entre otras especialidades tiene capacidad para atender entre 150 a 200 pacientes diarios.

Asimismo, República Dominicana envió donaciones a la nación bolivariana, entre estas más de 40,000 vacunas, insulina y otros insumos.

Fuente: Listín Diario