No hay subsidios gratis

0
8
Comparte esto:

Escrito Por: Andrés Dauhajre Hijo

El precio de la gasolina regular en la Costa del Golfo de EE. UU. ha bajado en casi 14% en relación al precio máximo registrado el 25 de mayo pasado. El del gasoil ha bajado un 18% cuando se compara con el tope de US$5.42 por galón registrado el pasado 6 de abril. Dichas bajas han llevado a algunos a plantear y otros a reclamar al Gobierno que debe proceder a reducir los precios de los combustibles en el marco del esquema discrecional que se ha adoptado para determinar los precios de venta al consumidor en el país.

No debemos olvidar que, como consecuencia de ese esquema, los aumentos de precios de los combustibles que se han ejecutado en lo que va de año quedaron muy por debajo de los aumentos en los precios internacionales y, en consecuencia, en los precios de venta al público que se derivarían del traspaso completo a los precios de paridad de importación. Eso explica el porqué, a pesar de la reducción significativa que se ha producido en los precios internacionales de la gasolina y el gasoil, el pliego vigente de los precios de los combustibles, de manera consolidada, esta semana generará al Gobierno un costo fiscal de RD$162 millones. No hay dudas de que, en comparación con el costo fiscal de RD$1,815 millones que representó el esquema discrecional vigente en la semana del 23 al 29 de mayo, la presión sobre las finanzas públicas ha disminuido de manera significativa. Dada la arritmia aguda que han exhibido los precios internacionales de los combustibles desde que se inició el conflicto entre EE. UU., Israel e Irán, resulta difícil determinar si esta tendencia a la baja será permanente o transitoria.

Aun en el caso de que la baja de los precios internacionales fuese permanente y que bajas adicionales, combinadas con el mantenimiento de los precios actuales, deriven en un saldo positivo para las finanzas públicas, lo responsable sería mantener los precios y de esa manera reducir la sangría de RD$21,055 millones que, durante el primer semestre de este año, costó a las finanzas públicas el no traspaso completo de las alzas en los precios internacionales de los combustibles a los precios de venta al público.

No debemos olvidar que vivimos en la República Subsidiada. Lamentablemente, no hay subsidios gratis. Con algo hay que pagarlos, sea con impuestos o con préstamos.

Uno de los aciertos menos publicitados en la conformación de la fiscalidad dominicana ha sido el establecimiento de elevados impuestos al consumo de los combustibles, tributos que se recaudan fácilmente, con bajos costos administrativos y posibilidades mínimas de evasión. Lamentablemente, la proliferación y expansión de los subsidios que se confieren en el área de los combustibles y la electricidad se ha ido tragando este afluente significativo de recursos. Una parte no despreciable de nuestra fragilidad fiscal tiene su origen en la intensificación del modelo de “gravar para subsidiar” que ha tenido lugar a partir de 2020.

En el gráfico titulado Impuestos menos Subsidios Generalizados y Focalizados sobre Combustibles y Energía (“impuestos menos subsidios”, en lo adelante), se puede observar que de un nivel máximo de 2.24% del PIB que estos representaron en 2005, estos comenzaron a descender hasta llegar a 1.53% en 2019. La situación se agrava de manera acelerada a partir de 2020, cuando los “impuestos menos subsidios” cayeron a 0.66% del PIB. La escalera a la baja continuó en 2021, con 0.50%; en 2022, 0.37%; 2023, 0.31% y 2024, 0.18%. En 2025, dio indicios de recuperación al cerrar en 0.26% del PIB.

Este año, si los precios internacionales de los combustibles se mantuviesen al mismo nivel de la semana pasada, los “impuestos menos subsidios” apenas generarían 0.03% del PIB. En otras palabras, se esfumarían. La tabla que publicamos al final del artículo proyecta esta lamentable consecuencia de la politización vigente en el mercado de los combustibles y la electricidad. Los impuestos específicos y ad-valorem sobre los combustibles líquidos y la contribución al GLP, finalmente convertida recientemente en impuesto, generarán RD$100,429 millones este año (1.16% del PIB), prácticamente la mitad del 2.24% que produjeron en 2005. Lo más grave, sin embargo, es que esa menor recaudación derivada de gravar el consumo de los combustibles, se devolverá totalmente a la población a través de una impresionante amalgama de subsidios en el consumo de combustibles y la electricidad. El no traspaso del aumento de los precios internacionales consumirá, si la Virgen de la Altagracia nos ayuda, RD$25,267 millones; el subsidio en la tarifa eléctrica (FETE), RD$55,755 millones; los Bonogás Hogares y Choferes, RD$8,200 millones; el Bono Luz, RD$4,200 millones; el Subsidio al Gasoil para Federaciones de Transporte, RD$3,451 millones; y el Subsidio a Motoconchistas (Motoben), RD$66 millones, para un total de RD$97,539 millones.

Los aspirantes a dirigir la nación a partir del 16 de agosto de 2028 deben tomar nota. El que gane será el encargado de apagar la música de la kermés que hemos bailado en la República Subsidiada. No lo duden, será menos traumático apagarla nosotros que los acreedores externos.

Fuente: el Caribe