Cuarenta y cinco años después… Moscú y el futuro de la democracia liberal

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Escrito por: Pablo McKinney

Cuarenta y cinco años después, como dijo Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”; ni es la misma la Universidad de los Pueblos. Cuarenta y cinco años después he vuelto a Rusia, y en Moscú he encontrado parte del orgullo nacional ruso perdido en los años posteriores al fin de la era soviética, allá por los noventa.

Visitando oficinas posibles, tertuliando en el bar del hotel, conversando y cuestionando a medio mundo (traducido a veces por la dulce María), descubrí un régimen que cumple con casi todos los requisitos para ser una democracia iliberal. Concepto creado por Fareed Zakaria en 1997, en un ensayo para Foreign Affairs, en el que plantea que la democracia occidental está cediendo a reformas iliberales y “los hilos que unían las tradiciones de la democracia y el liberalismo se están erosionando rápidamente”. Zakaria definía una Rusia que aún no existía cuando Putin aún no era. Hoy el concepto la describe con especial exactitud.

La historia siempre ha servido para explicar el presente y presagiar el futuro. Hagan memoria. La Rusia anterior a Putin, más que un gigante dormido era un gigante vencido: el orgullo imperial perdido y la delincuencia rodando por las alcantarillas de la Plaza Roja; yo la vi.

Putin, con sus reformas y prácticas iliberales, realizó en Rusia una metamorfosis con Moscú como eje y escaparate mundial, (Stalingrado es la nostalgia), apoyado en el uso de la tecnología (alcaldía de Moscú), y ha logrado resucitar el orgullo nacional, pero al alto precio de enterrar unos valores democráticos reducidos hasta el miedo y que en 1991 fueron la esperanza, la utopía posible.

Ante la nueva realidad de Rusia y la decadencia acelerada de Estados Unidos en manos del mago de la incertidumbre, Mr. Trump, surge la pregunta: ¿se impondrá en las desiguales sociedades de Occidente la democracia iliberal que Putin ha instaurado en Rusia y que Trump intenta consolidar en Estados Unidos, entre insultos a la prensa, ejecuciones sumarias de sus agentes del ICE y actos de terror de sus marines en las aguas de todos los azules que resumen el Caribe?

¿Qué dirá el electorado dominicano en 2028? ¿Habrá escogido ya Mr. Trump a su delfín electoral para convertirlo en un monstruo iliberal, o estos son apenas los avances, tráileres de un desastre en desarrollo? Ocupen su localidad.