La partidocracia y sus candidatos presidenciales

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Escrito Por: Pablo McKinney 

Solo la pasión por el béisbol supera la que guardan los dominicanos por la política. Además, como también ocurre con el béisbol, en la política cada ciudadano dominicano contiene en sí mismo a un politólogo de Harvard, con grado en LES y maestría en Georgetown. Y tengo ejemplos.

A más de un año de las primarias de los partidos, parecería que ellas se celebrarán el próximo sábado. En esa lucha, salvo la Fuerza del Pueblo —que nació con candidato presidencial incluido—, los demás miembros de la partidocracia tienen un gran desafío.

En el caso del PLD, en 2028 se enfrentará al mismo reto de 2020 y 2024, a partir del hecho de que su líder, Danilo Medina, no puede ser candidato por mandato constitucional; pero en la medida en que controla los organismos de la organización, será determinante a la hora de elegir al candidato. ¡Y ahí está el detalle!

Así ocurrió en 2020 en perjuicio de los precandidatos de entonces cuando, para sorpresa de todos, Medina sacó de la morada chistera de mago sanjuanero la candidatura de Gonzalo Castillo; Uds. conocen el resto. Google no miente. En 2024 la sacrificada fue Margarita Cedeño, entre otras razones por el pecado de ser mujer en un partido machista-leninista sin remedio. Ahora la historia se repite. Y todo parece indicar que en 2028 Medina repetirá la fórmula, lo que podría determinar el triunfo del PRM, donde se enfrentarán dos precandidatos que desde ya, con más o menos disimulo, desarrollan un fuerte trabajo político en las bases de la organización, que es donde estará el sazón, la naiboa del triunfo, en especial si se celebran primarias internas; pues no quiere uno pensar que vayan a escoger a su candidato presidencial por encuestas o asambleas de delegados.

El encuentro nada secreto de David Collado y Yayo Sanz Lovatón, quien fue jefe de campaña de Carolina Mejía en su lucha por la alcaldía, es la señal más reciente de por dónde podrían ir los tiros en unas posibles primarias cerradas, lo que significa que al candidato presidencial de ese partido lo elegirán no más de 450,000 miembros: su voto duro, popular, populoso y pueblerino. Precisamente, este dato es el que otorga a Guido Gómez y Wellington Arnaud una importancia decisiva a la hora de los hornos. Pero ese es tema para otro bulevar. Con su permiso.