Escrito por: Pablo McKinney
Hasta 2018 o antes, a uno le ocurría con el PRD y ahora con el PRM. Qué talento para la crítica morbosa, qué inteligencia para la descalificación del otro, es decir de sí mismo. De dónde le saldrá a estos señores esa capacidad para hacerse daño. (Talento que Dios podría bendecirle, pero no debería aumentarle).
El partido de gobierno debería dejar esa aptitud, esos afanes, esa vocación para el daño, para sus adversarios, pero no hay manera. Recientemente, Guido Gómez Mazara recordó aquellas campañas de difamación en su contra en los inicios del siglo, y confesó que, para su sorpresa, autoridades estadounidenses le confirmaron que la fuente de esas oscuras maniobras no provenía de la oposición sino de sus propios compañeros de partido. Que tiene razón el Pérez Vidal, cuando hablando de la mala gente, advierte: “el odio tiene dotes (talentos pm) que no he podido entender. Pues tiene más brío quien tiene fuertes frustraciones. ¡Ay, la mala gente. Ay, la gente mala!”
Nunca como entonces, asuntos de cama provocaron tanto daño en la política. Es curioso. El montaje de esa campaña no provino de un PLD, a quien Gómez Mazara había confrontado con dureza y hasta dedicado un pequeño opúsculo sobre los efectos y culpables de aquel PEME de tan infausto recuerdo para las arcas nacionales, para el partido morado, y especialmente para Jaime David Fernández que fue su víctima primera en el verano de 1999, en unas primarias en las que el PLD cometió su pecado original, su destape electoral interno primero, la pérdida de la virginidad ética, que mató a Juan Boch antes de muerto.
Insuperable capacidad para hacerse daño y autodescalificarse, la de estos señores. Hablo de un talento para el agravio que, como la belleza de aquella muchacha cibaeñas en flor —de ojos de gata mala y piel color miel de abeja—, es INAGOTABLE.
Si Ud. quiere enterarse de las falencias, errores, pecados ciertos, mentiras falsas de cualquiera de los precandidatos presidenciales del PRM, no es al Comité/ Dirección política del PLD ni de la FP a quien debe pedir información, incluso cierta, sino a los adversarios internos de cada uno en la organización.
No tengo dudas, en el tema, el PRM es la negación perfecta del lema de Los tres mosqueteros, de Dumas, padre: “uno contra todos y todos contra uno”. Con su permiso.

