Y estaremos mejor

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La preocupación era real, perceptible, aunque disimulada. Había una leve inflexión, siempre leve, en los números.

Escrito Por: Carmen Imbert Brugal

La preocupación era real, perceptible, aunque disimulada. Había una leve inflexión, siempre leve, en los números. Y a pesar de la oposición difusa, de la desmovilización social, del apoyo obsecuente de los representantes de los poderes fácticos, al partido oficial y al presidente les inquietaba el descenso en la aceptación y en la simpatía que ha mantenido el gobernante, no solo aquí sino en la región, fenómeno que lo ha convertido en una especie de paladín de la democracia.

Había mayor desenfado en las críticas, rumores por aquí y por allá, impunidad con matices de descaro y desacato, fallos judiciales trastornadores de la cruzada ética.

El triunfalismo indemne, los piropos para la estabilidad política, económica, se escuchaban por doquier, pero en la esquina tropezaban con la realidad de un déficit incómodo que la retórica no puede encubrir sin que las grietas afloren.

Los temas omitidos en la agenda para atenuar preocupaciones ayudaban a mantener el equilibrio. Entre el agobio cotidiano que el tránsito provoca y la indiferencia de Intrant y Digesett, la infancia atrapada, desamparada, víctima y victimaria, el horror que se comenta como el estado del tiempo, algo carcomía la fortaleza del Cambio y entonces casualidad y necesidad confluyeron. Se produjo otro milagro del régimen. Cuando el oleaje y la fuerza de los vientos amenazaban la barca, presagiando naufragio, la tormenta fue suspendida más que vencida.

La taumaturgia estratégica ha conseguido convencer. Crisis e incertidumbre planetaria obligan, planes de austeridad inaplicados, postergados, también.

El gobierno, a través de un vocero que goza de credibilidad, cercano a los medios, con el aval de haber participado en distintas administraciones, presentó el “Plan Anticrisis para la sostenibilidad y la protección de la población frente a la crisis global”, y / o “Medidas procrecimiento económico, simplificación fiscal y mitigación de la crisis internacional”.

Después de la exposición la acción ha sido rápida, porque ya el proyecto está en el Senado de la República. Fácil será el paso por el Congreso, la Comisión bicameral trabaja “para estudiar y agilizar la aprobación del plan fiscal”. Y será otra plusmarca, un “nunca antes” para engrosar el adanismo. Por primera vez el colectivo celebra, respalda un proyecto recaudatorio y lo asume como una caricia. El empeño primordial fue decir lo que el plan no es, lo que las Medidas no son. ¿Es una reforma fiscal, es un parche o es una urgente manera de buscar unos chelitos? Los especialistas dirán y dicen, pero es difícil oponerse. El proyecto, plan o las medidas, incluyen demandas reiteradas que los políticos proponentes antes ahora no pueden desconocer.

El ministro de Hacienda y Economía asevera que “el gobierno pierde mucho para no afectar a la clase media”. El propósito recaudador es casi místico, “es un proyecto pensando en la equidad para hacer un sistema más justo, viable, en procura de una recaudación razonable”.

El estado se revela protector, condescendiente y no Leviatán y cuenta con un empresariado -ministro dixit- convertido en “grandes solidarios”. Entender el funcionamiento de la economía criolla amerita sabiduría, perspicacia porque: “estamos bien y estaremos mejor” pero necesitamos aplicar medidas urgentes.

Fuente: Hoy