En la Quinta Dominica, Ángel Urrely obsequia nuevas muestras de su talento, de su creatividad, de su cultura, como cartógrafo del Caribe y más…
Ángel Urrely ha sido una de las “adquisiciones” más importantes del arte dominicano. ¿Por qué empleamos esta palabra al respecto de un artista e intelectual que contribuye al florecimiento de la expresión nacional?
Sabemos y valoramos que Ángel Urrely es cubano de nacimiento y formación, ha venido a la República Dominicana, ha fundado una familia, ha hecho el aporte fundamental de una obra singular, atractiva, contemporánea, pero preservando la belleza, el equilibrio, la magia, heredados de un tiempo incontable y una región incomparable: el Caribe insular..
Y ahora él nos sumerge en sus aguas territoriales a través de un enfoque desconocido -para nosotros al menos-. Ángel Urrely se ha convertido en cartógrafo, extendiendo esta especialidad científica a un despliegue a la vez geográfico y frutal, isleño y planetario, contemporáneo e histórico, de mucha riqueza. Contrasta -y no nos sorprende, conociendo al autor- con el título, “Espacio Caribe”.
Aparentemente seco y minimalista, dice escuetamente “Espacio Caribe”. Sin embargo, y es una astucia de esperar, cuando del Caribe se trata y -en parte- consiste en una apropiación de mapas antiguos, sin olvidar el cultivo más anclado en la tradición, el sufrimiento, la explotación – nacional, regional y mundial-.
El resultado nos fascina y nos pasea por los siglos, por esas exuberantes mezclas de contornos, de costas, de oleajes, de bestias fantasiosas, de ornamentos seculares y áureos, de signos a la vez precisos y delirantes. Una forma de arte contemporáneo, donde lo local es universal, donde el presente es inmemorial, donde todo se funde y nada se confunde.
Ángel Urrely del cesto al palimpsesto
Conocemos y saboreamos la geografía urbana de Ángel Urrely, con las torres cada vez más frecuentes en Santo Domingo y alcanzando Santiago, que se van tragando a los hombres y sus casitas, que van arrancando la vegetación y la minimizan a plantas decorativas.
Son “cestos” de piedra y cemento, a la vez representación seductora y definitivamente crítica. Ahora, aunque Ángel no descarta esta vertiente identificadora de su obra en algunas imágenes, la propuesta innovadora se identifica más con el palimpsesto, como si sus mapas fueran tablillas llevando las marcas de huellas históricas y antiguas, de objetos y sujetos perteneciendo a una realidad imaginaria, imborrable por su estética, su significación, su simbolismo perenne.
Al paisajismo panorámico de edificios, inexpugnables y de distinta altura, se ha sustituido el conjunto abigarrado y encantador de mapas, muy bien investigados y recreados, como si el caribeño de hoy se convirtiera en el navegante de ayer, pirata, corsario o negociante, indagando rutas y puntos. La ara desembarcar. Angel Urrely ha heredado el llamado “horror vacui” de los geógrafos de antaño, llenando el interior de las islas con monumentos, el mar circundante con oleaje, peces, criaturas extrañas… Y las rosas de los vientos, múltiples, enormes, obviamente son un caudal de seducción más que ornamental. Sin embargo, la reiteración no molesta, Ángel sabe escribir, dibujar y pintar, también de apropiarse y reinventar.
Lógicamente, dominan las islas de Cuba, Hispaniola y Puerto Rico: el artista reintroduce el elemento humano y cultural, suyo y auténtico, aunque hay un curioso “cañaveral universal”, donde la caña invade y cubre los cinco continentes, a la vez juego y alusión ideológica, para que pensemos.
Ángel Urrely, que, si nuestro recuerdo no está equivocado, nunca pone título a sus dibujos, ahora ha intitulado cada una de sus obras, directa, indirecta o metafóricamente. Tenemos que mencionar especialmente la gran pintura de las torres vueltas cañaverales… debajo del famoso cielo de Van Gogh, con el título en inglés – lo reproducimos en la foto de este impactante panorama, por cierto único…
Antes de concluir, queremos notar que Ángel Urrely nos presenta en sus mapas un excelente ejemplo de apropiación, o sea la recreación de una obra, tomada como modelo. Anteriormente, ya él lo había hecho: es un proceso que no se asimila a una copia, sino que reinventa la obra original. El ejemplo más célebre de apropiación es la asombrosa serie de Pablo Picasso, recreando Las Meninas de Diego Velázquez, un verdadero experimento.
Coda
Honor a quien honor merece. La historiadora del arte, Laura Gil, ha escrito una refinada presentación de Ángel Urrely para el catálogo de su exposición. Citaremos una frase, entre tantas a recordar: “El lenguaje visual del artista visual Angel Urrely, cubano de nacimiento y origen, dominicano de adopción, no puede ser más apto para la expresión simultánea de los mestizajes, los éxtasis, las ensoñaciones”.
Fuente: Hoy

