Los cuatro jinetes del apocalipsis comercial

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A los comercios chinos se han añadido las compras por internet, las mudanceras y las pacas, que siguen debilitando el comercio formal ante la pasividad de las autoridades

En la última década, el comercio formal dominicano ha afrontado diversas formas de competencia desleal. Por razones evidentes, la atención suele centrarse en la expansión en todo el país de los comercios chinos y su impacto sobre los negocios tradicionales; sin embargo, el panorama se ha agravado con la proliferación de otras tres modalidades de venta minorista de bienes provenientes del exterior: las compras por internet, la ropa de paca y las mudanceras.

Estos cuatro tipos de comercio comparten varias características: la falta de medición oficial de su impacto, poca o nula información publicada, negocios atomizados, opacos o sin presencia física en el país, y que operan en la informalidad o en condiciones de incumplimiento de las leyes.

El jinete rojo: las tiendas chinas

El jinete rojo, que simboliza la guerra, lo personifican las tiendas chinas. Estas han desplazado el comercio local de tiendas por departamentos, principalmente en las provincias y en los estratos de bajos ingresos en los que son los principales negocios de bienes duraderos importados: textiles, calzados, plásticos, juguetes, artículos ferreteros, artículos de cocina y hasta electrodomésticos y materiales de construcción. Los comerciantes locales han denunciado reiteradamente su modus operandi basado en importaciones subdeclaradas, ventas en efectivo y contratación de mano de obra irregular. Si bien el Gobierno ha tomado medidas puntuales en los últimos meses —clausurando establecimientos y exigiendo regularizaciones—, estas acciones no han sido consistentes en el tiempo ni coordinadas interinstitucionalmente.

El jinete blanco: la ropa de paca

El jinete blanco de la conquista lo encarnan los vendedores de ropa de paca, que han sustituido silenciosamente el comercio local de prendas de vestir. Se trata de ropa usada importada de Estados Unidos en fardos que luego se revende a una fracción del costo de cualquier prenda nueva. La Asociación Dominicana de Industrias Textiles (Aditex) estima que por cada negocio de pacas que opera, se dejan de crear diez empleos formales en la industria textil.

Lo que pocos mencionan es que este comercio es ilegal en nuestro país desde hace más de cincuenta años. La Ley 458-73 prohíbe la importación y comercialización de ropa usada por razones originalmente sanitarias. Pese a ello, se permite su importación cobrando los impuestos aduaneros por kilogramo de ropa en lugar del valor de importación, como se hace al importador formal. Esta actividad no solo persiste sino que ha crecido: en solo los primeros cuatro meses de 2026, la DGA registró importaciones de ropa usada (partida arancelaria 6310) por más de US$19.7 millones en valor FOB, con la mayor parte originada en Estados Unidos. Es decir, estamos ante un comercio de US$60 millones anuales que paga muy pocos impuestos.

El jinete negro: las mudanceras

El jinete negro de la miseria lo representan las mudanceras, uno de los eufemismos más creativos del comercio informal dominicano. Como su nombre sugiere, deberían ser envíos de enseres personales de dominicanos que regresan al país. En la práctica, son canales de importación encubierta que burlan aranceles, ITBIS y cualquier control aduanero, trayendo desde electrodomésticos hasta ropa y productos de consumo que luego se comercializan sin factura ni registro tributario.

Hay muy poca información pública sobre estas empresas, pero se estima que unas 100 ofrecen actualmente servicios de importación puerta a puerta y movilizan mercancías por alrededor de US$40 millones al año. Según la Ley 168-21 de Aduanas, deberían operar únicamente como consolidadoras de carga y liquidar los impuestos de importación a nombre de sus clientes, salvo cuando pueda demostrarse de forma fehaciente que se trata de mudanzas u otras importaciones amparadas en un régimen especial.

El jinete amarillo: las compras por internet

El jinete amarillo, el de la muerte, lo encarnan las compras por internet. A diferencia de los tres jinetes anteriores, este opera en un marco de relativa legalidad, que permite a millones de consumidores adquirir bienes del exterior sin pagar los mismos impuestos que pagarían al comprar en una tienda local.

En todo el año 2025, las importaciones bajo la categoría B del régimen Courier totalizaron US$874.6 millones, según datos de la DGA. Solo en los primeros cuatro meses de 2026 ya se acumulan US$310.8 millones, un ritmo que de mantenerse superaría los US$930 millones anuales. En los últimos cuatro años han crecido a tasas superiores al 20% anual. Detrás de esos números hay 1.37 millones de usuarios recibieron paquetes por esta vía.

El rastro en los indicadores

La huella de estos cuatro jinetes se puede rastrear en los datos macroeconómicos, aunque con la dificultad que impone la propia opacidad del fenómeno. Un primer indicador es la participación del sector comercio en el PIB: según datos del Banco Central, el aporte del comercio al Producto Interno Bruto promedió 11% en 2019 —último año completo prepandemia— y ha venido reduciéndose desde entonces hasta el 6.7% de 2025.

Las operaciones totales de ITBIS publicadas por la DGII, utilizadas como proxy de las ventas del comercio formal, confirman la desaceleración. El segmento de Comercio Otros —que excluye combustibles y vehículos y refleja mejor la actividad minorista general— creció a un promedio anual de alrededor de 12% entre 2016 y 2019. Después de la distorsión pandémica de 2020-2022, ese ritmo se moderó sustancialmente: 5.7% en 2024, 6.2% en el primer trimestre de 2026. El comercio formal crece, pero a la mitad de velocidad que antes.

Este deterioro relativo no es un fenómeno cíclico ni atribuible al mercado. Es estructural, acelerado por cuatro modalidades de competencia que operan sin las cargas que soporta el sector formal: sin impuestos completos, sin nómina declarada, sin seguridad social y, en ocasiones, sin alquileres, ni regulaciones sanitarias ni laborales igualitarias.

Fuente: el Caribe