Fujimori apela a “la reconciliación” nacional y Sánchez promete terminar con el “caos” en el cierre de campaña en Perú

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La derechista y el izquierdista pronuncian discursos ante miles de seguidores en Lima antes de la ajustada elección del domingo

Los discursos de cierre de campaña de las elecciones presidenciales de Perú han congregado en Lima a miles de seguidores de los candidatos antes de la votación del domingo. La derechista Keiko Fujimori, de 51 años, dio un mensaje de “unidad y reconciliación” de los peruanos frente a, dijo, “quedarnos atrapados en el odio, en el insulto”. Por su parte, el izquierdista Roberto Sánchez, de 57 años, arremetió contra su rival y prometió terminar con el “caos”: “Estamos seguros que será el fin de asesinatos, corrupción, impunidad. Abajo la señora mafiosa, abajo el fujimorismo. La voz del pueblo ha dicho basta. Se acabó el caos”.

Fujimori aseguró en su discurso, pronunciado más de una hora antes que el de su rival que, si vence, su gobierno será “tecnocrático” y durará cinco años, en alusión a la inestabilidad que ha atravesado el país, con ocho mandatarios en una década. Sánchez ha centrado su discurso en inflamar el antifujimorismo: “Se ha querido vender como la señora del orden. ¿Cuál orden? Ordenaron leyes procrimen para que muera nuestra gente, para exonerar de impuestos a sus amigos, para que asesinaran a nuestros hijos del sur. Vamos a restablecer el equilibrio de poderes. Señora del caos, el pueblo sabe quién eres”, ha dicho.

Es el cierre de campaña del adversario que podría impedir que Keiko Fujimori, que es la cuarta vez que llega a segunda vuelta, sea la presidenta de Perú. Hasta hace unos meses, Sánchez no figuraba en las encuestas y formaba parte del pelotón de “los otros” en una primera vuelta donde compitieron 35 aspirantes. En un inicio era percibido como un candidato pintoresco que había asumido la identidad de Castillo, pero conforme se acercó la primera vuelta, su estrategia cuajó. Sánchez capitalizó el descontento de quienes están convencidos de que las élites derrumbaron el Gobierno de Castillo, del primer campesino que llegó a Palacio, y para el que ha pedido el indulto durante toda la campaña.

Cierre de campaña de Roberto Sánchez, en Lima, este jueves.Alessandro Cinque (REUTERS)

Durante la tarde, los dos aspirantes a la presidencia recibieron los apoyos de otros políticos que no pasaron a segunda vuelta. Rafael López Aliaga, el ultraderechista que acabó en tercer lugar y denunció un fraude que nunca pudo probar, instó a sus seguidores a votar por Keiko Fujimori. “El voto viciado o en blanco solo beneficia a la izquierda radical y al comunismo que busca imponerse en el Perú. Hoy la disyuntiva es clara: libertad o comunismo”, dice el comunicado de su partido, Renovación Popular. Por su parte, Sánchez tuvo el respaldo de los excandidatos Ricardo Belmont (Cívico Obras), Alfonso López Chau (Ahora Nación), George Forsyth (Somos Perú), y la plana mayor de Primero la Gente.

Los seguidores de Fujimori habían empezado a llegar a primera hora de la tarde al Estadio Monumental, el mayor del país, con gorras y camisas naranjas, el color de la candidata, y camisetas donde se leía “A la china ya le toka” y carteles con una foto de ella y su padre, el autócrata Alberto Fujimori, fallecido en 2024 después de haber recibido un indulto humanitario, ya que había sido condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Debajo de la imagen, el lema de su hija para las elecciones: “Vuelve Fujimori, vuelve el orden”.

Fujimori subió al escenario ya de noche en medio de la música y los lemas de sus seguidores vestida de blanco con chaqueta roja y zapatillas deportivas blancas. Estaba sonriente, y varias veces aludió a la idea de superar las diferencias para buscar “la unidad y la reconciliación de todos los peruanos”. “En las últimas décadas, nuestro país se quedó atrapado en sus heridas. Lo difícil es ponernos de acuerdo, dar un paso hacia el diálogo, hacia el consenso. El liderazgo es tender esos puentes”. A continuación, agradeció el respaldo dado por Álvaro Vargas Llosa, hijo del premio nobel de literatura, Vargas Llosa, que perdió las elecciones frente a su padre, Alberto Fujimori, en 1990.

Ella ha basado su campaña en un programa de gobierno sustentado en la mano dura contra la criminalidad para combatir la inseguridad ciudadana, la principal preocupación de los peruanos, en dotar de servicios básicos, como agua corriente y acceso a puestos médicos en las zonas del país “abandonadas por el Estado” y en defender la inversión privada. En su discurso ha prometido eficacia, un gobierno “que resuelva problemas” con “los mejores técnicos convocados”. También ha dicho defender la independencia del banco central “para que no haya inflación”.

Los autobuses se iban congregando durante la tarde en las inmediaciones del Estadio, en un festivo desfilar de partidarios de Keiko Fujimori con trajes regionales de Cuzco y de otras regiones y banderas de su partido, Fuerza Popular. “Ella promete acabar con la delincuencia, con la extorsión”, dice Ruth Fernández, que tiene un puesto informal de bebidas y golosinas en Lima. “A un familiar mío le robaron la camioneta y casi lo matan, toda mi familia a a votar por Keiko, ya es hora de que una dama sea presidenta, esta vez sí se la lleva”, afirma convencida. “En Perú hay mucho machismo, y la repudian también por El Chino [Alberto Fujimori, su padre]”. Sobre las ideas antiaborto de Keiko, asegura, sin embargo: “No, ahí yo no la apoyo”.

Muy cerca, a la entrada del estadio, Víctor Vila, de 43 años, afirma que ha venido a apoyarla “por la democracia, porque es la única opción frente a la izquierda, que nos va a llevar a Venezuela”, asegura este vendedor ambulante.

El mundo rural y Sánchez

En otra parte de la ciudad, dos imágenes gigantes flanquean un estrado levantado en la avenida de La Peruanidad, en el distrito de Jesús María. Roberto Sánchez con el puño en alto y Pedro Castillo, el expresidente izquierdista que dio un autogolpe en 2022 y está en la cárcel, miran a una multitud en la imagen. Ambos portan un sombrero de ala ancha, símbolo del mundo rural. Debajo de cada uno, están inscritos los deseos de sus partidarios: “presidente” y “libertad”.

En el mitin de Sánchez, la extensa avenida de La Peruanidad exhibe los distintos rostros de un país cuyo centralismo suele esconder sus raíces. Sobre el escenario resuena el arpa del huayno andino, la cumbia selvática y el repique metálico de los danzantes de tijeras. Los sombreros y las banderas del Tahuantinsuyo (el imperio incaico) se multiplican entre el público.

“Sánchez y Castillo, un solo corazón”, grita la gente al unísono. Nadie discute que Sánchez no sea un hombre del ande. No lo ven como la copia de un arribista que pretende cruzarse la banda presidencial bajo la promesa de indultar a Pedro Castillo, sino más bien como alguien que lo —los— reivindicará y le hará frente a la concentración del poder. Aquí no hay indecisos.

Luis Galarreta, Keiko Fujimori y Miguel Angel Torres, este jueves.Rodrigo Abd (AP Photo/Rodrigo Abd)

En campaña, Sánchez ha prometido depurar la Policía Nacional y aplicar la llamada “muerte civil” a los funcionarios condenados por corrupción. En educación y salud, plantea incrementar progresivamente la inversión pública y también ha asegurado, como Keiko, que respetará la autonomía del Banco Central de Reserva, ante los temores que suscita su candidatura entre las élites económicas del país. También incide en la necesidad de impulsar la industrialización del país para dejar de exportar únicamente materias primas y avanzar hacia una economía con mayor valor agregado.

Fuente: EL PAIS