Día Mundial del Medio Ambiente

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La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció, en el año 1972, el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente, en coincidencia con el inicio de la Conferencia de Estocolmo, cuyo tema principal fue precisamente ese.

Para este año el lema de esta jornada es “Un llamamiento mundial a la acción climática”, centrado en el calentamiento global y en las señales que el planeta envía, que más que avisos son verdaderas amenazas de desastres irreversibles, y que ya se están viendo cada vez con mayor intensidad.

Está establecido que cada año un país se convierta en anfitrión para celebrar este día, por lo que este le toca a la República de Azerbaiyán esa función en el mayor evento mundial por el medio ambiente.

Todos los años en esta jornada los organismos internacionales relacionados con la acción climática y las ONG que trabajan en el tema, llaman a la población mundial a adoptar mejores hábitos en el manejo de desechos sólidos, a no arrojar plásticos de un solo uso en ríos, arroyos, cañadas, en el mar y en todas las fuentes de agua.

Pero no basta con eso, también hay que exigir a las autoridades que legislen contra ese material, que dura siglos en degradarse, que contamina absolutamente todo, que atenta contra la fauna de los ecosistemas y genera enfermedades.

El planeta recibe agresiones de todo tipo, desde la tala indiscriminada que arrasa con los bosques y convierte las praderas en páramos, hasta el humo de las industrias y de los tubos de escape de los vehículos en las ciudades.

En nuestro país, además de estas emisiones, sufrimos la acción de las granceras que secan ríos y arroyos, y afectan reservas científicas y antropológicas en contubernio con sectores de poder.

Mientras tanto los polos se derriten, el mar aumenta su nivel y se come poblaciones costeras, el calor aumenta a niveles insostenibles cada año y mientras las grandes potencias, principales contaminadoras, miran para otro lado, un nuevo Día del Medio Ambiente se celebra en tanto que la tierra se encamina hacia su propia destrucción.

Fuente: el Caribe