La unidad del votante de derecha, el antipetrismo y el discurso contra los políticos: las claves de la victoria de Abelardo de la Espriella

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El candidato ultraderechista aprovechó la creciente polarización y el carácter de plebiscito de la votación sobre el gobierno Petro para concentrar en una sola candidatura lo que hace cuatro años estuvo repartido

La victoria de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta colombiana con el 44% de los votos sorprendió a muchos. El puntero en las encuestas siempre había sido el senador de izquierdas Iván Cepeda, y el ultraderechista aparecía en segundo lugar. Sin embargo, esos sondeos señalaban que Cepeda rondaba el 40% de intención de voto —y obtuvo justamente eso— y reflejaban un crecimiento importante del candidato ultra en las últimas semanas, así como una pérdida de atractivo de la candidata de la derecha tradicional, Paloma Valencia. Entre los dos, en esos sondeos, sumaban alrededor del 35% y el 40% de intención de voto. Finalmente, De la Espriella llegó al 44% y Valencia se quedó con apenas el 6%.

La votación de De la Espriella, sin embargo, no sorprende del todo. La fuerza sumada de toda la derecha colombiana en la primera vuelta de hace cuatro años fue de 11 millones de votos, y el abogado penalista llegó a 10,3 en un censo electoral mayor. Esa capacidad de concentrar todo el voto de derecha en una sola candidatura, cuando hace cuatro años estuvo dividido en dos en la primera vuelta, explica en buena medida el resultado de De la Espriella. Pero las razones no se quedan ahí.

También se benefició de una campaña cada vez más polarizada, en parte por cuenta de él mismo. Pero también gracias a Cepeda y, especialmente, a quien fungió como su jefe informal de debate, el presidente Gustavo Petro. Una semana antes de la votación, Cepeda se refería al uribismo, la fuerza dominante en la derecha colombiana de los últimos 25 años, como “fascista”. Y aunque la candidata del uribismo era Valencia, esas palabras, como ha quedado claro desde entonces en declaraciones posteriores de Cepeda y otros miembros de su campaña, también apuntaban al candidato ubicado a la derecha del expresidente Álvaro Uribe. Reforzaban al ultra porque, en plena polarización, Valencia apostó por moverse al centro: sumó como fórmula vicepresidencial a Juan Daniel Oviedo y construyó un discurso de agregación entre diferentes. Esa estrategia la desdibujó ante muchos votantes de derecha.

Los mapas electorales reflejan ese impacto. Tradicionales fortines del uribismo se convirtieron en territorios de De la Espriella y no de Valencia: siguieron siendo espacios donde domina la derecha, pero esta ya no es la de Uribe, sino una ultraderecha más populista, más incendiaria y más contemporánea. Eso ocurrió, por ejemplo, en Medellín, la segunda ciudad del país y donde Uribe hizo su carrera política. Si en 2022 el candidato apoyado por Uribe, Federico Gutiérrez, sumó 603.000 de los votos y en las elecciones legislativas su partido, el Centro Democrático, logró 323.000; este domingo Valencia tuvo apenas 102.000 y De la Espriella 676.000. Lo mismo ocurrió en otros lugares de votación importantes como Cúcuta, en la frontera con Venezuela, y los consulados en Estados Unidos, donde las cifras fueron 100.000 en 2022 y 17.000 en 2026.

Abelardo de la Espriella vota en el colegio La Enseñanza, en Barranquilla, el 31 de mayo.MARIANO VIMOS

Para robarse a la derecha, el discurso antipolítico de De la Espriella —quien se presenta una y otra vez como un outsider que representa a “los nunca” contra “los de siempre”— tuvo un impacto muy claro. Tanto el petrismo de Iván Cepeda como el uribismo de Paloma Valencia son vistos ahora como el establecimiento tradicional, mientras que el penalista dice que no lo apoyan partidos políticos y que, como es un empresario millonario que nunca ha tenido un cargo público, no le debe nada a nadie. “Yo vine a cambiar la política para siempre”, promete repetidas veces.

A todo esto se suma otro factor: estas elecciones en parte fueron un plebiscito sobre el primer gobierno de izquierda en décadas. Hace cuatro años, Gustavo Petro representaba para algunos sectores la posibilidad de una renovación que ha reflejado en su eslogan, “el Gobierno del cambio”. Se trataba, para algunos colombianos que no militan en la izquierda, de una esperanza. Para muchos, esa esperanza ha desaparecido, como se refleja, por ejemplo, en el giro de sectores de clases medias de Bogotá que en 2022 votaron mayoritariamente por Petro y esta vez lo hicieron por De la Espriella.

Un punto adicional, que no es menor, es el factor Caribe. De la Espriella, costeño de nacimiento y con su principal residencia en la mayor ciudad de la región, Barranquilla, agitó durante la campaña esa bandera. “Costeño vota costeño”, como le dijo al influenciador Westcol la noche antes de la elección. Esa región, tradicional bastión de los votos contrarios a la derecha, siguió votando mayoritariamente por Cepeda. Sin embargo, De la Espriella logró avances: en Barranquilla, ciudad donde Petro obtuvo el 51,9% de los votos en la primera vuelta de 2022, Cepeda tuvo esta vez el 47%; y si los dos candidatos de derecha llegaron a 41,8% en 2022, De la Espriella obtuvo el 45,5%.

A estos factores estructurales y de fondo se suma la estrategia de campaña del ultra: es un candidato que se mueve nativamente en las redes sociales, un showman que prefirió ir a programas populares, juveniles o humorísticos antes que enfrentarse a entrevistas difíciles con periodistas críticos. Cepeda, entre tanto, hizo 155 eventos en plaza pública, dirigidos a las bases de la izquierda, que no ampliaron sus votantes.

Todo eso deja al final un país polarizado como no lo había estado en veinte años, en el que no hubo una tercería importante. Ese es, quizás, el mayor factor de la victoria de De la Espriella.

Fuente: EL PAIS