Phelps, una fuente inagotable de ideas, se ha secado

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Escrito Por: Andrés Dauhajre Hijo

El pasado 12 de mayo estuve en una de las galerías de libros antiguos que tiene Peter Harrington (PH) en Londres, el anticuario de libros de economía más importante del mundo. Allí encontré un libro excepcionalmente raro de George Stigler, profesor en Columbia (1947-1958) y Chicago (1958-1981) y, quien, en 1982, recibió el Premio Nobel de Economía por sus estudios fundamentales sobre las estructuras industriales, el funcionamiento de los mercados y las causas y efectos de la regulación pública.

Para Stigler, Adam Smith fue el auténtico fundador de la economía como ciencia. Aunque reconocía que los precursores de Smith habían lanzado algunas de sus ideas, Stigler consideró que fue éste quien las unificó de manera rigurosa en un marco excepcionalmente amplio que trazó el camino al desarrollo futuro de la ciencia económica. Al ver el título del libro, “Ideas importantes de economía que Adam Smith pasó por alto”, publicado en 1976, año del bicentenario de “Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, la obra magna de Smith, sentí curiosidad pues desconocía que Stigler, con la colaboración de John Gould y Roman Weil de la Escuela de Negocios de Chicago, había escrito ese libro. Al abrirlo descubrí que no se trataba de un libro sino de una broma que le hicieron los dos “colaboradores” como regalo del 65° cumpleaños de uno de los líderes de la escuela de libre mercado de Chicago y uno de los más fervientes defensores de Smith. Al abrir el simpático libro, todas las páginas estaban en blanco. El ejemplar de PH, estaba dedicado y firmado por Stigler a su “colaborador” Roman Weil.

A los tres días de mi visita a PH, falleció Edmund Phelps, mi profesor de Análisis Macroeconómico y Tópicos de Análisis Económico en Columbia quien, en 2006, obtuvo el Premio Nobel de Economía por “su análisis de los intercambios intertemporales en la política macroeconómica, especialmente en lo que respecta a la inflación, los salarios y el desempleo”. Pocos economistas han realizado más contribuciones a la conformación de la macroeconomía moderna que Phelps.

A continuación, algunos de sus aportes. La Tasa Natural de Desempleo, desarrollada independientemente por él y por Friedman, aunque Phelps fue quien desarrolló un modelo microfundamentado para sustentarla, lo que permitió demostrar que una economía tiene una tasa natural, base o de equilibrio de desempleo determinada por sus características estructurales, lo que limita la capacidad de la política monetaria de reducir permanentemente el desempleo por debajo de esa tasa. La Curva de Phillips Aumentada por Expectativas, con la cual cuestionó la creencia en una relación estable entre inflación y desempleo. Phelps demostró que dicha relación solo se verifica en el corto plazo, pues los trabajadores ajustan sus expectativas de inflación, imposibilitando el mantenimiento de la relación a largo plazo. Ned, como le llamaban sus amigos, fue el pionero en dotar a la Macroeconomía de Microfundamentos. Hasta ese momento, el análisis de los fenómenos macroeconómicos emanaba de modelos que no se fundamentaban en el comportamiento racional e individual de los trabajadores y las empresas. Fue el primero también en elaborar Modelos de Salarios de Incentivo o de Eficiencia, para explicar el porqué las empresas pagan intencionalmente salarios por encima de los niveles de equilibrio del mercado, resaltando que lo hacen con el objetivo de reducir la costosa rotación de personal, mejorar la moral de los trabajadores y, en consecuencia, aumentar la productividad de los mismos.

Otras contribuciones fueron el Modelo de Salarios y Precios Escalonados que desarrolló junto a John Taylor para explicar la persistencia de la inflación. Phelps desarrolló también Modelos de Mercados de Clientes para demostrar que las empresas, en mercados de competencia imperfecta, no alteran los precios inmediatamente cuando se producen cambios en la demanda, pues si lo hacen, podrían arriesgarse a ahuyentar a los clientes leales. Debemos agregar también el desarrollo de un marco teórico que explica la tasa natural de desempleo como el resultado de las estructuras reales de la economía, específicamente, el sistema impositivo, la tecnología, los aranceles y la disponibilidad de factores de producción, y no solo de variables monetarias, dando origen a lo que se conoce como Macroeconomía Estructuralista, explicada pormenorizadamente en uno de sus 24 libros, “Recesiones Estructurales” (1994). Agregamos a lo anterior, sus aportes, junto a Guillermo Calvo, sobre la Naturaleza Incompleta de los Contratos Laborales debido a la asimetría de información entre empleadores y empleados y, junto a John Taylor, sobre Estabilización Monetaria bajo Expectativas Racionales. A ambos los convenció para unirse al Departamento de Economía de Columbia en 1973, otra de sus grandes contribuciones.

A partir de su famosa “Parábola de las Islas”, explicó el porqué, en una economía caracterizada por Información Incompleta, el desempleo nunca desaparece por completo. Phelps nos invitó a imaginar que la economía es un archipiélago. Las empresas y los trabajadores están aislados y no saben qué está sucediendo en las otras islas. Si una isla sufre una caída en sus ventas, los trabajadores deben decidir si aceptan un salario menor o buscan trabajo en otra isla. Como los trabajadores no conocen al instante los salarios de todas las islas, deben explorar. Este proceso toma tiempo, lo que genera un nivel “natural” de desempleo. Las empresas, por su parte, ajustan sus salarios según lo que creen que harán sus competidores y las condiciones que esperan, no con datos absolutos. La economía nacional se mueve a través de estas decisiones individuales descentralizadas y llenas de incertidumbre. Esta metáfora, según la Real Academia Sueca de Ciencias, sirvió para revolucionar la macroeconomía, mostrando que la inflación y el empleo dependen de cómo los individuos perciben y reaccionan ante la información en entornos inciertos. El propio Robert Lucas, Premio Nobel de Economía de 1995, utilizó la parábola de las islas publicada por Phelps en 1969, sustituyendo el supuesto de expectativas adaptativas utilizado por Phelps por el de expectativas racionales.

Si a las anteriores contribuciones añadimos la Regla de Oro de la Acumulación de Capital que publicó cuando apenas tenía 28 años de edad; su análisis sobre la Dinámica del Capital; su visión sobre la Inversión en Capital Humano, específicamente, su idea de que la educación y la capacitación laboral son fundamentales para la adaptación tecnológica y el crecimiento económico sostenible; su contribución pionera en el ámbito del Intercambio Intertemporal al formalizar matemáticamente cómo las sociedades deben sacrificar consumo presente para invertir en el futuro; su teoría que plantea que el crecimiento tecnológico y el avance económico a largo plazo dependen fundamentalmente del tamaño de la población (“Proposición de Mozart”), pues a mayor cantidad de personas, existe un mayor número de mentes creativas (“cerebros”) capaces de innovar, emprender y desarrollar nuevas tecnologías, lo que acelera de manera asombrosa el progreso de la humanidad; el desarrollo de su Teoría de la Justicia Económica, centrada en proveer un marco para entender cómo la economía moderna debe recompensar a los trabajadores y promover la inclusión social, un claro reflejo de la influencia que tuvo en él la lectura de “Una Teoría de la Justicia” del filósofo político estadounidense John Rawls; su teoría, expuesta en su libro “Florecimiento Masivo”, de que el crecimiento económico proviene de la innovación de base (“grassroot”), es decir, originado en los ciudadanos comunes, y no exclusivamente de descubrimientos científicos exógenos; y la advertencia plasmada en su último libro, a la edad de 90 años, “La Gran Desaceleración Económica”, en el cual plantea, junto a Hian y Zoega, que la decreciente innovación de base ha sofocado la productividad, estancado los salarios, elevado el descontento y provocado bajas tasas de interés reales que han beneficiado excesivamente a los tenedores de capital, está claro que durante 60 años nos beneficiamos de una de las fuentes más impresionantes de ideas en la ciencia que fundó Adam Smith hace 250 años.

Visto el listado de las ideas que durante su prolongada vida académica emanaron de esta fusión de economista y teórico normativo, como lo tildó el Premio Nobel de Economía de 1998 Amartya Sen en “Ned Phelps – The Economist” (2008) y quien planteó que, al igual que Lucas, Phelps pudo haber recibido varios Premios Nobel por sus aportes, no descarto encontrarme algún día, en algún escaparate de libros de PH, con un libro titulado “Ideas importantes de macroeconomía que Edmund Phelps pasó por alto” que, al igual que el obsequiado a Stigler en 1976, esté conformado por 450 páginas totalmente en blanco. Si algún economista considera que he sobredimensionado a Phelps, con humildad acepto la crítica. Tengo una deuda con él y debía pagarla. Le pedí una carta de recomendación en octubre de 1981 para que la OEA me extendiera un año más la beca que me había otorgado para estudiar en Columbia. Phelps escribió: “Mr. Dauhajre is one of the two or three best students in his promotion class (about 40 students). Evidently he is on his way to becoming an excellent economist.” Sin lugar a dudas, mintió con sinceridad.

Fuente: el Caribe