Según los vecinos, antes de finalizar la calle, a mano derecha se encuentra la entrada a un callejón con tres salidas; una de estas conecta con la avenida Los Mártires y otra con la Núñez de Cáceres.
Aunque algunos temían denunciar la situación por miedo, otros decidieron no callar el oleaje de venta de sustancias prohibidas y los robos que se viven en ciertos puntos del sector Cristo Rey, en el Distrito Nacional.
Dos señoras identificadas como Mildred y Dolores contaron que en la calle Juan Alejandro Ibarra, perteneciente al barrio Las Flores de Cristo Rey, se vive en el miedo y la angustia por la entrada y salida de sustancias controladas.
Aunque en ocasiones la patrulla de la Policía Nacional transite en la zona, estos actos continúa.
Contaron que, a las 10:00 de la noche, los comercios cierran sus puertas por miedo a los atracos y el cruce de antisociales que cobran sustancias en sus alrededores.
Según los vecinos, antes de finalizar la calle, a mano derecha se encuentra la entrada a un callejón con tres salidas; una de estas conecta con la avenida Los Mártires y otra con la Núñez de Cáceres.
“Por aquí se vende mucha droga y fuman mucho, pero para allá (señaló un callejón con dirección a la avenida Los Mártires) la gente no puede ni pasar porque los delincuentes se meten allá a atracar y hacer de todo”, señaló Mildred, quien dijo que, pese al patrullaje, la situación no cesa.
Ella vive bajo un toque de queda impuesto por la delincuencia: cada día, a las 5:00 de la mañana, un joven armado patrulla la zona para asaltar a los trabajadores que salen a ganarse el pan. Por eso, prefiere esperar encerrada hasta que el sol ilumine lo suficiente para salir sin riesgos.
La historia de Dolores es un recordatorio de cómo la violencia ha desmembrado familias. Ella tuvo que sacar a su hijo de un callejón aledaño porque la vida allí se había vuelto insostenible.
“Atracan a toda hora; yo tenía un hijo que vivía por ahí y lo saqué por eso. Después de las 10 de la noche tienen que cerrar los colmados porque atracan mucho; a todo el que tiene celulares buenos lo atracan”, dijo, incómoda por los actos de violencia.
Este sentimiento es compartido por toda la comunidad. La impunidad con la que operan los puntos de venta y los atracadores ha creado una barrera invisible que asfixia el desarrollo de Cristo Rey.
Los residentes no piden milagros, piden paz; exigen que las autoridades miren más allá de los patrullajes superficiales y se enfoquen en desmantelar la estructura que mantiene a familias enteras presas en sus propias casas.
Mientras tanto, en Las Flores, la noche sigue siendo el momento más oscuro, no solo por la falta de luz, sino por la ausencia de seguridad.
Fuente: Listin Diario

