Liderazgo 101

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Escrito Por: Andrés Dauhajre Hijo

El 23 de marzo de 2015 estaba en Singapur visitando a mi hija Andrea, quien realizaba un semestre de su carrera en National University of Singapore, cuando falleció Lee Kuan Yew. Recuerdo la conmoción que me produjo ver a cientos de miles de singapurenses dolientes despidiendo en las calles, bajo una lluvia torrencial, a quien no solo gobernó durante 31 años la nación que él fundó, sino quien, con su ejemplo, ha sido el jefe de Estado que más ha contribuido a definir el concepto de liderazgo en toda la historia de la civilización humana.

No es por casualidad que Henry Kissinger, en su libro “Liderazgo”, incluye a Lee Kuan Yew en los seis estudios de casos de jefes de Estado durante el siglo XX que, con sus visiones, estrategias y acciones, lograron dar un giro a la historia de las naciones que gobernaron. Kissinger, un convencido de que “la tarea de un líder es llevar a su gente desde donde está hasta donde no ha llegado jamás”, descubre en cada uno de los gobernantes analizados la estrategia utilizada para convertirse en líderes.

La estrategia de la humildad la identifica en Konrad Adenauer. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Adenauer asumió la responsabilidad de reconstruir una Alemania destruida, fragmentada y globalmente desprestigiada. Adenauer adoptó una estrategia de humildad ante la comunidad internacional con el objetivo de restaurar gradualmente la confianza y reinsertar a Alemania en el hemisferio occidental.
La estrategia de la voluntad la endosa a Charles de Gaulle, a quien correspondió asumir el poder en una Francia post-imperial desmoralizada y caracterizada por un enorme déficit de esperanza. El General de Gaulle se afianzó en la fuerza de su voluntad para restablecer el orgullo de la nación francesa, encausarla de nuevo al concierto de las potencias vencedoras y ratificar su independencia, llegando en ocasiones a encarar a sus aliados.

A Richard Nixon, en cuyas administraciones sirvió como Asesor de Seguridad Nacional y Secretario de Estado de los EE.UU., Kissinger le acredita la estrategia del equilibrio. Dejando a un lado la oscuridad de sus políticas y acciones domésticas, Nixon es definido por Kissinger como un estratega internacional que entendió la necesidad de promover el equilibrio geopolítico. Se propuso administrar la Guerra Fría a través de la distensión y la trascendental apertura a China. Estaba convencido de que la estrategia del equilibrio permitiría dotar de mayor estabilidad a una estructura de poder en la cual la URSS mantenía una cuota importante.

La estrategia de la trascendencia, Kissinger la encuentra en Anwar Sadat, presidente de Egipto durante 1970-1981. Sadat rechazó extender el dilatado conflicto en el Medio Oriente, proponiéndose trascender el credo vigente que exaltaba la confrontación permanente entre árabes e israelíes. Su férreo compromiso con la paz, que lo llevó a visitar Jerusalén en 1977 y cambiar la dinámica geopolítica regional con los Acuerdos de Camp David de 1978, también le costó la vida el 6 de octubre de 1981, asesinado por extremistas islámicos.

Kissinger incluye a una mujer en el listado de los jefes de Estado que lograron dar un giro a la historia de las naciones que gobernaron: Margaret Thatcher, la dama de hierro. Para Kissinger, la Thatcher constituyó un modelo claro de liderazgo construido a partir de la estrategia de la convicción. Kissinger narra que “The Iron Lady”, al llegar al poder, heredó un Reino Unido abatido, deprimido y con una economía estancada. Fundamentó su liderazgo en la convicción inquebrantable de sus ideas, lo que le permitió inyectar nuevas energías a una economía británica que requería renovación. Ese superávit de convicción inquebrantable que exhibió Margaret Thatcher, resultó ser fundamental para elevar la posición y la imagen internacional de su nación.

Como mencionamos al principio, Kissinger incluyó en su G-6 del Liderazgo al inmenso Lee Kuan Yew. Al padre fundador de Singapur, Kissinger lo considera como el mejor ejemplo de liderazgo construido a partir de la estrategia de la excelencia. Para Kissinger, la obsesión de Lee con la excelencia fue la clave para levantar, transformar y desarrollar de manera espectacular esta pequeña ciudad-estado sin recursos naturales y con una sociedad multirracial compleja, conformada por tres etnias diferentes (chinos, malayos e indios). Lee logró convertir a Singapur de un deprimido puesto colonial que en 1965 fue expulsado de la Federación de Malasia a la que se había adherido dos años antes, en una potencia económica y un centro financiero mundial gracias a la meritocracia y el orden. La realidad es que Lee Kuan Yew, en adición a la excelencia, exhibía en el ADN de su liderazgo, la “humildad” de Adenauer, la “voluntad” de de Gaulle, el “equilibrio” de Nixon, el deseo de “trascender” de Sadat y la “convicción” de la Thatcher.

A Lee le sobraba humildad cada vez que tomaba una escoba y una manguera para barrer y lavar las calles de Singapur. Exhibió un admirable superávit de voluntad para desarrollar su nación luego de la expulsión de Singapur de la Federación de Malasia y convertirla en un país del Primer Mundo dentro de un hermoso jardín. Sin hacer parafernalia, Lee Kuan Yew fue determinante para el resurgimiento de China en el mapa económico global que ha dejado claro que la migración desde la unipolaridad hacia la multipolaridad es irreversible. Lee Kuan Yew tuvo un impacto más directo, efectivo y operativo en el diseño de la estrategia de desarrollo económico de China que el inducido por la apertura diplomática ejecutada por Nixon. Cuando en noviembre de 1978 Deng Xiaoping visitó Singapur, Lee explicó cómo China podía abrir su economía al comercio y la inversión sin perder el control político. Deng quedó impresionado por el desarrollo económico de Singapur. No fue casualidad que las Zonas Económicas Especiales de China, especialmente Shenzhen, fueron diseñadas con la asesoría y el modelo de Singapur, lo que permitió a China elevar su eficiencia productiva, atraer inversión extranjera y garantizar la coherencia de su modelo de crecimiento y desarrollo. Decenas de miles de burócratas chinos recibieron entrenamiento en Singapur, lo que les permitió estudiar a profundidad el modelo de gestión seguido por la nación que construyó Lee Kuan Yew.

Su capacidad para trascender fue de tal magnitud que antes de su fallecimiento era conocido mundialmente como el Hombre Sabio del Asia. ¿Y su convicción? El siguiente extracto, tomado de una entrevista que le hizo Hirotsugu Koike del periódico The Nikkei, el 20 de diciembre de 1990, nos despeja cualquier duda. Lee Kuan Yew afirmó que el “liderazgo significa liderar, no seguir la opinión de otros”. Lee definió el liderazgo como “la capacidad para convencer a la gente en una visión de largo plazo, aún si la gente no puede ver el destino inmediatamente”. Señaló que “si usted está siguiendo las encuestas de opinión…para hacer lo que usted cree que el público quiere, aún cuando usted sabe que eso es errado, entonces usted no es un líder”. Para Lee, enfocarse en la opinión derivada de encuestas significaba “tratar de atrapar el viento, cambiando de dirección constantemente dependiendo del estado de ánimo público o de los medios de comunicación”. “Lo que el público quiere en el corto plazo a menudo entra en conflicto con lo que es necesario para la estabilidad y el crecimiento de largo plazo”. Lee consideraba que “privilegiar la popularidad a menudo conduce al populismo: hacer promesas que no se pueden cumplir o promulgar políticas que dañan la situación financiera de una nación”, advirtiendo que “esa forma de gobernar puede convertir una nación en pobre y dependiente”.

Para Kissinger, un buen líder es aquel dotado de la valentía para tomar decisiones difíciles cuando el futuro es incierto, mezclando el realismo con una visión clara de hacia dónde dirigir a la nación. En 1960, Singapur tenía un PIB per cápita de US$428, la séptima parte del que tenía EE. UU. (US$3,030). El año pasado, Singapur alcanzó un PIB per cápita de US$92,932, un 4.3% más elevado que el de EE. UU. (US$89,105). A medida que nos acercamos a las elecciones presidenciales de 2028, todos los que aspiran a gobernar nuestra nación deberían dedicar unos días a leer el libro “Liderazgo”, de Henry Kissinger y, sobre todo, los dos tomos de “La Historia de Singapur (Memorias de Lee Kuan Yew y Del Tercer al Primer Mundo: 1965-2000)” de Lee Kuan Yew, dos fuentes esenciales para entender lo que significa ser un líder capaz de dejar un legado de realizaciones a la nación que aspira gobernar.

Fuente: el Caribe