El combate al narcotráfico, la relación comercial bilateral y las tierras raras destacan entre los temas para abordar en el encuentro entre los presidentes Estados Unidos y Brasil
Los presidentes de las dos democracias más pobladas de América —dos políticos en las antípodas ideológicas— se reúnen este jueves en la Casa Blanca para encauzar los asuntos pendientes después de que Estados Unidos y Brasil superaran recientemente una de las crisis más graves en dos siglos de relación bilateral. Será la primera visita de Luiz Inácio Lula da Silva a su homólogo Donald Trump en la Casa Blanca y el segundo encuentro entre ambos, una cita que se prevé de perfil bajo porque a 24 horas y con el brasileño ya en el avión, no había sido oficialmente confirmada. Entre los asuntos de la agenda bilateral destacan el combate al narcotráfico —Lula quiere cooperación, no listas de grupos terroristas—, la relación comercial y las tierras raras.
La Administración de Trump ha preparado en sordina esta visita, acordada finalmente tras un sinfín de idas y venidas. Iba a ser en marzo, pero la guerra de Irán desbarató ese plan. La confirmación extraoficial llegaba de boca de un alto funcionario estadounidense, que, bajo la condición del anonimato, corroboró la cita entre el otrora promotor inmobiliario y el antiguo sindicalista. Para la diplomacia brasileña, la cita es un paso más en el proceso de construcción de la confianza con el imprevisible líder la primera potencia del mundo.
Hasta el último momento no está clara cuál sería la logística del encuentro, descrito por el alto funcionario y por Brasil como una reunión de trabajo. Si Lula será recibido por Trump en la entrada principal del ala Oeste, como era costumbre al recibir a líderes extranjeros en la Casa Blanca, o si se seguirá el protocolo de las visitas más recientes de mandatarios que no son jefes de Estado: llegada por la puerta lateral, y reunión a puerta cerrada, como ha ocurrido en los casos del colombiano Gustavo Petro o del israelí Benjamín Netanyahu.
El momento de la reunión está rodeado de espinas. Washington sopesa incluir a los grupos del narcotráfico brasileños en su lista de organizaciones terroristas, como ha hecho ya con carteles mexicanos y colombianos. Ese paso podría implicar la imposición de sanciones de EE UU sobre parte del sistema financiero de Brasil, si la Administración republicana así lo deseara.
La perspectiva de que Washington catalogue como terroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) causa profunda inquietud en el Gobierno de Lula. Para el mandatario brasileño, que tiene muy presente la incursión en Venezuela, supondría un ataque directo a la soberanía y abriría la puerta a una posible intervención militar. Ante esa tesitura, Lula apuesta por pactar el intercambio de información e inteligencia con Washington para atacar a las bandas narcocriminales brasileñas por el frente de las finanzas y las armas. El brasileño lleva una lista de peticiones concretas.
La parte brasileña considera que Trump mostrará interés en las tierras raras, de las que se estima que Brasil posee las segundas mayores reservas del mundo tras China. Una empresa estadounidense respaldada por la Casa Blanca acaba de comprar la única empresa brasileña que produce los codiciados materiales. Washington tiene enorme interés en diversificar el suministro en un mercado que domina China. Y el Gobierno de Brasil busca socios que le aporten tecnología y participar de la cadena de valor.
Lula también pretende que Washington cierre las investigaciones por competencia desleal abiertas tras el castigo arancelario que le impuso Trump para intentar impedir el juicio al expresidente Jair Bolsonaro. La Administración estadounidense tiene en el punto de mira el sistema de pagos instantáneos Pix, que ha revolucionado la economía brasileña y, según Washington, amenaza a las grandes tarjetas de crédito. También está molesta porque Brasil se opone a ampliar una moratoria a los gravámenes a servicios digitales como el streaming o las descargas de películas o música. Hace un mes, Brasilia envió a Washington una misión técnica de alto nivel para reforzar con datos sus argumentos.
En las últimas semanas, Lula ha intensificado sus críticas a la beligerancia de Trump y a su desprecio absoluto por el derecho internacional y la ONU. El discurso internacional del brasileño se asienta sobre la defensa del multilateralismo y la negociación para resolver los conflictos.
El año pasado, la abierta injerencia de Trump en Brasil para salvar a Bolsonaro de los jueces le sirvió a Lula para exhibir firmeza ante la superpotencia y salir muy reforzado tras una crisis de popularidad. Con mano izquierda, diplomacia y paciencia, el presidente logró que Trump aliviara los aranceles, se olvidara del ultraderechista y estableciera una relación fluida con él.
Ahora, Lula confía en que la visita a Washington lo proyecte en casa como un líder internacional de peso, tras dos dolorosas derrotas parlamentarias la semana pasada, y sumar apoyo en las encuestas para las elecciones de octubre, que apuntan a un empate técnico con Flávio Bolsonaro, hijo de su predecesor.
Fuente: EL PAIS

